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Casas Viejas, al borde del conflicto social

Albacete

Casas Viejas, al borde del conflicto social

Más de 300 vecinos de esta urbanización albaceteña se concentraron ayer para pedir más vigilancia policial tras el brutal ataque a los dueños de un bar el pasado domingoAmenazan con patrullas ciudadanas si no aumenta la seguridad y reclaman el cierre de dos naves en las que viven «hacinados» más de 130 ciudadanos extranjeros

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Casas Viejas está al borde del conflicto social. Así quedó ayer de manifiesto en la concentración convocada por la asociación de vecinos de la urbanización tras la grave agresión sufrida el pasado domingo por la noche a los propietarios de un bar que ha acabado con los tres agredidos en el hospital, uno de ellos permanece muy grave en cuidados intensivos.
Pese a que la organización trató de quitar hierro al hecho de que los agresores fueran de nacionalidad rumana pidiendo que no hubiera manifestaciones xenófobas, fueron contestados en repetidas ocasiones por muchos vecinos que denuncian repetidos robos en una urbanización que cuenta con más de 700 parcelas que en verano alcanza los 3.000 o 4.000 habitantes, pero que apenas supera los 300 cuando llega el otoño.
Los vecinos denuncian la inseguridad que vive la urbanización, ubicada en la carretera de Jaén, algo que achacan sobre todo al hacinamiento de personas de varias nacionalidades en dos naves de la zona, «que se alquilan por tres o cuatro euros al día». Cifran en cerca de 130 personas las que viven «hacinadas» en esas dos naves que consideran el centro de la inseguridad.
Los vecinos aseguran que hasta ahora sufrían numerosos robos pero con la agresión del lunes se ha dado un paso más hacia este conflicto social lo que ha caldeado los ánimos, y mucho, entre el vecindario. Buena prueba de ello fue la manifestación convocada en solidaridad con los propietarios del bar Dioni (la propia Dioni, su marido Pablo y su hermano Nicasio) y para pedir más seguridad en una zona que consideran que está abandonada por parte de las administraciones.
Mientras los organizadores pedían que no hubiera mensajes xenófobos, muchos de los asistentes coreaban «no somos racistas, somos realistas» o recriminaban a aquellos que pedían que no juzgaran a toda una nacionalidad por la actuación de los agresores.
En la línea tranquilizadora se mostraron tanto el presidente de la asociación de vecinos de Casas Viejas, Antonio Fuentes, como la vicepresidenta, Natividad Gómez, que, reconociendo los problemas de inseguridad, pidieron calma a los vecinos al tiempo que se ofrecieron a colaborar con las administraciones. «Queremos tener una actitud pacífica, pero firme», recalcó Gómez, que consideró «injusto para ellos y peligroso para los vecinos» el hacinamiento en estas naves.
Pero Fuentes reconoció que la agresión del domingo podría deberse a una venganza puesto que los agresores fueron desalojados del bar en alguna ocasión «tras cometer varios robos y emborracharse».
Muchos vecinos se mostraban partidarios de iniciar patrullas ciudadanas si no se incrementaba la presencia policial en las calles de Casas Viejas, algo que, como reconoció el presidente de la asociación ocurrió durante los dos primeros días tras el ataque «pero después estamos otra vez igual».
Manifestación improvisada
Pero conforme pasaba el tiempo la concentración se les fue de las manos a la organización, que incluso desapareció cuando vio que muchos de los más de 300 vecinos concentrados tomaban la calle Ancha (obligando a la Policía Local a cortar el tráfico) en una marcha improvisada hasta la Subdelegación del Gobierno. Allí los ánimos ya fueron mucho más tranquilos con mensajes de apoyo a los tres heridos y reclamando mayor presencia policial en las calles de Casas Viejas. De hecho, «seguridad» fue la palabra más repetida acompañada de otras como «menos delincuencia», «más iluminación», «menos matones» e incluso «fuera gentuza». Por momentos los mensajes se tornaron hacia las administraciones con lemas como «menos prometer y más cumplir», «alcaldesa, vente allí unos días» o «pagamos impuestos, más seguridad». La marcha finalizó, sobre la una del mediodía, a las puertas de la Subdelegación del Gobierno de Albacete.
Allí, sin que, pese a la tensión, hubiera que lamentar incidentes, se pidió el cierre de las naves en las que habitan los ciudadanos extranjeros que aseguran «tienen atemorizados» a los vecinos del barrio.
La manifestación contó con la presencia de muchos vecinos de otras urbanizaciones del extrarradio albaceteño que se consideran igualmente abandonados por parte de las administraciones «porque hay una patrulla para vigilar toda la zona», lo que no les parece suficiente.
En la marcha, participaron también Fina, Marisa y Socorro González del Amo, las tres hermanas del más grave de los heridos, que explicaron que Pablo ha mejorado «muy poco». Los médicos les han explicado que tiene todos los huesos de la cara «deshechos» y cuenta con importantes lesiones en la cabeza y el pulmón lo que hacen que permanezca inconsciente y con respiración asistida. A su mujer, a Dioni, le operaron el viernes de las lesiones que tenía en la cara y su hermano, Nicasio, le dieron el alta ese mismo día, eso sí con importantes golpes y magulladuras.
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Casas Viejas, al borde del conflicto social
Imagen de la plaza del Altozano de la capital albaceteña en un momento de la concentración de protesta. / MANUEL PODIO
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Imagen de una de las pancartas. / M.P.
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Los concentrados en la Subdelegación. / M. PODIO

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