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EDICIÓN IMPRESA
SARA BARRENA FILÓSOFA Y MADRE ADOPTIVA
«Viví la llegada de mi hija adoptiva como un parto» «¿Pues yo vivo en China»
«En una adopción no hay nada de caridad; es mucho más lo que me ha aportado mi niña a mí que yo a ella», dice Sara Barrena
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EL TESTIMONIO

EL PROCESO ADOPTIVO
Título: 'Venida de la lluvia. Historia de una adopción internacional'.

Autora: Sara Barrena.

Editorial: Ediciones Granica.

Páginas: 189.

Precio: 12 euros. ¿Cómo adoptar a un niño?

Primer paso: Los interesados en adoptar deberán acudir al órgano competente de la comunidad autónoma en la que residen (la Diputación, Asuntos Sociales). Los trámites necesarios para formalizar la adopción comienzan con una charla informativa, acompañada de una solicitud escrita. Los documentos necesarios deberán presentarse en el registro civil.

Segundo paso: Tras elaborar los informes psicosociales y realizar una valoración global de los solicitantes, la Junta de Idoneidades aprueba o deniega la solicitud. En caso de que acepte la petición, la Diputación elabora la pertinente orden foral y remite una notificación a los solicitantes. La documentación se envía después a los países receptores y, posteriormente, se analiza la preasignación del menor y se tramita la adopción. No obstante, cada país exige una serie de requisitos que pueden cambiar por motivos políticos. Las autoridades advierten de que los mayores problemas están relacionados con la documentación necesaria.

Tercer paso: Consiste en realizar un seguimiento de la adopción y de la adaptación del niño, y los países de origen reciben los resultados del control efectuado sobre la situación del menor.

¿Quién puede adoptar?: El solicitante ha de tener, al menos, 25 años, aunque la edad puede variar según el país. La ley establece que el adoptante habrá de tener, como mínimo, 14 años más que el adoptado.

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Sara Barrena se encuentra en plena promoción de su libro. De la mano, lleva a Sara Yu Lai, su «princesa venida de la lluvia», una niña de cuatro años y medio, con coletas, que enseguida te cautiva con una irresistible sonrisa oriental para que le leas un cuento. Yu Lai desaparece encantada tras una desconocida que está dispuesta a leérselo. Su madre, entretanto, va relatando cómo llegó a su vida desde el otro lado del mundo esta criatura de «risa desvergonzada» que tiene a toda una familia donostiarra rendida a sus pies.

Venida de la lluvia es el libro que ha escrito Sara Barrena, nacida en San Sebastián en 1971 y doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra. En él, explica en primera persona la bella y a la vez larga y dura historia de una adopción internacional; de las más de cinco mil que anualmente se producen en España, el primer país de la UE en adopciones y el segundo del mundo. El título del libro responde a una traducción libre de Yu Lai, el nombre chino de esta niña que algún día querrá leer su propia historia.

-Ocho millones de niños de todo el mundo viven en orfanatos. ¿Esto le llevó a la adopción?

-Al principio, sí. Pero luego aparecen otros motivos. Descubres que es otra manera de ser padre. No hay nada de caridad. Es mucho más lo que me ha aportado mi hija a mí que yo a ella.

-¿Y por qué pensó en China?

-Por casualidad. A mí marido y a mí nos daba igual el país, la raza... La adopción nacional es casi imposible, porque las listas de espera son larguísimas. Y recurrimos a la internacional. Dentro de ésta, en la Diputación nos recomendaron China y aceptamos.

-Pero China exige que los padres tengan al menos treinta años de edad. Y ustedes entonces sólo tenían 28.

-Pensamos cambiar de país, pero los tiempos de espera en otros países también eran larguísimos.

-¿No se animaron a tener un hijo biológico durante la espera?

-No hicimos nada por no tenerlo. Pero no llegó.

-Dice que Yu Lai no fue exactamente abandonada.

-Muchas mujeres viven situaciones terribles en China y yo no me atrevo a juzgarlas. Creo que ellas, a su forma, intentan dar a sus hijas un futuro mejor. A Sara la dejaron en las oficinas de Asuntos Civiles de Xinhua, que es el organismo que gestiona las adopciones; bien vestida y con una bolsita roja, el color de la buena suerte en China, con una nota que llevaba escrita la fecha de su nacimiento. Tenía tres días de vida.

-¿Cuándo le dará a leer su libro a Sara?

-Cuando considere que está preparada. Pero ella ya sabe que es adoptada. Nosotros le contamos la historia en forma de cuento. Le dijimos que fuimos a buscarla en un avión, porque a ella también le preocupa el tema de la barriga. Dice: 'Tú eres mi mamá, pero yo no he estado en tu tripa'. Y le explicamos que estaba dentro de la barriga de una mamá china que no la pudo cuidar y que la llevó a una especie de colegio. Y que nos llamaron, y que fuimos, muy nerviosos, a por ella. Le encanta conocer todos los detalles. '¿Y lloraba? ¿Y tomaba el biberón?', pregunta. Lo más difícil para un niño adoptado es asumir que le abandonaron. Se trata de hacer hincapié en todo lo positivo para contrarrestar lo más doloroso.

-¿El libro también intenta 'contagiar' a otras parejas?

-Sobre todo, ayudar, porque durante el proceso de adopción hay momentos en los que te desesperas. Se te hace larguísimo y tienes miedo a que todo salga mal.

«Me puse a llorar»

-¿Alguien intentó quitarle la idea de la cabeza?

-Oyes de todo. Hay quien te dice que es malo sacar a estas niñas de su país, que las desarraigas... El mejor argumento contra esos comentarios es mostrar a mi hija: una niña feliz y perfectamente integrada, que sale en la Tamborrada, habla euskera...

-En su libro habla de un embarazo de elefanta.

-Por el tiempo. Nosotros esperamos en total dos años y medio. Pero hay gente que espera más.

-Las pruebas de idoneidad tienen fama de ser muy duras.

-En mi caso, los psicólogos fueron muy respetuosos. En el fondo, quieren ver que tu decisión es firme y no un arrebato pasajero. Pero en otras comunidades he oído casos en los que se meten demasiado en tu vida privada. Muchas veces, desde las instituciones te lo ponen muy difícil para que la gente que no está muy preparada se eche para atrás. En todo caso, creo que habría que simplificar los trámites y dar muchas más facilidades, empezando por España, donde cada comunidad autónoma tiene sus leyes en esta materia y es un caos. Hay comunidades en las que, sólo para obtener el certificado de idoneidad, se tarda más de un año.

-¿Cómo supo que ya tenía una hija?

-Iba conduciendo de Pamplona a San Sebastián. Llovía a mares. Sonó el móvil. No debería haberlo cogido. Pero vi el prefijo de Bilbao y pensé: '¿Es, es...!' Y era. Nos habían asignado por fin a una niña. Tenía siete meses. Me dieron la fecha de nacimiento y su nombre chino: Xin Yu Lai. Era el 2 de mayo de 2002. Los trámites los habíamos empezado en diciembre de 1999. No he parido nunca biológicamente, pero aquello lo viví como un parto. Y no le digo nada a la mañana siguiente... Al ver la foto, me puse a llorar. Quería correr a China a buscarla. Es algo muy especial.

-¿Se preguntó por qué ese bebe y no otro?

-Te lo preguntas. Dicen que en el 'matching room', la habitación donde unen el expediente de un bebé con el de unos padres adoptivos, tienen en cuenta gustos e incluso fechas comunes. Por ejemplo, si el informe dice que a un bebé le gustan los juguetes musicales, le otorgan un padre músico. No sé si será cierto. En mi caso, no sé por qué nos unieron. Es cierto que ella es una lectora tan voraz como yo, pero es posible que sea porque en casa nos ve leer mucho. Lo curioso es que todos los padres adoptivos que conozco dicen: 'Era la niña perfecta para nosotros'.

-Ir a China a por un hijo es toda una aventura.

-Ahora me río, pero estábamos totalmente de los nervios. Ni siquiera nos atrevimos a coger un avión para volar de San Sebastián a Madrid por miedo a perder el vuelo o a un retraso.

-Le entregaron la niña el día de su llegada, sin tiempo para recuperarse del 'jet lag'.

-Es igual. Si me hubieran dado una noche para dormir la habría pasado en blanco. A las tres estábamos en la habitación y a las seis llegaban las niñas. Pero nadie pudo esperar en su habitación. Los padres y madres fuimos saliendo al pasillo y allí aguantamos la espera; hasta que llegaron.

-¿Reconoció a su hija?

-No. Cuando me la dieron pensé: ¿Qué pequeña! Me esperaba un bebé más rollizo. Además, estaba llena de granitos y con eccema en la cabeza. Pero con una expresión de gran dignidad y fortaleza. Apenas lloró. Abría mucho los ojos y lo miraba todo con curiosidad. Hay que entender que hasta entonces no había visto nada más que el orfanato.

-Parece un final feliz...

-Es todo muy bonito, pero también muy duro. El segundo día, y el tercero y el cuarto, lloraba sin parar. Daba unos gritos que me hicieron dudar si no tendría algo malo. Llegó incluso a arañarme la cara. Y, claro, tú te agobias muchísimo. Te advierten de que las reacciones pueden ser variadas: llanto incesante, problemas de sueño, rechazo a las muestras de cariño, o a uno de los padres Hay que tener en cuenta que son niños a los que les estamos cambiando el entorno y eso genera ansiedad. Yo sentía de pronto que mi vida iba a ser un desastre, que iba a ser una esclava... Me atormentaba la idea de no valer para ser madre.

-Suena a depresión postparto.

-Es que existe también en las madres adoptivas. Yo la pasé aquella primera semana en China, y también al llegar a casa. Porque Sara, durante los primeros días en San Sebastián, también lloró sin parar. Son niños que te absorben muchísimo. Ya han sufrido un abandono y tienen miedo de que todo desaparezca de nuevo. Sara temía cerrar los ojos. No quería dormirse. Y se pegó a mí de una forma increíble. Por suerte, pronto pudimos acostumbrarla a estar con las abuelas y ahora es muy sociable. Poco a poco todo se pone en su sitio.

La primera carcajada

-¿Ha usado el método del doctor Estivill?

-Lo he leído, pero soy incapaz. Hay todo un debate entre padres adoptivos sobre ese método. Yo no creo que sea el más adecuado para estos niños. A mi juicio, más que disciplina, lo que necesitan es una ración extra de cariño.

-¿No existe el riesgo de malcriarlos?

-Bueno, si hace algo que está mal, por supuesto que le riñes y le pones límites. Pero, ¿que se meta en tu cama? Si has estado esperando tres años, pues disfrútalo.

-¿Cuál fue el primer momento de felicidad?

-Su primera carcajada. Entre tanto ataque de llanto, de pronto entré en el baño del hotel con ella, me puse a darle vueltas a un espejito de mano y se partió de risa. También me emocioné mucho cuando, el tercer día, mientras jugaba con otras niñas en una zona de juegos del hotel, de repente giró la cabecita hacia atrás buscándome con la mirada. Al ver que yo seguía allí, se volvió de nuevo y siguió jugando. Sentí que me reconocía como su madre. Afirma Sara Barrena que si hubiera concebido a Yu Lai en su vientre «no la habría podido querer más». Y también que los padres que tienen hijos biológicos y adoptados comentan con frecuencia que el grado de afecto que sienten por unos y otros es exactamente el mismo.

-Está claro que son hijos muy deseados.

-Es cierto. Se les quiere mucho, porque son niños tan deseados y tan buscados... Es una espera que dura mucho más que un embarazo biológico. Además, son especialmente entusiastas y agradecidos. Todavía me sorprende hoy día cómo todo le llama la atención. Es como si necesitara recuperar el tiempo perdido. Sara ha sido muy precoz. Anduvo con once meses; creció tres centímetros en sólo un mes. Cuando llegó estaba en el percentil nueve de estatura, y en poco tiempo pasó al cincuenta y tantos. Y es que devoraba. Con nueve meses comía chipirones en su tinta.

-¿Y cómo es ahora?

-Muy sociable, muy alegre, muy viva... Como casi todas las niñas chinas que conozco; aprenden rapidísimo. ¿Qué puedo decir yo! Es la reina de la casa. En mi familia, además, es la única nieta y biznieta.

-¿Ella no se siente diferente?

-Cuando empezó el colegio, nos dijo un día: 'En el cole me llaman china'. Y nosotros le hicimos ver que no es nada malo, que contestara: 'Pues sí, soy china, ¿qué pasa?'. Y ella decía: 'Es que al que me ha llamado china le he dicho bobo'. Pero nosotros le explicamos que china no es un insulto. De más pequeña, a un niño que le dijo que él jugaba mejor al fútbol, ella le respondió orgullosa: '¿Pues yo vivo en China!'. Hubo que explicarle que no, que sólo había nacido allí. Otras veces, si ve chinos en la calle o por la tele dice: '¿Mira, como yo!'.

-Y asume que es adoptada...

-Claro. No es nada negativo, todo lo contrario. Hay que tratarlo con naturalidad. Lo mismo que cuando le llaman china. Si le quitas importancia, ella también lo hará. En casa a veces preguntamos por ella diciendo: '¿Y la china, dónde está?'

-¿Piensan aumentar la familia?

-Sí, queremos repetir. Si vienen hijos biológicos, encantados. Pero creo que también volveremos a adoptar. Seguramente, en China. Lo que no sé es cómo se lo tomará Sara. Si es niña, vale, pero de niño no quiere ni oír hablar.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.



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