Salen durante el día y la noche de las cloacas del imperio mediático ante el arrobo de millones de consumidores de disparates. Se manifiestan, sin disimulo, como protagonistas del escándalo y la zafiedad, prolongando sus desvergonzadas peripecias más allá de la pantalla del televisor hasta las páginas de las publicaciones del ramo. Son los modernos monstruos de una singular parada que jamás hubiese filmado Tod Browning, entre otros motivos porque su imagen dispone de un look muy distinto a la de los patéticos freaks de la vieja película, La parada de los monstruos: el look de la mal llamada modernidad. Con él se mueven y se multiplican los integrantes de la nueva parada del despropósito, sin cortarse lo más mínimo; poniendo la cara -dura, por supuesto- y la voz para provocar, cuando no para infamar día tras día y noche tras noche. Tienen a su disposición cámaras y micrófonos en programas que han engendrado una especie televisiva al parecer rentable en audiencia y publicidad: el de la telebasura. Un género que cabe extender, por sus indeseables maneras, a otras formas de expresión, descubriendo así la radiobasura, la literaturabasura y el cinebasura.
Pero quedaba por airear una de las realidades que a todos nos persigue y envuelve y que también está contaminada. Algo que dispone de sus freaks personales; sus monstruos acechadores que fomentan y animan la tensión, aunque sea desde la manipulación y el engaño. Es la política transformada en políticabasura, que en los últimos tiempos, concretamente en esta España de la sonrisa tatuada, aparece como alimento informativo de primera necesidad. Por ello es comprensible que el ciudadano y (para evitar imbéciles suspicacias) la ciudadana, se encuentre harto (y harta) de los cambalaches de la política y de su mala literatura. Tal situación le lleva al descreimiento o a la indiferencia, cuando no al asombro. Se explica, por ejemplo, que estemos la mayoría hasta la náusea del Estatut, que ha motivado, como era de esperar, el mayor grado de crispación, abriendo un horizonte que inquieta a la sociedad española normal, la que no se siente afectada por ese nacionalismo radical y ultramontano al que Albert Einstein denominaba como sarampión de la humanidad. Claro que enfrente están los artífices del invento con sus halagadores y oportunistas, incluyendo, desde luego, a los que se han subido al carro a última hora escondiendo lo que pensaban y decían anteriormente. Cosas de la políticabasura.
Nos hemos acostumbrado, por la fuerza de los hechos, a la cara amarga y cruel de la información del sobresalto, como nos hemos habituado al descubrimiento cotidiano del rostro feo de la política que llega a ocupar la primera plana del periódico, la cabecera del espacio radiofónico y las primeras imágenes del programa televisivo. Akira Kurosawa, maestro indiscutible del mejor cine, opinaba que las noticias políticas tendrían que figurar en la sección de sucesos. Más adelante, Tom Wolfe promotor del nuevo periodismo y autor de La hoguera de las vanidades manifestaba en una entrevista a la CBS que en la política que se hace hoy día suele haber más basura que en los rincones marginales del Bronx neoyorquino.
En la España de ahora mismo, como en la de antes y en la de siempre, los que viven y gozan de la política van por un lado y los que la soportan, y en ocasiones la padecen, van por otro. Para entendernos mejor: lo que muchas veces dicen y hacen los políticos y sus alrededores no interesa a buena parte del pueblo soberano, exceptuando a determinados beneficiarios de la causa y reverenciadores de partido, sin olvidar a los polemistas y escribidores más o menos sectarios. Lo que interesa y preocupa a la ciudadanía es que los precios de las cosas no suban en ascensor mientras los salarios lo hacen por la escalera; que la juventud tenga un trabajo digno y duradero; que adquirir una vivienda no sea un sueño imposible; que la educación y la sanidad sean para todos sin exclusión; que existan suficientes ayudas para las familias... Y otras muchas cosas que harían demasiado larga la lista. La gente pasa de discursos y discusiones entre partidos en los que la actitud revanchista, el insulto, la calumnia y la mentira forman el entramado de la mala política, o sea, de la políticabasura.