
-Es que la gente es muy buena. No sé si me merezco tanto; seguramente no. Lo agradezco de todo corazón.
-¿Cómo se siente con el homenaje?
-Es un homenaje para la gente que nos ayudó durante el rodaje, trabajando tanto y tan bien. Me siento partícipe pero no como receptor, sino para decir 'gracias' veinte años después.
-¿Viene mucho a Albacete?
-No mucho, pero si puedo me vengo a la Feria y me compro una armónica en los redondeles, como cuando era crío, aunque luego la toco fatal. Siempre me tira darme un paseo sentimental por los sitios que frecuenté en mi infancia.
-¿Qué recuerdos le vienen a la memoria del rodaje?
-Es una película tan coral, con tantos actores y peripecias, que destacar algo es prácticamente imposible. Fue, eso sí, un rodaje muy complicado porque tenía muchas localizaciones, muchos intérpretes y había poco tiempo para hacerla.
-Parece que la película no ha perdido actualidad...
-Lo bueno o lo malo es que no pertenece a ninguna época concreta. La parte buena que tiene ahí dentro tiene el mismo valor ahora que dentro de 50 años, pero también hay gente a la que le parecerá una estupidez la película, y hay que aceptarlo.
-¿Por qué no ha rodado más en su tierra?
-Cuando escribo me gusta rodar luego donde mejor se pueda expresar la historia. Si Albacete es el sitio ideal, me vengo para aquí corriendo.







