El matador de toros Dámaso González está barajando la posibilidad de regresar a los ruedos para tomar parte en el Festival del Cotolengo de Albacete. El diestro recuerda con emoción algunas facetas de sus inicios como torero en esta temporada que se han cumplido cuarenta años de su alternativa y de su presentación como matador en la Feria de Albacete.
«Una de las corridas que más satisfacción me dio en mi carrera fue mi presentación como matador de toros en la Feria de Albacete ha hecho cuarenta años. Ahora lo recuerdo con mucha satisfacción, pues fueron tardes muy bonitas. He pasado los últimos años en los que no me apetecía torear y cuando veía hacerlo un torero no me llenaba. En el último año ha sido distinto, hasta el punto de que algunos compañeros me preguntaban si estaba serio en la plaza, respondiéndoles que en realidad lo que estaba viviendo es como si yo toreara ese toro. Lo disfruto y lo vivo con mucha intensidad», apuntó el maestro albacetense.
Otro detalle que pone de manifiesto la afición de este torero es su gana de torear, incluso en el próximo año. «Ahora he cargado las pilas de la afición otra vez y me están dando ganas de torear. No descarto prepararme con las becerras y prepararme un poco para ver si consigo torear el festival del Cotolengo del próximo año al que tanto queremos y se quiere en Albacete. Lo he toreado mientras podía, pero en los últimos tres era imposible, porque tenía problemas en las piernas después de varios porrazos que sufrí. Ahora, lo que digo es que sigo teniendo ilusión de volver a torear cualquier día y podría ser como digo en el festival del Cotolengo», anunció Dámaso González.
Hace un repaso al toreo de distintos tiempos. «La Fiesta cambio mucho en los años setenta para los toreros y los toros, que se mueven menos y son más certeros. Ahora, el torero disfruta menos, antes el toro se movía más, tenía más violencia. Me preguntan si me gustaría torear de nuevo. Si tuviera que hacerlo, torearía donde empecé, en los pueblos, en las capeas, donde no tenía responsabilidad y al mismo tiempo tenía una visión muy especial para ver los toros. Disfruté mucho esos años, luego en la plaza era distinto».
Y brotan los recuerdos de su dilatada profesión y carrera profesional. «Hay tardes que no se olvidan nunca por la doble satisfacción de triunfar y hacer felices a tus amigos y seguidores. Recuerdo una tarde en el año setenta en Castellón, en la que corté cuatro orejas y dos rabos a una corrida de Juan Marí Pérez-Tabernero. Otro toro que recuerdo fue en Albacete en el año setenta y cinco de Carlos Núñez. He indultado muchos toros, algunos muy merecidos y todos los recuerdos con mucha cariño».