«HA SIDO como volver a nacer, nos han ofrecido otra oportunidad».Viendo a Juan José López, un joven de 33 años de Tiriez, nadie diría que alguna vez pesó 202. La báscula marcaba ese peso hace tan sólo dos años. Hoy ronda los 87 kilos y rebosa salud y felicidad.
La misma que derrocha a sus 21 años Juan Ramón Núñez, natural de Pétrola y estudiante de la Escuela de Hostelería. Juan Ramón recuerda perfectamente el día en que comenzó por segunda vez su vida. Fue el 26 de noviembre del 2003. Hoy pesa 107 kilos menos que entonces y ha pasado de usar una talla 72 a una 46.
Las historias de Juan José y Juan Ramón y las de otros 74 albaceteños más, todos ellos han pasado por una operación de cirugía bariátrica o como más comúnmente se conoce: de reducción de estómago, confluyen en un mismo escenario el Complejo Hospitalario de Albacete.
Una larga lucha
Y aunque sus vidas no han corrido siempre paralelas todos ellos tienen un nexo común, lucharon durante muchos años contra la obesidad, y en la mayoría de los casos contra otras patologías asociadas, y finalmente decidieron pasar por la intervención.
Juan Ramón dice que siempre padeció sobrepeso. «Con 9 años pesaba ya unos 80 kilos, y con 18 años 180 kilos», explica. Un proceso en el que, como muchos de sus compañeros de operación, se tuvo que enfrentar a otro problema añadido. «En la escuela te van dando un poco de lado, la sociedad te discrimina, y se ríe de ti pero bueno ahora me río yo de ella», relata este joven que tuve que esperar a cumplir la mayoría de edad para ser intervenido ya que a sus padres les daba miedo dar su autorización.
Pilar Ruiz Mateos corrobora con sus palabras las de Juan Ramón. «Dicen que los gordos son felices pero eso es mentira, al final es una especie de máscara que te creas simplemente para que no te afecte tanto todo. La sociedad puede llegar a ser muy cruel», subraya esta ex trabajadora del Banco de España que derrocha vitalidad y alegría tras haber vuelto a nacer como ella misma insiste en asegurar.
Sus ganas de vivir son contagiosas. «Ahora puedo cruzar las piernas», explica. Y es que un gesto tan habitual en la vida de cualquiera durante años estuvo vetado para Pilar. Pero en el caso de Pilar no eran tan importantes los kilos acumulados como las patologías asociadas que comenzó a padecer.
Hipertensión y diabetes
Hasta 22 pastillas ingería diariamente para intentar controlar su hipertensión, sus problemas de apena del sueño y su diabetes para la que también tenía que inyectarse insulina. Hoy por hoy sólo toma los suplementos de calcio y de hierro que le recomendaron . Su apnea, su hipertensión y la diabetes son ya historia. «El cambio que experimentas no se puede explicar, es para vivirlo». Son palabras de Josefa Sánchez, que acaba de cumplir dos años desde su intervención. Esta mujer menuda, paradójicamente, y risueña dice que ha tenido que habituarse a una nueva vida y a un nuevo cuerpo. «Claro que te vuelves más coqueta, ahora vas a una tienda y no puedes parar», bromea. Pero si algo valora Josefa es su reconquistada calidad de vida. Ha dicho adiós a sus principales males: la hipertensión y su diabetes .
Ágil, fuerte y bien. Así se encuentra Antonio Alcaraz, este caudetano afincado en Almansa ha perdido 50 kilos y con ellos su diabetes aunque se queja de que sus dolores de espalda siguen persistiendo. Por lo demás, ningún problema. Rondaba los 140 kilos y hoy está en 85.
Dice con un humor que siempre fue un «tiarrón del norte pero de La Mancha» y que ahora con 50 kilos menos se ve «buenorro». Antonio asegura tajantemente que nunca sintió miedo a entrar en el quirófano justo lo contrario que Pilar. «Loco está el que no se lo hace», espeta este mecánico que dice que tras intervenirse el 18 de mayo pasado ha vuelto a hacer una vida completamente normal. Y en una tierra en la que el refrán reza que es de «biennacidos ser agradecidos» los 76 albaceteños que han pasado por una intervención de cirugía bariátrica realizaron el pasado viernes un homenaje a los integrantes del equipo multidisciplinar que en el Complejo Hospitalario les intervinieron y les realizan el seguimiento posterior.
Un reconocimiento a la labor de los que les han dado un nuevo cuerpo, una nueva vida y lo fundamental, la salud, y un mensaje de ánimo a quienes sufren obesidad mórbida y no se atreven a dar el paso de pasar por el quirófano.