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EDICIÓN IMPRESA
CULTURA
Una empresa pone microchips a dos empleados para controlar sus movimientos
Las organizaciones de derechos civiles de EE UU claman contra este ataque a la privacidad
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Tiene el tamaño de un grano de arroz, pero desde que la empresa de Cincinnati (Ohio) CityWatcher.com se lo insertase en el brazo a dos de sus empleados ha demostrado tener una enorme capacidad para desatar la imaginación colectiva. Y con ella, también el miedo a una sociedad futurista donde la tecnología nos convierta en esclavos privados de intimidad.

El primer microchip de silicona que se implanta en humanos vivos de EE UU no es el primero del mundo; el fiscal general de México ya lo ha insertado a algunos de sus empleados, pero se trata del primer caso de una empresa privada. El presidente de CityWatch.com, Sean Darkers se ha prestado como cobaya humana, antes de ofrecer el experimento a dos voluntarios de su empresa.

La instalación es simple: se lleva a cabo mediante una inyección. Gracias a la tecnología de identificación por radiofrecuencia (REID, por sus siglas en inglés), un escáner puede leer el código de 16 cifras que abre las puertas de una cámara acorazada en la que se guardan las cintas de seguridad que la empresa custodia para la Policía de seis ciudades.

Darks ha sido probablemente el hombre más entrevistado de su Estado esta última semana, debido a la aprensión que despierta el tema. Irónicamente, su apellido se asemeja a la palabra oscuro en inglés. «Este microchip no emite ninguna señal que permita rastrearlo», aclara. «No lleva un GPS ni está conectado a un satélite. Vamos, que mi mujer no sabe dónde estoy», bromea.

La oleada de actos de contrabando de datos informáticos que ha puesto en problemas a compañías como Citibank es la raíz de su proyecto. Según Darks, su polémica decisión de utilizar el sistema responde a la preocupación que le han expuesto sus clientes.

El empresario se apresura a aclarar que ningún empleado suyo ha sido ni será obligado a utilizarlo. Incluso la compañía de Delray Beach (Florida) que fabrica el microship, VeriChip, sostiene que no lo vendería a quienes lo impongan o pretendan utilizarlo como método de control. La empresa obtuvo autorización del Gobierno estadounidense para comercializarlo en octubre de 2004. La morgue de San Gabriel (Lousiana), que recibió los cadáveres que dejó el huracán Katrina en septiembre pasado, lo utilizó en los restos humanos sin identificar.

Gran Hermano

Para las organizaciones de derechos civiles, se trata de un preocupante paso hacia la sociedad que vaticinase George Orwell en su novela 1984. «Puede que CityWatcher no lo use en este momento con el fin de controlar a sus empleados, pero ciertamente así es como lo vende VeriChip», dice Katherine Albrecht, coautora del libro Chips de espionaje: Cómo las principales corporaciones y el Gobierno planean detectar cada uno de tus movimientos con la tecnología RFID.

VeriChip niega rotundamente esas acusaciones y sostiene que sólo ha tratado de comercializarlo como sistema de rastreo para uso médico en pacientes con Alzheimer u otros problemas de desorientación. Según el portavoz de la empresa, John Procter, puede salvar la vida de esos pacientes y evitar muchos errores médicos. Dando rienda suelta a la imaginación, un editorial del diario Chicago Tribune iba mucho más lejos: «¿Piense en las ventajas!», ironizaba. «Una vez que todos lo tengamos implantado y conectado a un GPS, ya no habrá dudas de dónde está cada uno. ¿Que el técnico del teléfono dice que está en camino? Huum, veamos». Pero para que el implante, que cuesta unos 200 dólares, tenga éxito en la sociedad de consumo estadounidense -especula el rotativo-, debe encontrarse alguna funcionalidad que involucre bienes y servicios, «como, digamos, la posibilidad de comunicarse con otro chip dentro de la caja registradora de Starbuck (una cadena de cafeterías)» para pagar el pedido.

Adelante, la última frontera está abierta, y la imaginación es libre. Según la agencia EFE, una distocoteca de Barcelona a la que no identifica ya utiliza el VeriChip para distinguir a sus clientes VIP.



Vocento
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Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.



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