La Junta asumió el año pasado la protección de 408 menores que se encontraban en situación de riesgo y desamparo en la provincia de Albacete. Cuadros complicados, marcados por la pobreza, las drogadicciones, la enfermedad o la marginación llevaron a la Administración a pensar en el futuro de estos niños como si de sus hijos se tratara, ayudando y vigilando a las familias en 129 casos y dejando a 279 niños en acogida, bien con los parientes más cercanos o con familias voluntarias. Si en el año 2005 Bienestar Social asumía el cuidado de doscientos niños, esta cifra alcanzó el año pasado los 279 desamparos.
Un menor acaba bajo la protección de la Administración, en este caso la Consejería de Salud y Bienestar Social, cuando la propia familia, la escuela, el hospital o los centros de salud dan la voz de alarma. Inmediatamente entran en escena los servicios sociales de los ayuntamientos, que serán los encargados de estudiar las circunstancias del niño.
Si se constata o sospecha que el menor está en situación de riesgo, el caso pasa al Servicio de Familia, donde se elaborará un plan de actuación para tratar de normalizar la situación del menor, en principio, en su casa. Si finalmente lo que se decreta es una situación de «desamparo» es la Junta quien asume la tutela.
La delegada provincial de Salud y Bienestar Social, Angelina Martínez, recordaba que siempre hay casos de padres que no saben, no pueden, no quieren atender y proteger a sus hijos o, simplemente, no existen.
Se dan decenas de circunstancias. Los padres puede ser demasiado jóvenes para afrontar una paternidad; pueden sentirse incapaces por una ruptura dolorosa, así como se puede dar la circunstancia de que hayan fallecido, desaparecido o sufran una enfermedad. Los problemas mentales, las drogodependencias o el hecho de que uno de los cónyuges esté en prisión puede ser el detonante que sitúe al niño en una situación de «desamparo».
Fundamental
La clave está en que todo menor «tiene que estar atendido». Cuando se asume la tutela, la Junta debe buscarle al niño un sitio donde vivir en las mejores condiciones. Como medida de emergencia, se le deriva al centro Arcos Iris, donde permanece hasta que se le busque otra solución. Aquí se acoge a menores de 0 a 18 años, durante breves estancias de tiempo. El centro, que está en Albacete, dispone de doce plazas para adolescentes y 18 para los más pequeños. La idea es que responda a una acogida inmediata, no programada.
Otro recurso son los pisos u hogares tutelados, que tratan de simular el entorno familiar. Aquí cinco o seis niños conviven en un piso normal con educadores. Para esta fórmula, la Delegación dispone de diez pisos con noventa plazas que en estos momentos están al completo. Está medida está pensada para que los menores estén hasta que encuentren un proyecto de vida, es decir, hasta que sean capaces de organizar su independencia o sean independientes económicamente. Aquí la Junta actúa como lo harían sus padres, buscándoles alojamiento y facultad si lo que quieren es estudiar una carrera o supervisando su formación profesional. «No saldrán del piso hasta que les busquemos la salida más normal y proporcional a su edad y situación», subrayó Martínez.
Para los que no están en un piso, sobre todo para los más pequeños, existe la acogida. Los niños pueden quedarse con familiares como los abuelos, con el apoyo de la Administración. Si no es oportuno dejarlos en manos de los parientes más cercanos o si no existen, está la posibilidad de recurrir a una familia ajena, que surge de una bolsa de padres voluntarios formados por Bienestar Social. En cualquiera de los casos, prima el bienestar del menor por encima de todo, por lo que la predisposición de los más allegados no es suficiente.
Mención especial merece el caso de las familias acogedoras ajenas al niño, ya que se trata de parejas que, de forma voluntaria, «dan su cariño, su tiempo, su casa y su comida», integrando al menor como si de uno más se tratara, asumiendo que no es una adopción sino una acogida temporal, hasta que el niño pueda regresar con sus padres o lo adopten. El año pasado cuarenta niños tuvieron un hogar gracias a esta fórmula.
La delegada explicó que todo el proceso se lleva, de acuerdo con la Ley, pero aportando a las normas tacto y coherencia. No se separa a los hermanos, aunque si se trata de más de siete niños, se les puede agrupar por afinidad en el caso de que no sea posible que permanezcan juntos.
Argumentos
El número de menores en situación de riesgo o desamparo aumenta y la inmigración no está detrás de estas cifras, circunstancia que Bienestar Social no considera positiva. Se da la situación de que las nuevas culturas que han llegado a la provincia tienden a ocultar sus problemas para no dejar a sus hijos en manos ajenas. Esta circunstancia da lugar a que, en ocasiones, los niños pasen las mismas calamidades que sus hijos sin que la Administración, por puro desconocimiento, pueda acudir en su ayuda. No obstante, Martínez recordó que la Junta «está muy encima, ofreciendo recursos puntuales como la guardería de vendimia».
Dentro del abanico de recursos para proteger a los menores está la adopción. Aquí prima el derecho de niño, según subrayó la delegada, a tener un hogar definitivo y la mejor de las familias. Aquí, la Delegación ha visto un descenso significativo en la demanda de adopciones internacionales y un incremento en las adopciones nacionales. Martínez cree que este cambio se debe a que el gran número de parejas que esperaban adoptar en el extranjero ya lo consiguieron, así como a las trabas que están poniendo países como China. Aumenta la demanda de la adopción de niños nacidos en Albacete, pero no porque resulte más sencillo que la internacional, ya que la espera media es de ocho años.
La delegada quiso destacar que, aunque ella no ha presenciado ningún caso de abandono por parte de los padres adoptivos, sí que se producen rechazos y situaciones que dan lugar a intervenciones puntuales de la Administración, sobre todo cuando los niños alcanzan la adolescencia. En este punto, incidió en la importancia que tiene que los padres les hablen de sus orígenes para que construyan su identidad.