Casi 100.000 menores españoles se vieron las caras con un juez en el 2005. Más de 50.000 tenían dieciséis y diecisiete años, mientras que una cifra algo menor -41.465- tenía catorce o quince. Los números impresionan por sí mismos, y más cuando se piensa que los motivos por los que los jóvenes acabaron en el banquillo abarcan desde daños y lesiones hasta robos con agresión. En la memoria anual de la Fiscalía General del Estado consta que hubo casi 5.000 órdenes de internamiento -bien en régimen cerrado, semiabierto, abierto o terapéutico-, aunque el informe no desglosa de manera específica sus causas. Esa cifra engloba faltas y delitos típicos pero también incluye un nuevo fenómeno que, según afirman los especialistas de diversas áreas, «está creciendo sin parar»: la violencia que los hijos ejercen contra sus padres.