El Estado, que se está metiendo en todo menos en lo que le hace merecedor de ese nombre, quiere que variemos de costumbres y las costumbres son casi lo único que nos queda a algunos, aunque sean en su variante de manías. «Si tuviera que buscar la felicidad en algún sitio, la buscaría en la costumbre». Lo dijo Blas Pascal, así que punto redondo. ¿Cómo emprender hábitos distintos a eso que se llama cierta edad? No nos daría tiempo a hacernos con ellos, ni a que ellos se hicieran con nosotros. Apenas adquiridos tendríamos que abandonarlos. Hola y adiós. Mejor delegar en las generaciones venideras, que siempre ha sido una cosa muy española.