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EL PUENTE

Poetas

03.11.09 -
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El pasado jueves fue un día muy afortunado para mí como aficionado a la poesía. Y con un curioso contraste, ahora que lo pienso. Disfruté de la compañía de un gran maestro, un viejo sabio, un gran poeta; José Corredor-Matheos. Y conocí a un poeta muy joven, Rubén Martín, un paisano nuestro que si ningún mal hado lo impide puede llegar a ser un gran poeta. Vamos por partes. Corredor-Matheos es a mi entender uno de los más grandes poetas españoles vivos. Además de escucharle recitar sus poemas en la tarde noche, pudimos pasar unas horas en Chinchilla escuchándole explicar qué es para él la poesía y cuál es el modo en que se enfrenta a ella en un magnífico taller literario organizado por Verónica, de la Universidad Popular. Todo parecía diáfano y la poesía pudiera parecer que es algo así como una especie de relajación con el oído atento. Lo entendimos, pero también muchos comprendimos que en esa facilidad sólo falla un pequeño detalle; que ninguno de los participantes éramos Corredor-Matheos. Y nos quedamos como él mismo dice contemplando la luz a lo lejos, sintiendo una inmensa nostalgia de no sé qué. Cuando salíamos, felices, del ayuntamiento viejo, mi amigo Ángel me presentó a un joven, me dijo que era poeta y que era muy bueno. Le pedí leer algo suyo y recibí en mi correo el libro El minuto interior de Rubén Martín. En mi retiro en la montaña, el anochecer del domingo se llenó de luz. La luz de la que habla Rubén con frecuencia en sus poemas, la luz que emana de la propia textura de sus poemas y la luz dichosa de leer poemas de un joven llenos de calidad, lo que promete muchos más y que el hilo de la poesía siga vivo. El caso de Rubén es llamativo. Hace sólo dos años no leía ni escribía poemas. Un día sin saber muy bien porqué entró al recital que daba Ángel González y salió de allí tan emocionado que su vida cambió. Empezó a devorar libros de poesía y a escribir y en este escasísimo tiempo se ha convertido en uno de los mejores poetas de nuestra tierra. Yo podría decir ahora lo mismo que él dice en un poema: «No creo en nada, / no creo en nadie. / Y, sin embargo, / ¿cómo explicar la maravilla?» elpuente.blogia.com
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