Últimamente me asaltan unas dudas tremendas. Por ejemplo, si Cataluña es una nación, entonces ¿qué es el Barça? ¿Qué tratamiento habrá que dar a sus utilleros de aquí en adelante? De otra parte, si según la propuesta socialista, una nacionalidad puede ser nación si es sentida por muchos, ¿no está la clave en ese 'muchos'? Porque si a un nacionalista un millón le parecerán pocos, para un no nacionalista dos (Mas y Carod) pueden ser multitud. Muchos pues, no indica nada. Hombre, si dijera 'munchos'... Pero estamos hablando de sentimiento. Y eso, con uno que sienta tenemos bastante. Y si es el Presidente, sobra. Porque el sentimiento es determinante. De hecho, ya no se lleva la razón pura, ni siquiera la práctica. Ahora es la sentimental. La política con corasón, corasón. Y Zapatero, que parece un tardojipi pidiendo que se abran cien capullos y cien naciones, está resultando más romántico que Domenico Modugno y Nicola di Bari juntos. Vamos, que se presenta al festival de San Remo y se lo lleva de calle con la copla aquella de Manolo Caracol: «Sentimiento, que sentimiento más grande, Dios mío. Aaayyy...»
Otra duda que me atosiga, no por más prosaica, es menos importante; me persigue desde hace años y ya no puedo mantenerla más en mi almario. Así es que me la saco. Ahí va: ¿Quién es el estilista de Batasuna? ¿De qué cabeza ha salido ese corte de pelo del 9 por detrás y el 13 repasado a tijera por delante, con un asomo de flequillo, entre garçon y miliciano con pernocta, y unisex con sólo añadir un centímetro? ¿De qué creativo ha surgido esa indumentaria a la vez de faena y etiqueta, humilde sin ser feísta y pobre pero no barata?
Tal vez uno sea un ocioso apático al que ya no le ponen ni las diputadas Comunistas de las Tierras Vascas. Así salgan todas juntas.
Pero las preguntas siguen en pie, porque una revolución sin modistos, diseñadores o cocineros es como una nación sin sentimientos a moco tendido -por eso las banderas son tan grandes-, o como un club sin utilleros, que han de ser, como un buen ujier o un buen mamporrero, sensibles y todo corazón para masajear sus partes a los que defienden unos colores, aunque no sean los propios. Y echarle a las friegas sentimiento. Y si se embrutecen, complacer. Un utillero sentimental, o del escroto. Lo que se dice un geisho.