Postrera noche de San Juan. Amanecía. Una melodía morisca acariciaba los ventanales de la habitación. Abrí, sin pedir permiso al declinar de los sueños, y un eco de hechizo humedeció el horizonte. Horas antes y sólo durante esa noche las yemas de los rastros deshojan la leyenda de la Cueva de la Mora. Los mitos, son tallistas de ensueño. Un arroyo, cubierto de oro.
Los días deberían nacer en silencio. Libres de farsa. Nutridos de principio. Ya no se celebran, no se inauguran. Vivimos como lienzos. Encuadrados. Referencia, título... Su nombre, apellidos, desvanecerán en el timbre de la muchedumbre. Unos días de asueto sirven para recomponerse. Elegí el Residencial Turístico Vega Sierra. Ubicado en aguas de la Sierra del Segura, en la aldea Casas de Haches, allí, las brújulas del cielo, descuelgan geografía de sílabas limpias, acuarelas de tardes líquidas en versos y atlas coloreados con olor de confines engalanados de plata. Exíliese del reloj. Angustie al móvil, desconéctelo, no le mire, no le hable. Déjese llevar por las sirenas de los cielos desprendidos. Trace, con pluma áurea, estanques de jardines. Nade entre sus flores. Ahóndese en ilusiones.
Bogarra exhala edades de lunas arriadas por la travesía del viento. Pioneras en el arte del recuerdo, su transitar, por las heróicas y turbias imágenes de la historia, deslizan sobre los ojos del turista, episodios tatuados de procelosas fotografías. Pliéguelos. Será testigo de su alianza con Roma durante las primeras Guerras Púnicas, la victoria del general Escipión. Los rostros de la reconquista. Sus calles, fragancias de naves orilladas en los arrecifes del atardecer. Acústica de siglos y atmósfera escarlata.
Admito que fui niño. Confieso que corrí, salté, reí y lloré. Caí. Certifico años de interrogaciones y dudas. Asevero su continuidad. Tiemblo por su disolución. Las huellas que dejamos son pentagramas de incertidumbre. Musicarlas es aprender a observar. A comprender.
Sí. Se les habrá ocurrido en cualquier otro pueblo, playa, isla paradisíaca. Quizás en cualquier atasco, ¿por qué no? Uno, cuando menos lo espera, se encuentra reflejado en el escaparate de los párpados anclados. Y despierta, en los miradores de las nieves.
Sucedió en Bogarra. Ella baja a peinarse con una peineta de oro. Erigiendo tiempo. Descúbranlo.