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EDICIÓN IMPRESA
CULTURA
Crear para recrearse
Cuatro artistas discapacitados que exponen en la I Bienal de Arte Contemporáneo de la Fundación ONCE relatan sus experiencias y sentimientos
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Jorge León

Antes y después: Nacido en Segovia en 1953, se ha dedicado a la actividad artística desde su juventud, aunque sin formación académica. Escultor autodidacta, sus obras han permanecido, en su mayoría, fuera del circuito comercial. León quedó pentapléjico en el año 2000. La inmovilidad de su cuerpo le impidió continuar con la escultura, pero no con su vocación. Desde hace un lustro, se dedica al arte digital.

Obra: Las imágenes muestran una de sus esculturas y un detalle de su pintura sobre cristal, hecha este año. Sagra Ibáñez

Recorrer mundo: Estudió Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid y Arquitectura de Interior en la Institución Artística de Enseñanza. Desde 1977, ha participado en varios cursos y talleres dentro del campo del textil. Premiada y becada en repetidas ocasiones por instituciones públicas y privadas, Ibáñez ha recorrido gran cantidad de países para perfeccionar su técnica. Su obra también ha traspasado fronteras hasta llegar a Francia, Japón, China, Italia, Dinamarca y Polonia. Mónica Cano

Todos los medios: Es licenciada en Arte Dramático. En teatro ha actuado bajo la dirección de María Ruiz, José Carlos Plaza, Guillermo Heras y Gerardo Malla, entre otros. Por su papel en 'Dígaselo con Valium' recibe el Premio a la Mejor Actriz, en 1993. En cine, sus últimos trabajos han sido 'Besos para todos', 'El cuarteto de La Habana', 'Cascabel', 'Tres años en el paraíso' y 'El arte de morir'. Cano también ha participado en varias series de televisión, como 'Querido maestro' y 'Manos a la obra'. Ángel Baltasar

Exposiciones: Estudió Bellas Artes en la Escuela de San Fernando de Madrid. Desde el inicio de su carrera, ha expuesto individual y colectivamente en numerosas galerías, tanto nacionales como extranjeras. Sus obras recorrieron ciudades como Madrid, Murcia, París y Hamburgo. También ha presentado su trabajo en Birmingham (EE UU), ha colaborado en diferentes publicaciones y cuenta con varios catálogos editados.

Obra: A la izquierda, Baltasar pinta el mural 'La Torre de la Igualdad' (2004). A la derecha, un detalle del 'Políptico de la Libertad'.
Hay una diferencia sustancial entre ser y estar, aunque en la mayoría de los idiomas se conjuguen como el mismo verbo. Ser artista es una condición. Estar discapacitado, una circunstancia. Y no es poca la sutileza, porque los creadores buscan inspiración en su entorno, sus vivencias y su espíritu, aún cuando todos esos elementos se enfoquen desde una ceguera, sean el eco en un oído exhausto o deban convivir con una parálisis degenerativa. «No es que las musas lleguen a pesar de los obstáculos -dicen algunos-. A veces son las barreras las que se transforman en nuestras musas».

Crear desde la desventaja física o intelectual, pero con la «capacidad de la emoción» ha sido la premisa de la Fundación ONCE para impulsar su primera Bienal de Arte Contemporáneo, que se celebra actualmente en Madrid y permanecerá abierta al público hasta el próximo 29 de enero. Además de la exposición, el evento incluye la puesta en marcha de varios talleres y mesas redondas, así como la intervención de cuarenta artistas «con y sin» discapacidad. «La participación conjunta de estos creadores es enriquecedora por lo que supone de novedad, convivencia, normalización y ruptura de prejuicios sociales», señalan los organizadores.

El objetivo es promover el arte actual; y, en ese marco, no hay distinciones. Las obras de Joan Fontcuberta, José María Cano y Miquel Barceló comparten sala con las del fotógrafo ciego Eugene Bavcar o las exploraciones de Judith Scott, artista sorda y con síndrome de Down. Pero la singularidad de esta bienal no sólo estriba en las circunstancias de sus integrantes, sino en la participación activa que se le exige al público. En lugar de un «se mira y no se toca», el mensaje es: «Palpe, sienta, perciba, escuche». Y, en este caso, lea. Cuatro artistas discapacitados desvelan, con palabras, sus maneras de obrar.

MÓNICA CANO

Actriz y dramaturga

«Es importante apoyar la discriminación positiva»

«Soy actriz profesional con 33 años de experiencia y estoy perfectamente integrada en el cine, el teatro y en todo -dice Mónica Cano, a modo de presentación-. Pero convivo con mi sordera desde hace dos décadas y cada vez me siento un poco peor. El esfuerzo en el trabajo se multiplica y, en la vida cotidiana, la discapacidad es motivo de broma o de chiste fácil. Por eso estoy muy contenta de participar en la bienal; creo que es importante que exista un proyecto que discrimine positivamente».

Su aportación a la muestra es una obra de teatro que, bajo el título Qué felices son los perros en la playa, combina danza, piano, actuación y «unas pinceladas» de jazz. «Es una historia de amor y desamor que portagoniza una pareja de divorciados», relata. «La mujer atraviesa el meridiano de su vida y sus propias inquietudes me dan pie para contar aspectos del mundo que me parecen terribles y hacer una crítica social».

El debut -previsto para el próximo viernes en el Círculo de Bellas Artes- significa para su autora «una importante meta cumplida», sobre todo porque se trata de «desarrollar un proyecto personal». Aun así, Mónica Cano participa activamente en otras iniciativas. Y defiende con firmeza su derecho a trabajar. «Cuando mi nueva directora me preguntó si mi sordera sería un inconveniente, le respondí que no. En todo caso, yo soy quien resuelve los problemas».

En efecto, la pérdida de la audición ha generado en ella una «mayor disciplina» para «compensar» las desventajas. «En teatro, por suerte, el tono de voz se eleva y los audífonos son de gran utilidad. Además, con el paso de los años, te vas acostumbrando a la lectura labial y a memorizar todos los textos, incluso los de tus compañeros». El resultado de tanto esfuerzo es un «agotamiento brutal»: al acabar la función «quedo vacía de contenidos», dice la actriz, aunque el sacrificio «vale la pena». «El artista de verdad tiene una fuerza creadora que necesita sacar fuera como sea -asegura-. En nuestro caso, poseemos un don y una tara, pero la necesidad de expresión va más allá. La sociedad está obligada a apoyar este tipo de actividades».

ÁNGEL BALTASAR

Pintor

«Mis obras más bellas son las que echo al fuego»

De pequeño, Ángel Baltasar tenía su «propio mundo» en el Museo del Prado. «Vivía muy cerca e iba todos los sábados porque me fascinaba la pintura», recuerda. Años después, se encontró a sí mismo estudiando Bellas Artes y «disfrutando del placer de exponer lo que pintaba». Pero, al acabar la facultad, comenzó «el problema»: una parálisis degenerativa que afecta al lado izquierdo de su cuerpo y que, según fue agravándose, «trastocó un montón de planes». «Estoy en silla de ruedas, pero, antes que discapacitado, soy artista», reivindica.

El Políptico de la libertad es la obra con la que se presenta en la bienal de la ONCE. De ella sorprende el resultado, pero también el procedimiento: «Pinto en papel y luego lo tiro al fuego. Las llamas se 'comen' casi todo, pero quedan las formas en las cenizas», describe. «La técnica es un invento, un descubrimiento, y tiene mucho de investigación. Cada vez que repito el proceso, pasa lo mismo: lo que sale del fuego es infinitamente más bello que lo que pinto». ¿Y dónde nace esa belleza? «En el azar -responde-. Aquello que no controlas, como el fuego, es la metáfora de lo inmanente del arte».

En sus comienzos -«muy influenciado por el grupo El Paso»-, Baltasar centró su obra en el arte abstracto, aunque no dudó en explorar lo figurativo cuando se percató de que «ya no tenía nada más que decir». No obstante, la osadía se queda pequeña cuando se la compara con su Torre de la libertad, un mural de ocho metros de altura y 3,60 de ancho para el que necesitó una plataforma elevadora hidráulica. «El arte actual está en pleno proceso -reflexiona-. Hace falta el tamiz del tiempo para determinar qué es lo que queda».

SAGRA IBÁÑEZ

Escultora

«Me gusta que el objeto atraiga a las personas»

Trabaja en su taller unas doce horas al día, «o a veces más», si le llega de pronto un impulso creativo. Sagra Ibáñez es escultora y crea figuras con fibras porque sus obras «siempre parten de los tejidos». «Hace casi treinta años que me dedico al textil. Comencé tejiendo tapices, aunque nunca los había entendido como obras de arte hasta que viajé a Dinamarca, donde existe una gran tradición».

Al tapiz danés que tanto la impresionó, se sumó otra experiencia en España que resultó definitiva: «Una vez, callejeando, seguí el sonido de un telar. Llegué al sitio donde estaba y sus dueños me remitieron a una profesora sueca. Ella me impulsó a experimentar», comenta. Su exploración la llevó a recorrer mundo y a aprender distintas técnicas. «He estado en la India conviviendo con tribus primitivas que me explicaron todos los procesos, desde la crianza del gusano de seda hasta la confección del tejido», cita como ejemplo.

El resultado de tantos viajes es una obra que entreteje distintas culturas hasta alcanzar identidad propia, «de gran tamaño» y tridimensional. «Me gusta que el objeto atraiga a las personas, que la gente tenga la necesidad de tocarlo -expone-. Y creo que mis piezas llaman a eso». El tacto, para Sagra Ibáñez, resulta vital. No sólo porque se dedica a la escultura, sino porque ella está prácticamente ciega.

«Mi campo de visión es tan limitado que no puedo encajar el conjunto de una vez. Empiezo por lo más pequeño y hago un trabajo minucioso», explica. Pese a que su ceguera hace que todo sea más «complicado y doloroso», Ibáñez también es consciente de que, sin ella, no alcanzaría un grado tan alto de abstracción. «Al no ver el contexto de lo que haces, el espacio lo pones tú. A todos nos dan unas cartas para jugar. Y juegas, no vas a lamentarte por lo que te ha tocado en el reparto».

JORGE LEÓN

Escultor, artista digital

«La necesidad de crear es más fuerte que todo»

«Sigo trabajando en lo que se llama creación artística porque no sé hacer nada mejor», advierte Jorge León, y agrega: «Podría ser más pretencioso, pero lo cierto es que esta necesidad es más fuerte que cualquier otra consideración y no puedo dejar de hacerlo». Sus palabras refrendan que la esencia supera a las circunstancias, aunque estas últimas tengan la forma de un diagnóstico irreversible: paraplejia. Escultor de profesión, su vida cambió de manera radical cuando un accidente le seccionó la médula. La escultura se transformó en pintura; el hombre, en pensamiento, y el tacto duro de las herramientas, en delicados soplidos con los que maneja su ordenador.

«Nada que ver con aquella extraordinaria relación mano-cabeza-cuerpo del arte físico o material», compara. «Cuando un accidente nos provoca una gran invalidez, es difícil encontrar alguna actividad alternativa que esté a la altura de lo que hacíamos, aunque si las circunstancias son favorables, será un motivo suficiente como para seguir adelante», apostilla. Su trabajo como artista digital ha requerido de un gran aprendizaje, no sólo por tener que asimilar su nueva realidad, sino porque el ordenador ha pasado a ser lienzo, pincel y materia. Y, por supuesto, un canal imprescindible para relacionarse con el mundo.

«Hoy en día, constituye una impresionante herramienta para la comunicación y la rehabilitación mental, incluso en aquellos casos en los que, hasta hace poco, no había ninguna posibilidad», reflexiona durante la entrevista, que se desarrolla íntegramente por e-mail. «Elegir un buen sistema es la diferencia entre tirar la toalla, conformarse frustrado con algo insatisfactorio, o lograr resultados aptos», prosigue el artista, que, por esa misma razón, no teme desechar aquello que no le convence. «La cuestión está en la paternidad responsable, pues el creador debe ser consciente de sus frutos», explica Jorge León, quien, de algún modo, nunca abandonó su vocación primigenia: esculpir. Labrarse a sí mismo. Crear para recrearse.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.



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