-¿Cree que la poesía contemporánea española está en declive?
-Desde luego no somos una potencia mundial en poesía. Me da la impresión de que está un tanto adormecida, no tanto por la calidad, sino que se hace una poesía muy fina, técnicamente perfecta y muy depurada -incluso con cierta hondura-, pero con poco nervio. Si lees ciertos poetas anglosajones o del Este te das cuenta de que aquí andamos perdidos en registros muy egotistas, del hablar del yo, de uno mismo, muy tardorománticos, poco atrevidos a veces, poco osados Creo que la poesía tiene que tentarse las ropas e incluso, a riesgo de caer en pecado de falta de humildad o de soberbia, tiene que intentar echarse a las espaldas ciertos temas duros. La poesía tiene que intentar removerse a sí misma como lenguaje.
-Aunque lleva muchos años residiendo en Gijón viene de vez en cuando por Albacete, ¿qué aspecto le ofrece su ciudad natal?
-Recuerdo que la antepenúltima vez que vine a Albacete, al salir del cine y por primera vez en 41 años, no reconocí a mi pueblo y eso me dio cierto vértigo. Creo que Albacete se ha convertido en una ciudad muy pujante y muy animada en todos los sentidos.