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Tendero, mutis por el foro

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Tendero, mutis por el foro

Sólo existía una persona a la que en nuestra ciudad pudiera reconocerse por la espalda. Ese era José Antonio Tendero. Paseaba su porte anglosajón ataviado con su inconfundible gabardina tipo colombo, y un sombrero estilo Peter Lorre

17.12.09 - 01:27 -
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A ocho mil kilómetros de mi querido Albacete, me llegó la noticia de la muerte de José Antonio Tendero. Una crónica de una muerte preanunciada por su fiel mujer Consuelo, allá por septiembre pasado cuando me adelantó su grave estado de salud. Ha muerto, como su admirado, Error Flynn con las botas puestas, pues el pasado mes de abril se sentaba en el Teatro Circo, un año más, y como desde la primera edición, para asistir a la entrega a El Brujo del XIII Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert, un galardón que crearon sus «amigos» del Teatro Circo, pero al que Tendero apoyó desde su gigantesca talla personal y profesional. Y este premio, con la muerte de los premiados Mary Carrillo y López Vázquez, y especialmente con la de Tendero, se ha quedado para siempre viudo.
Tendero apoyó desde el primer día a la combativa Asociación de Amigos del Teatro Circo, más por amistad que por convencimiento en el nuevo teatro de la calle Isaac Peral. Para el maestro Tendero, el Teatro Circo siempre sería el de los palcos, plateas, gallinero, el de las películas en cinemascope, y el de su gran amigo, el gerente José Olivas, jubilado el mismo día, 31 de diciembre de 1985, en que el que se echó para siempre el cierre metálico de su puerta principal
El escepticismo de Tendero sobre el futuro Teatro Circo no le impidió el estar al lado de su recuperación siempre que se lo pidieron sus «Amigos». Y luego, ya reinaugurado,colaboró junto a esta Asociación de Amigos de los Teatros de España (Amite), que le distinguió con su primera medalla de oro, por una vida dedicada a la cultura teatral y cinematográfica de Albacete, pero sobre todo por justicia con un hombre bueno en el buen sentido machadiano de la palabra.
Tendero fue el que levantó la tarde de la primera edición de los Isbert de Teatro cuando improvisó con López Vázquez un memorable coloquio al perderse la película que en su honor iba a proyectarse. Y desde ese primer premio dejó huella en todo el resto de premiados a los que disitinguió con su brillante semblanza y su emotiva retórica, propia de su conocimiento enciclopédico del teatro y del cine español. Especialmente marcó al actor Arturo Fernández, quien nada más terminar de escuchar a Tendero me dijo: «Chatín, ¿pero de dónde habéis sacado a este Castelar?».
José Antonio era uno de los nuestros, de los de Albacete. Formaba parte del mobiliario urbano de lo humano de nuestra ciudad. Sólo existía una persona a la que en nuestra ciudad pudiera reconocerse por la espalda. Ese era José Antonio Tendero. Tras la Feria, y hasta casi San Juan, paseaba su porte anglosajón por nuestra ciudad, ataviado con su inconfundible gabardina tipo colombo, y un sombrero estilo Peter Lorre, años cuarenta. Ahí iba Tendero, fiel como cada mañana, con su Abc bajo el brazo, con la centenaria grapa de los españoles que es ese querido periódico. José Antonio saludaba a los amigos viandantes a la vieja usanza, levantando el sombrero unos 15 centímetros, ni más ni menos. A Tendero le tenía devoción. José Antonio ha tenido mucho que ver en mi afición al teatro y al cine. Desde pequeño me sumé de puntillas a las tertulias que organizaba con mi abuelo Emilio Galiacho, en aquellas tardes de mi infancia con olor a brasero. Tendero siempre tenía abiertas las puertas de su casa de la calle Marqués de Villores. Los dos se admiraban. Compartían audiciones de opera, hablaban de zarzuela, de actores (mi abuelo era hijo de un conocido actor madrileño), de compañías de teatro, de sus amigos Zori, Santos, y Quique Camoiras, de las últimas películas, y hasta de fútbol, o mejor, de ese Albacete Balompié que llevamos en la sangre. Yo ponía el oído con el mismo interés que leía sus críticas de teatro o de cine en el recordado diario La Voz de Albacete de Pedro García Munera y mi amigo Luis Parreño, o le oía en la Radio Popular del padre De Andrés . De ahí pasé a la amistad, al préstamo de sus libros con memorias de Truffaut, Hitchcock , Errol Flynn, Buñuel, o César G. Ruano, a mis visitas periódicas a su entrañable casa en esa calle, hoy despersonalizada y sin alma, de Boticarios, entonces llena de vida con la chocolatería Buana, la panadería Luisa, ultramarinos Casa Hoyos, Academia Tame, Kalan Boys, la funeraria Finisterre, los señoriales y elegantes Almacenes Paños, viajes Guirao, los caramelos de Luciano, el sastrecillo Juan que trabajaba día y noche con olor a estufa de gas marca catalítica superser, o el corner del bar los Corales. ¿Qué queda?, una calle hoy desolada, muerta.
Era Tendero una pieza viva de orfebrería cultural y social de Albacete. En esta época de igualarnos por abajo, Tendero era una rara avis, una de esas especies humanas a proteger. Este hombre llevaba en su cabeza todo el cine de un siglo y el peso amable del recuerdo de las salas de Albacete (Cervantes, Capitol, Gran Hotel, Productor, Astoria, Gran Pabellón, Avenida, Goya, Carlos III, etc.). Como aquel hombre del Casino de la Amistad de Soria, retratado por Machado, quien vio recibir un día a Carancha, Tendero estuvo en el estreno de la bofetada de Glen Ford en Gilda en el viejo Capitol, o vivió el estreno multitudinario de «Lo que el viento se llevó» en su «viejo» Teatro Circo, que también vio cerrar y afortunadamente reabrir.
A Tendero le olvidó el Albacete oficial, el político y el de la cultura subvencionada. ¿Cómo es posible que este hombre albaceteño hasta la medula y enciclopédico se haya ido sin ser pregonero de su Feria?. La aplaudida Filmoteca de Albacete debe reparar esta injusticia con un homenaje merecido a una figura, como la de Tendero, sin la que no se puede entender el cine del siglo XX en nuestra ciudad.
Como los grandes actores, Tendero abandonó, hace escasos días y sin hacer ruido, el teatro de la vida, «haciendo mutis por el foro»; es decir, mutando o retirándose por el foro o fondo del escenario. El espectáculo debe continuar. ¡Celebro haberle conocido magister Tendero !.
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:: MANUEL PODIO


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