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Cultura

Juan Ángel Fernández El Brillo de los Días

Veinte años después, la película de José Luis Cuerda sigue ganando seguidores
23.11.08 -

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'Amanece que no es poco', un clásico
FOTOS: ARCHIVO FILMOTECA DE ALBACETE (LEGADO J.L. CUERDA)
Dos años después de haber conseguido 5 Goyas con la película El Bosque Animado, la siguiente aventura del director de cine albaceteño José Luis Cuerda fue Amanece que no es poco, que alcanzó tres nominaciones en los IV Premios Goya (1990).
El estreno de Amanece que no es poco fue en Albacete, en 1989, en el entonces vigente Cine Gran Hotel, un caserón en pleno corazón de la ciudad y uno de los viejos bastiones de aquellas generaciones perdidas de la España en blanco y negro, cuya única tabla de salvación cultural de las tardes de domingos de pipas y cacahuetes resultó ser el impagable placer de ver películas. No sería casual su estreno precisamente allí. El viejo cine extendió su imponente alfombra roja hasta los ribetes de la plaza del Altozano. Albacete recibía así por primera vez en su historia a toda una tropa de artistas del celuloide gracias al lustroso planteamiento coral que impuso desde el principio el director de la película, aunque para la traca final contara también con innumerables cameos de albaceteños, rescatados de las incipientes escuelas teatrales de Albacete y Elche de la Sierra o conocidos del propio Cuerda; «se portaron todos divinamente», dice ahora el director refiriéndose a nuestros actores y participantes. La película va a cumplir 20 años y acaba de recibir el premio de la Cámara de Comercio de la ciudad por su labor promocional en el país.
Al margen de discernimientos empresariales, es verdad que la película ha rebasado los criterios normales de aceptación y beneplácitos en nuestro país. Su cotización ha ido in crescendo, simultánea al reciente éxito obtenido en España por algunos de nuestros cómicos conocidos, la pandilla Chanante, Goyo Giménez o Esperanza Pedreño, que nunca han ocultado su veneración por la cinta de Cuerda e incluso su inspiración verbal y de situación. Para muchos, entre los que me cuento, la película es delirante. Traslada nuestra peculiaridad y nuestra jerga de cantina más arrabalera a la pantalla grande: «¡Me cago en todos tus muertos!, ¡me cago en todos tus muertos uno a uno!, ¡qué tabarra me estás dando virgen santísima!. ¿Pero yo qué te he hecho a ti vamos a ver?», le dice el médico (un albaceteño recordado, Paco Cambres), beodo y destrozado por la infidelidad de su mujer (Queta Claver) a Tirso (Cris Huerta), el cantinero que se había puesto estupendo con algunas plumas ilustres, Pedro Salinas o Konstandinos Kavafis. Porque ésa es la esencia fundamental del guión, Cuerda juega constantemente con las situaciones imposibles, parodia al Albacete profundo de la época de los procuradores en Cortes otorgándole ínfulas pedantes y un nivel cultural francamente elevado: «Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros sudamericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. [...] Y ahora me dicen que ha escrito usted Luz de agosto, la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! [...] ¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?» (Sazatornil guardia civil).
Todo lo que rodea a la película es surrealista, pero los es de una manera superlativa, irónica y desternillante. El sol sale por el oeste y los hombres crecen en los bancales, previos cantos castellanos de originales madrigales del Renacimiento. El acercamiento a nuestras costumbres es más gestual que de palabra, pero ambos conceptos se unen a un batiburrillo dialéctico grandilocuente. Sí, también se lo hemos oído alguna vez a los sabios de nuestros pueblos.
Rodaje
Al parecer, se filmó más del doble del metraje final y en éste prevalecieron las escenas donde aparecían «los artistas de Madrid», como hubiera explicado Saza. «Pasa siempre -puntualiza José Luis Cuerda-, en el montaje definitivo se cambia el orden del rodaje y vas reformando sobre la marcha. Incluso hay escenas que no estaban en el guión y que improvisamos, como la del gobernador y su fandango». Daniel Romero, aquel gobernador civil de Albacete lo recuerda ahora: «José Luis y yo nos conocíamos desde hacía bastantes años, de Madrid. En aquellas reuniones con amigos comunes, aparte de hablar de lo divino y lo humano, solíamos cantar. Cuando decidió hacer su homenaje a Albacete que es Amanece, dio la casualidad que yo estaba aquí de gobernador, y enseguida me dijo que contaba conmigo para la película, que ya hablaríamos, y que en ella tendría que cantar algo». Un gobernador civil de los de siempre en un esperpento lírico. Eso es guasa. «Algunos que mandaban mucho no pusieron muy buena cara. Cuando empezó el rodaje, José Luis ya me había pormenorizado casi todas las anécdotas de la película en charlas en que nos hartábamos de reír. José Luis estaba empeñado, e ilusionado, en mostrar al revés la vida de los pueblos albaceteños que había vivido de chico». Daniel Romero atajó una garrota, se puso la boina, la chaqueta de pana y lanzó su diatriba fandanguera sin más: «Llegué a Molinicos muy de mañana vestido de gobernador aunque con barba de un par de días, como me había mandado el director, me cambié y me puse la ropa que había preparada. Le dije a José Luis que había decidido cantarle a los que se estaban ahorcando un fandango, acordamos las frases que tenía que decir para entrar y salir y, después de una toma de prueba, grabamos la escena de corrido y una sola vez. Bastó. Mejor que un profesional, me dijo».
Protagonista
En el guión original el protagonista es Nge (Samuel Claxton), el negro, el que se casa con la hermana del desaparecido Alberto Bové, actorazo a quien habíamos visto antes en algún Estudio 1 televisivo en blanco y negro o en películas tan reconocidas como Viaje a ninguna parte o Cara de acelga. Nge ya contaba en ése guión las peripecias y vicisitudes de la inmigración en un pueblo de nuestra sierra, «las minorías etnicas» oíamos decir entonces casi por primera vez.
En el resultado final Nge se quedó con un papel más de aquel disparate. Bové (su tío Pedro) es que no podía ni verlo, como alude en su inolvidable oda a la calabaza: «Calabaza, se acaba un nuevo día y como todas las tardes quiero despedirme de ti; quiero despedirme y darte las gracias una vez más por seguir aquí con nosotros; tú que podrías estar en la mesa de los ricos y los poderosos has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo. Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi hermana se quedó preñada del negro, o cuando me caparon el hurón a mala leche, sólo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino. Calabaza, yo te llevo en el corazón». Al albaceteño José María López Ariza le descubrió Cuerda en uno de los casting que hizo con las compañías de teatro locales (en su caso, Cómicos) y le dio el papel de invasor. «Se enteró de que era concejal del Partido Comunista en la oposición y me asignó ese papel», dice Ariza. Junto con otro compañero del pueblo rebelde acude a la escuela del maestro Don Roberto a supervisar sus planes de estudio, hasta lo visto entonces impecables. Don Roberto se irrita por la falta de libertades y proclama su enojo colocándole a los chiquillos un examen sobre las ingles en el cuerpo humano absolutamente insólito. Al acabar el enunciado del examen, Ariza, armado de escopeta de caza, avanza hacia el maestro y le propina un humillante revés: «Repetimos la escena varias veces y Paco Hernández, el actor, me dijo que aunque le tuviera que dar en la cara que no me cortara, que le estaban esperando para unas chuletas» .
Música
A la soprano Elisa Belmonte le llamaron por orden expresa de Cuerda a Guatemala, donde se hallaba dando una serie de conciertos. «Tienes que hacer de animadora de la taberna», le dijo. Elisa preparó algunas antiguas canciones de café de tinte lorquiano, pero José Luis Cuerda insistió en que quería que cantara a Puccini y Haendel. La soprano albaceteña preparó con el prestigioso maestro Manolo Gas las grabaciones en un estudio de Madrid y Cuerda las desarregló después a su manera,«quería que sonaran sin ecos ni exquisiteces -dice ahora Elisa- y además que las cantara con un maquillaje que yo pareciera diez años mayor. Un técnico me felicitó por lo bien que me había salido el play-back. No se creía que era yo misma la que sonaba en la taberna».
El tiempo ha curtido el recuerdo en los aficionados al cine no necesariamente taquillero, para los que Amanece que no es poco es considerada una película de culto, llamadas así a aquellas que sin tener un éxito significativo en su estreno si lo consiguen muchos años después y guarda alguna peculiaridad especial. Amanece que no es poco la tiene. Es la fantasía enloquecedora de un director que sabe jugar las cartas que le envía la inspiración. Ayer fue la Santa Compaña o La Lengua de las Mariposas, hoy La Educación de las Hadas, mañana Los Girasoles Ciegos. Un conocido político albaceteño de derechas proclamaba hace unos días en el convite de una comunión: «la película Amanece que no es poco es una ordinariez y Cuerda también»; el ideario del político actualmente sigue siendo contingente, pero ya no es necesario.
http://juanangelfernandez.blogspot.com Contestar a las preguntas, termina el maestro.
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