Los tiempos cambian y, con ellos, los delitos y los delincuentes, así como la forma en que los cuerpos de seguridad deben hacerles frente. Aunque considerado siempre como el último recurso, el uso de la fuerza puede estar presente si la situación así lo requiere y, de hecho, en los últimos tiempos se ha detectado una necesidad mayor relacionada, en casi todos los casos, con el consumo previo de alcohol y drogas por parte de los detenidos.
Así se puso de manifiesto ayer coincidiendo con la segunda edición del Curso regional de defensa personal policial, que estos días se celebra en el cuartel de la Policía Local de Albacete y al que asiste una veintena de agentes de toda Castilla-La Mancha. Elías Carrión, coordinador de la iniciativa y uno de los monitores que imparten desde ayer y hasta mañana jueves las sesiones, explicaba que pese a que la fuerza «siempre es lo último», hay momentos «excepcionales» en que la situación pasa a ser de riesgo y, entonces, «no cabe diálogo alguno».
Se impone, en ese punto, reducir a la persona, algo que pese a todo «no es lo habitual». Sin embargo, no hay que perder de vista que hoy en día los delincuentes «saben muy bien lo que hacen y cada vez están más preparados», de manera que los efectivos policiales «no pueden quedarse atrás y tienen que seguir formándose para hacer frente a situaciones que antes no se daban», señalaba este profesional.
La influencia de bebidas alcohólicas o sustancias estupefacientes son un factor determinante para que exista la posibilidad de emplear la fuerza, al igual que contextos «en los que se producen grandes concentraciones de gente con determinadas ideas, a quienes la simple presencia de la Policía produce rechazo».
Añadía, por ejemplo, que «ni todos los jóvenes son violentos», por lo que no es posible generalizar en este asunto, ni tampoco Albacete o Castilla-La Mancha son lugares especialmente proclives a que haya altercados como los que se han podido ver, recientemente, en varias ciudades españolas con motivo de acontecimientos deportivos, fenómenos en los que entra en juego «una buena planificación» para que todo «acabe bien».
A lo largo de las 20 horas de duración del curso se intenta dotar a los participantes de los recursos imprescindibles para hacer uso de la fuerza, siempre bajo cinco premisas básicas que son la adecuación al ordenamiento jurídico y al principio de menor lesividad posible; la congruencia -saber aplicar la técnica concreta a la situación dada-; oportunidad -ajustarse al momento concreto de la intervención- y proporcionalidad -adecuación entre la técnica o el medio empleado, el bien jurídico protegido y el resultado-.
«Es muy importante agotar antes la vía de la comunicación», subrayaba el monitor del curso, añadiendo que incluso cuando se pasa al plano físico, al que se refería como «plan B», hay que graduar la actuación, que puede ser desde lo que se denomina a mano vacía, sin esprays o bastones, hasta el último recurso, que es el empleo del arma de fuego.
La primera edición del curso que ahora se está desarrollando en la capital albaceteña , organizado por la Federación Española de Municipios y Provincias (Femp) de Castilla-La Mancha, se celebró el año pasado en la ciudad de Miguelturra (Ciudad Real), y en ella se enseñan técnicas «sencillas» al alcance de todos los efectivos, más allá de su grado de preparación física, su edad o su complexión, que les permitan actuar en situaciones diversas como el control y parada de vehículos.
'Judo' verbal
Antes de lo que Carrión denomina «plan B» entra en juego la psicología, el 'arma' de la palabra. Para su dominio también existe un entrenamiento previo, técnicas que se emplean desde hace décadas en otros países como Estados Unidos. Se trata del 'judo verbal', un método basado en el recurso «ético», es decir, la imagen social de confianza y seguridad que se le atribuye a un agente de la autoridad.
En este procedimiento es imprescindible que el policía sepa determinar, con apenas un vistazo, ante qué tipo de persona se encuentra: «Nosotros decimos que hay personas fáciles, difíciles y las que son más difíciles todavía», aseguraba Elías Carrión, quien manifestaba que incluso entonces hay que estar prevenidos y tener capacidad de adaptación.
«Si una persona te agrede verbalmente, tú no tienes que responder de la misma forma, sino buscar la fórmula para esquivar esa agresión verbal y reconducirla, de manera que quien tienes enfrente haga lo que no quiere hacer dándole opciones y haciéndole ver que es lo mejor que le puede pasar».