La hija mayor del general Augusto Pinochet ha generado un adicional quebradero de cabeza diplomático para la Administración Bush al presentarse el miércoles en Washington en un vuelo de United Airlines procedente de Argentina. Sobre todo con la petición de asilo político planteada por Lucía Pinochet Hiriart, requerida por la Justicia de Chile en relación con un presunto delito de evasión de impuestos y corrupción que salpica a toda su familia.
Tras ser retenida en el aeropuerto internacional Dulles, la hija de Pinochet fue trasladada a un centro de detención del servicio de inmigración. Y como parte del proceso para estimar o desestimar su petición de asilo, funcionarios federales tenían previsto ayer realizarle una entrevista personal para sopesar evidencias de persecución en el pasado o temores fundados a futuras represalias. En todo momento, la detenida se habría negado a recibir la ayuda de los representantes consulares de Chile en EE UU.
El Gobierno de Santiago no ha ocultado que espera una pronta expulsión de la detenida, ya que la solicitud de asilo no se corresponde con el estatus de su país como democracia estable, con garantías judiciales respeto a los derechos humanos. Hasta el punto de haber sido jaleado por la Administración Bush como ejemplo para el resto de Iberoamérica y haber completado recientemente un tratado bilateral de libre comercio. Además, EE UU y Chile mantienen un limitado tratado bilateral de extradición.
Lucía Pinochet se encuentra acusada en Chile de evadir sus obligaciones impositivas con una deuda fiscal de cerca de un millón de euros, además de falsificación de documentos. Todo dentro de un creciente sumario contra la familia por dinero negro depositado en más de un centenar de cuentas bancarias en el extranjero. Por estos delitos, la hija del general se enfrenta en su país a una sentencia mínima de tres años de cárcel. La esposa del ex dictador y otros tres hijos se encuentran en libertad bajo fianza por este escándalo de corrupción.