Vivimos en un pueblo que sobrepasa muy poco los 2.500 habitantes, un pueblo muy reducido y vecinal en el que todos sus vecinos se conocen a la perfección [...]. Pues aún dándose estas circunstancias estamos entre los primeros pueblos de la provincia en el que casi todos los días surgen problemas entre sus vecinos, sean mayores, medianos o de pequeñas edades. En nuestro pueblo uno de los principales problemas es la delincuencia juvenil, existente en otros muchos puntos del país, pero parece ser que en unos sitios se controla mejor que en otros. En Pozo Cañada somos capaces de pegarle una paliza a un camionero que pase por la carretera; somos capaces de pegarle a una persona indefensa; somos capaces de crear amenazas a profesores de escuela [...]; somos capaces de chocarnos y meternos dentro de una vivienda y somos capaces de pegarle a una familia entera; cuando se quiera [...]. Pero si a estos unimos que las personas que realizan estos actos, están apoyados por sus padres; que no entran en razones y no se preocupan de las denuncias que les llegan y sus hijos no hacen nada, llegaremos algún día a contar cosas no queridas por nadie y que ahora misma si podría tener solución.
Y si ha todo esto, cuando surgen los problemas de delincuencia o de otra índole, no disponemos de las fuerzas de seguridad, por ser un pueblo pequeño, pues ya, apaga y vámonos. Todos los vecinos pagan impuestos para Guardia Civil, Policía Municipal... pero cuando deben estar, días festivos y demás, nos encontramos como en el desierto, se supone entonces que la ley cada uno debe tomársela por donde pueda, ya que el Gobierno no dispone de presupuesto para cubrir dichos puestos. [...] Esperemos que los encargados de parar todo esto contribuyan a que todos los vecinos de Pozo Cañada puedan vivir en paz, sin problemas de delincuencia, gamberrismo y eliminando todo lo referente a drogas.