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NOLASC ACARÍN NEURÓLOGO Y PSIQUIATRA

Intentar ser feliz, la actividad física y mantener las ilusiones y el interés, las recomendaciones que dio ayer en Murcia para envejecer con una mente sana
11.11.08 -

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«A los seis años, la suerte está echada: somos lo que seremos»
DEFENSOR DE LA FELICIDAD. Nolasc Acarín, ayer en Murcia, aboga por la felicidad, el ejercicio físico y la ilusión para llegar con una mente sana a la vejez. / G. CARRIÓN / AGM
Nolasc Acarín (Barcelona, 1941) es a sus 67 años un brillante y activo neurólogo y psiquiatra con una amplia experiencia que define el cerebro como «un montoncito de grasa de un kilo y medio de peso», que se autodefine como padre de tres hijos y abuelo de dos nietos y que considera como fundamental para conservar la salud mental «no amargarse la vida por lo que ya ocurrió».
Hasta hace un par de años estuvo al frente de la sección de Neurología del Hospital Vall d'Hebrón (Barcelona), es profesor de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra y ha presidido las principales sociedades de neurología de España. En 2001 publicó El cerebro del Rey (RBA Ediciones), un trabajo de divulgación científica en el que desentraña los secretos del cerebro humano y explica su funcionamiento de una forma sencilla y comprensible para casi todos los mortales: la evolución de la vida, la sexualidad, la conciencia, la memoria, el envejecimiento y la muerte. Todo un superventas «en el que lo pone todo», promociona el neurólogo, ayer en Murcia para hablar sobre La suerte de envejecer, en una conferencia organizada por La Caixa en el Auditorio Víctor Villegas.
-El cerebro se forma al principio del ser, en estado embrionario, ¿por qué, entonces, tantas diferencias?
-Se forma, en su primera parte, durante el estado embrionario y luego se desarrolla a partir del parto. Las células del cerebro, las neuronas, se interconectan después del parto. Antes, son muy pocas las neuronas interconectadas. No hay que olvidar que en la interconexión de las neuronas reside la capacidad para acumular experiencia y conocimiento. El niño cuando gatea, o escucha a sus padres hablar, o se quema los dedos al tocar algo caliente, está aprendiendo del exterior, y eso viene cuando el niño ya ha nacido.
-Y, por eso, son tan importantes los primeros años de vida en el desarrollo de la capacidad cerebral.
-Sí, porque es lo que se llama la gran ventana de la neuroplasticidad, que son los seis primeros años de la vida en los que aprendemos todo lo imprescindible para luego ganarnos la vida: la base de las relaciones sociales (quién es próximo o ajeno); la base del equilibrio motriz, el movimiento y su control, que es el control de la conducta; y, en tercer lugar, el lenguaje. Esas tres cosas las aprendemos en los seis primeros años y, con ello, luego andamos más o menos bien por la vida.
-O sea que, ¿lo que somos hasta los seis años es lo que seremos en un futuro, más o menos desarrollado?
-Pues, más o menos, la suerte está echada. Siempre hay capacidad de modular un poco las cosas, pero el que a los seis años es violín, nunca será un piano.
-¿Qué relación tienen cerebro e inteligencia?
-La inteligencia es sólo una de las actividades y cualidades del cerebro. El cerebro es el órgano que desarrolla toda la actividad mental o cognitiva y la inteligencia es una parte de ella; como otra sería la personalidad. El conjunto del cerebro, en su trabajo, es el que desarrolla esas cualidades. Porque el cerebro gobierna todo el individuo, desde hacer funcionar las bases vitales para la vida (corazón, digestión, riñones, hígado...) hasta el moverse, actuar, la conducta, el comportamiento y la reflexión interna, la capacidad de autoconsciencia (analizarse a uno mismo y a los otros, ser autocrítico...), planificar y tener capacidad para la logística y los programas. Todo eso tan vasto es lo que hace un cerebro de kilo y medio.
-Y, ¿qué ha funcionado mal en un cerebro para dar lugar a individuos con conductas patológicas?
-Generalmente, los problemas, pienso, vienen determinados de nacimiento. Quiere decir que aquí hay o bien una alteración hereditaria que afecta a los individuos; o bien que durante el periodo embrionario ha habido alguna alteración. Después, con la conducta que se haya seguido con aquel niño en sus seis primeros años, esos trazos de personalidad se pueden atenuar, modificar, madurar, endulzar si son demasiado agresivos; o no. Y, en muchos casos de delincuencia, lo que vemos es que hay una personalidad mórbida de origen y que poca cosa se puede hacer. Y los médicos, la sociedad, los jueces sabemos, y todo el mundo debería aceptar, que hay enfermedades, trastornos, que no son curables y eso son la mayoría. Cuando las cosas van mal, hay que asumir que van mal y actuar en consecuencia; no esperar que llegue la varita mágica de un hada buena y aquella persona cambie.
-Habla de la suerte de envejecer, ¿por qué entonces casi nadie lo asume como tal?
-Por eso a La Caixa le gusta tanto que yo vaya predicando por ahí La suerte de envejecer -bromea-. Es la suerte porque somos el único animal que envejece. Fíjese, en la consulta los pacientes se me quejan a veces: 'Oiga, doctor, es que tengo mucha artrosis y dolores'. Y yo digo: 'Señora, cuanta más artrosis, mejor'. El único sistema para evitar la artrosis es morirse joven y esa solución, de momento, no he encontrado a nadie que le guste. Todos queremos llegar a viejos, pues con artrosis, mareos, inestabilidad... Y cuanta más mejor. Somos el único animal que envejece, ese es el quid de la cuestión (nosotros doblamos en vida a los primates).
-Para llegar con la mente sana a mayores, ¿qué es lo más importante?, ¿hay alguna gimnasia?
-Sí. Bueno, más que obsesionarse con la gimnasia, hay que estar activos: en los músculos y en el cerebro. Pasear, andar, moverse y estar interesados, tener ilusiones, activar el cerebro. Es la gimnasia del músculo y la gimnasia del cerebro. Y sobre todo esto, lo fundamental intentar ser feliz. No amargarse la vida por lo que ya ocurrió: eso es lo más difícil.
-¿Existe algún entrenamiento para llegar a ser feliz?
-Si uno se lo propone, lo consigue. Se trata de un truco muy simple, poner en su lugar las cosas que nos angustian y nos preocupan: separar lo principal de lo secundario. ¿Es principal?, ¿realmente merece la pena que nos matemos por eso? o es una cosa secundaria que puede esperar. Si uno reflexiona, al cabo de dos días se da cuenta de que acaba angustiado por cuatro tonterías.
-Entonces parece que cada vez tiene más base científica aquello de 'Mens sana in corpore sano'.
-Bueno, esa frase de los primeros benedictinos y luego muy apreciada con la reforma del Cister, es así. Mens sana in corpore sano sería un buen resumen. Bueno, pues ya está.
-Una última cuestión: si hay tantos casos de niños con depresión hoy, ¿podemos deducir que habrá una generación de mayores tontos e infelices en un futuro?
-Esa es una pregunta muy importante, que no es fácil de responder y que tiene muchas respuesta. En primer lugar, hay muchos niños depresivos porque hoy se diagnostican y antes no, con lo cual, a lo mejor no hay tantos más o son los mismos. En segundo lugar, el sistema de confort vital, que incluye la atención sanitaria, la alimentación, la vida,..., hace que los débiles sobrevivan, cosa que no ocurría hace cien años y, por lo tanto, es posible que haya más niños depresivos. Y, en tercer lugar, el problema, en todo caso, no son los niños deprimidos, que hay que ayudarles a convivir con su depresión y a ser útiles para sí mismos, sino el conjunto de la sociedad relacionada con los niños. Y aquí está la famosa cuestión de la enseñanza, que el niño se sienta contenido en el sistema educativo, que encuentre allí lo que necesita para andar por la vida, que se encuentre confortable y que aprenda, pero no solamente información, sino que aprenda que en la vida hay que esforzarse para tirar adelante, que las cosas no caen del cielo. Y eso es lo más difícil porque nadie lo dice y, además, parece que no sea políticamente correcto decir que la vida hay que ganársela.
-Entonces, ¿tenemos que protegerlos menos?
-Exacto, eso estaría bien: asumir que son libres y que si se dan trastazos, aprenderán de ellos, eso sí, con mucho cuidado y con mucho amor.
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