Casi oculta en las paredes de piedra del valle, frente a Alcalá del Júcar, la aldea de Casas del Cerro, de apenas doscientos habitantes, alberga una insólita entidad: el Instituto Rural de Arte Hoz del Júcar, unido a la Residencia Internacional de Artistas y Creativos.
Muy poco conocida más allá de su entorno, la iniciativa ha alojado ya a cerca de doscientos artistas de cuatro decenas de países de los cinco continentes.
Sólo de tanto en tanto las exposiciones que se ofrecen en el Castillo de Alcalá del Júcar le dan cierta difusión; en otros casos, este remanso de tranquilidad alberga a jóvenes pintores, escultores, escritores, fotógrafos y otros creadores que pasan unas semanas en la residencia para luego seguir su camino.
Lucas Karrvaz
Si la idea es original, el promotor del proyecto también es un personaje poco convencional; el escultor Lucas Karrvaz, que también da nombre a la fundación, radicada en Irlanda, que patrocina (junto a las becas de la Corporación III Milenium) la estancia de los artistas.
Lucas Karrvaz explica que su primera idea fue crear un taller para su propia actividad, aprovechando las cuevas de este privilegiado lugar, que pertenecían a su padre, en Casas del Cerro.
Posteriormente, una serie de circunstancias, como la realización de un curso de forja, le dieron la idea de una residencia de artistas; comprobó cómo funcionan las que existen en otros países, sobre todo Estados Unidos, «con mentalidad de artista y enfocadas a los artistas».
Poco a poco cuajó la idea de la residencia, ligada a la fundación que patrocina las estancias de artistas emergentes, de cualquier sitio del mundo. Se sumaron algunos apoyos, tanto locales (Ayuntamiento de Alcalá, Ceder de La Manchuela, delegación de Turismo) como internacionales, y los primeros artistas llegaron en agosto del 2006. Paralelamente, se desarrolla el mesón turístico, integrado en el conjunto.
La clave es el proyecto
¿Cómo se puede acceder a estas estancias? Lucas Karrvaz explica que «cuando alguien hace su solicitud, lo que menos cuenta es el currículum, que yo a veces llamo ridículum; lo que importa es la declaración de artista, lo que quiere hacer, su potencial, las razones por las que quiere hacer esa obra, ese proyecto artístico. Eso es lo que abre las puertas a esta residencia». Es el propio artista el que, cuando pide la estancia, pone duración a su estancia, entre un par de semanas a tres meses, con un promedio de unos 45 días.
El régimen de estancia es absolutamente flexible; la convivencia es muy abierta y -destaca Karrvaz- esa convivencia entre personas de muy distintas procedencias es otra de las grandes aportaciones de este centro; puede ser compartiendo una creación, compartiendo un plato típico de su país o un tiempo de tertulia en los impresionantes miradores sobre el río y la vega.
Cada artista es libre de desarrollar su proyecto y de realizar la vida aquí del modo que le parezca, con el único límite del respeto a sus compañeros.
Todo el complejo muestra, dentro y fuera de los edificios, trabajos artísticos; pinturas, esculturas, piezas restauradas o reutilizadas de mil modos; desde la propia puerta de entrada, una secular pieza árabe de madera, a la forja de los balcones.
Trogloditas con wi-fi
Se mezclan también habitaciones troglodíticas, cuevas de paredes de roca viva, con modernas instalaciones, como la conexión wi-fi a Internet, imprescindible ya para la comunicación.
Es curioso, de hecho, ver a los artistas pintando o trabajando en una escultura, en un taller semiexcavado en la roca, pero manteniendo a mano el ordenador portátil, una enriquecedora ventana al mundo actual en este rincón propio de ermitaños.
También se nota la mano de Lucas Karrvaz, escultor autodidacta cuya obra debe mucho al reciclado de los materiales; este lugar demuestra que no es el único artista para el que una chatarrería no es un vertedero, sino una mina de recursos artísticos.
Y en el símbolo de la iniciativa, una rueda de carro... cuadrada. Evoca las dificultades de los artistas para empezar su camino; entendiendo, matizan, que «ni todos los artistas viven del arte, ni todos los que viven del arte son artistas».