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Calmar la sed con agua; que no te rasuren; que no te obliguen a ponerte un enema; que puedas dilatar de pie; que adoptes la postura que te sea más cómoda para soportar el dolor o que no te aceleren las contracciones con medicación. Estas reivindicaciones las registraron Elisa Bas y Marina García en Atención al Paciente del Hospital General Universitario de Albacete, con el fin de que el alumbramiento de sus hijos fuese un proceso natural y no el trauma al que acabó enfrentándose Elisa. Como ella, Raquel Raso también sufrió un parto sin intimidad alguna, medicalizado sin necesidad y donde se sintió como « una marioneta», víctima de un protocolo que no respetó ni uno solo de sus deseos.
Superada la experiencia, estas madres reniegan de volver a dar a luz en el Hospital y Elisa no descarta denunciar. Y es que nadie contestó a sus peticiones. Estas madres querían las ventajas que ofrece un centro sanitario en el caso de que haya complicaciones, pero también pedían disfrutar del momento; tener intimidad y, ante todo, que nadie les separara de sus hijos, tal y como rezan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud o la ley reguladora de la autonomía del paciente.
Ante estas críticas, este periódico se encontró con la comprensión del jefe de Ginecología, el doctor Gaspar González de Merlo, quien reconoció que han llegado planes de parto hasta sus manos, pero que estos son inviables con los medios de los que dispone el Hospital General en la actualidad.
Los argumentos
El ginecólogo explicó que la estructura del paritorio y de los sillones impide que las madres puedan elegir la postura más cómoda para dar a luz, siendo inviable el hacerlo de pie. González de Merlo manifestó que él se tiene que limitar a cumplir con los protocolos que establece el Ministerio de Sanidad. «Tratamos de atender los deseos de las madres siempre que no implique una mala práctica médica». El médico insistió en que «tratamos de mejorar». «Procuramos cumplir con la Atención al Parto Normal y respetar a la madre en la medida de lo posible y con los medios disponibles», subrayó.
Así, desde hace unos meses, el Hospital General está cumpliendo con una reivindicación histórica para organizaciones como El Parto es Nuestro o Dame Teta. Ya no se separa a las madres de sus hijos e, incluso, se les permite amamantar a los recién nacidos en el paritorio. Precisamente, este detalle estaba reflejado en los planes de parto de Elisa y Marina, pero en el caso de Elisa los separaron y no volvió a ver al recién nacido hasta que regresó a la habitación.
«Me sentí totalmente maltratada». Éste es el balance que hacía Raquel de su experiencia en el Hospital. Su parto fue normal, pero cuando se quiso dar cuenta «estaba llena de vías y enchufes; firmé un papel que ni leí y haciéndome muchísimo daño y sin previo aviso me pusieron un enema y me rasuraron». «Me sentí como una marioneta; abusaron de mi buena fe; no tuve intimidad; no controlaba yo; cuando me quise dar cuenta, había seis o siete personas mirando». Sin embargo, para esta madre lo peor de todo fue que la separaran de su hijo. «Sin decirte nada, se llevaban la cuna y el ginecólogo te revisaba».
El hijo de Raquel nació en junio del año 2006. Ella volvió a casa «con anemia y sin poder caminar por los puntos». Hoy agradece que las cosas estén cambiando; que hospitales como el de Villarrobledo sean más respetuosos con la futura madre, pero invita a las madres a que presenten un plan de parto para que no pasen por todo lo que le tocó a ella. «Parece que, en ocasiones, los protocolos se olvidan de que cada persona es un mundo y que para ti no es un parto más».
Tres meses antes de dar a luz, Elisa Bas presentó su plan de parto. Lo envió por correo y con acusa de recibo a Atención al Paciente. Pedía, en tono conciliador, dilatar de pie y no tumbada; sin oxitocina para acelerar las contracciones; sin gotero y, entre otras recomendaciones, pedía dar a luz de pie y no en el potro. Al final, tuvieron que sacar a su hijo con ventosas y un sanitario se subió encima de su estómago para empujar, practicando una maniobra a la que se opone la Organización Mundial de la Salud. También pidió dar el pecho a su hijo en el paritorio, pero sólo estuvo con él su marido y hasta que «le cerraron la puerta de nidos en las narices».
Elisa aseguró a este diario que «mi experiencia fue como para no volver nunca al Hospital General». Ahora tiene claro que «si todo va bien, la próxima vez daré a luz en casa con un matrón».
En casa
La experiencia de Marina fue mejor porque no se arriesgó. Dio a luz a su primera hija en un centro de Denia de parto natural. En Albacete, consciente de las limitaciones, presentó un plan de parto para recordar que sólo quería el corte en la vagina si era imprescindible, que quería adoptar la postura que le fuera más cómoda, que renunciaba al enema y al rasurado o que quería dar el pecho en la sala de partos. Al final, no le contestaron, por lo que decidió dar a luz en casa con la ayuda de un matrón. «Aquí no hacen una a derechas; no puedes decidir ni las posturas; me gustaría que pensasen en un nuevo protocolo», comentaba.
Y es que muchas de las embarazadas que llegan al Hospital tienen la sensación de que a sus hijos no les falta de nada a nivel sanitario, pero que el parto está deshumanizado. Las madres son conscientes de que los profesionales hacen todo lo que pueden con los medios que tienen a su alcance y los protocolos que les obligan a cumplir. Sin embargo, nadie explica nada. La embarazada va de prueba en prueba y de mano en mano sin saber quién le toca ni para qué lo hace. Nadie se presenta ni comunica lo que va a hacer a pesar de tratarse de cuestiones tan íntimas. Incluso hay momentos en los que las embarazadas tienen que dilatar en compañía de otras mujeres.
Asociaciones como El Parto es Nuestro o la albaceteña Dame teta disponen de toda la información necesaria para que las madres interesadas puedan presentar un plan de parto.
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