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Un grupo de estudiantes albaceteños llega a la final de la competición mundial 'Imagine Cup' con una aplicación para ayudar a niños con problemas de desarrollo

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Imaginación para curar
Equipo de estudiantes albaceteños que alcanzó la final de la . /UCLM
Conseguir quedar a las puertas del primer premio de un concurso de tecnología informática no es fácil. Pero es más difícil todavía si ese concurso lo convoca Microsoft y participan en él más de 400.000 personas de todo el mundo. Es lo que consiguieron cuatro chicos de la Escuela Superior de Ingeniería Informática de Albacete en la competición Imagine Cup, que se celebró la semana pasada en El Cairo, Egipto. Los estudiantes presentaron una aplicación de software llamada Apadyt para ayudar en el diagnóstico y tratamiento de trastornos psicopedagógicos en niños y consiguieron quedar entre los seis mejores proyectos.
La edición de Imagine Cup de este año estaba centrada en conseguir los ocho objetivos de desarrollo del milenio de la Onu, que abarcan desde la pobreza extrema hasta la formación primaria universal. Gonzalo Rubio, uno de los integrantes del equipo, cuenta que se les ocurrió la idea de presentarse al certamen por un trabajo de la carrera: «En una de las asignaturas nos pidieron un proyecto en grupo de una gran envergadura. Como tuvimos una buena idea y sabíamos cómo desarrollarla, decidimos inscribirnos para probar». Los estudiantes eligieron como tema la educación porque creen que es la base fundamental para conseguir cumplir los demás objetivos del milenio.
Apadyt, el proyecto de software que presentaron, consiste en dos aplicaciones informáticas con las que el psicopedagogo puede gestionar, con un ordenador o PDA, el estado y diagnóstico de los pacientes, así como utilizar terapias que se llevan a cabo tradicionalmente pero a través de la informática. «A través de distintos juegos que el niño puede elegir por sí mismo se trata su enfermedad. Por ejemplo, creamos una aplicación para los pacientes con dislexia que tienen que realizar ejercicios oculares. Es un juego en el que se muestra una imagen a la izquierda y varias a la derecha, y el niño tiene que compararlas para encontrar las que son iguales», explica Gonzalo Rubio.
Sencillo y amplio
La sencillez de la utilización de la aplicación así como las grandes utilidades que tiene cosechan elogios de todo aquel que prueba Apadyt, sobre todo profesores y pedagogos. Gonzalo Rubio recuerda que una de los miembros del jurado de Imagine Cup resultó ser psicóloga, y les felicitó diciéndoles que era «la mejor aplicación para niños con necesidades educativas especiales que había visto nunca». Una aplicación que les ha costado nueve meses de trabajo durante todos los días. «No sólo es tener una buena idea, que es fundamental, sino también ser capaz de trabajar muy duro para poder desarrollarla», explica Rubio.
Pero el camino para llegar hasta El Cairo no fue fácil. El grupo de estudiantes tuvo que pasar una primera pre-selección tras mandar un tríptico en el que se detallaban los objetivos de la aplicación para después participar en la semifinal nacional, que se celebra a través de videoconferencia, donde se muestran los avances que se han conseguido. Posteriormente, el grupo de estudiantes venció en la final de España y consiguió el billete para la final mundial en El Cairo donde participaron representantes de 69 países de todo el mundo.
Los castellano-manchegos pasaron la primera y la segunda criba hasta llegar a la final con seis países, donde fueron eliminados. «Da un poco de rabia quedarse a las puertas del primer premio, pero no pensábamos ni que fuéramos a ganar en España, así que estamos muy contentos de todas maneras».
Pese a no conseguir el primer premio, Gonzalo Rubio destaca que competir en la Imagine Cup es una experiencia inolvidable, tanto por los éxitos conseguidos como por los días vividos en El Cairo: «El ambiente era estupendo porque éramos chicos de la misma edad con ganas de compartir nuestros proyectos y aprender lo máximo posible. No había rivalidad malsana». En cuanto a si el equipo va a repetir el año que viene, Gonzalo Rubio se muestra dudoso. «Si tenemos otra idea que merezca la pena y, sobre todo, tiempo para desarrollarla, puede que nos animemos». Quizá el año que viene no se queden a las puertas del premio.
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