
El caso es que despreciar la inteligencia del prójimo se ha convertido en estrategia común de los dos grandes partidos. Este mismo fin de semana hemos podido encontrar en los medios de comunicación algunos pronunciamientos de ésos que te hacen hervir la sangre y lanzar tacos a diestro y siniestro. Por ejemplo, en el extensísimo monográfico que El País dedica a Zapatero, el jefe del Ejecutivo afirma, sin perder la sonrisa beatífica, que «es un tema opinable si hay crisis o no hay crisis». ¿Claro!, ¿opinable es todo! El orondo Obélix siempre niega su obesidad, porque, como bien es sabido, no hay peor ciego que el que no quiere ver, pero con una inflación interanual que supera el 5%, las hipotecas subiendo, el consumo bajando, la productividad hundiéndose y el paro disparándose, afirmar que no estamos en crisis ofende gravemente a las miles de familias que no saben si llegarán a final de mes por alguno o por todos los motivos mencionados.
Otra perla estupefaciente de nuestro mandatario tiene que ver con la Directiva de Retorno aprobada recientemente en el Parlamento europeo con el voto coincidente del PSOE y la ultraderecha, acerca de la cual informa, tan feliz, que «es un avance progresista». O sea, que una ley que va a sembrar Europa de guantánamos, que aumenta el periodo de retención de inmigrantes hasta 18 meses, que prevé el internamiento y la expulsión de menores como si fueran adultos, y que ha sido denunciada por Amnistía Internacional por lo que supone de agresión a los derechos humanos, ahora resulta que es ¿un avance progresista! Pero ¿a quién cree Zapatero que se está dirigiendo!, ¿a los entusiastas jovenzuelos que le custodian el trasero en los mítines y le aplauden hasta por toser?, ¿a los tránsfugas agradecidos que no pierden la ocasión de mostrar la sumisión del converso?, ¿al cargo servil que sabe que debe su puesto a la frecuencia con que expresa su adhesión incondicional al líder? Nuevamente, la frase de Zapatero ofende a la inteligencia de los españoles, y, además, lo hace refiriéndose a una situación que, como es el caso de la inmigración, comporta ¿tantas incertidumbres!, ¿tanto sufrimiento!
En la región tampoco nos han faltado muestras de similar cinismo. Por un lado, el montajito del rechazo de Barreda de un cargo en la ejecutiva para dedicarse «en cuerpo y alma» a Castilla-La Mancha (no como otras que, ¿casualmente!, unos días antes habían aceptado responsabilidades nacionales en el PP); por otro, el anuncio a bombo y platillo de la congelación de los sueldos de los altos cargos regionales (qué majos, oye, después del supermegasubidón de principio de legislatura, ahora se los congelan: ¿qué chachis!, ¿qué solidarios!, ¿casi nos convencen!).
En todos los ejemplos mencionados subyace la misma lamentable actitud: el desprecio a la inteligencia de los ciudadanos. Los españoles actualmente podemos parecer mansos, únicamente activos con ocasión de parafernalias patriótico-futboleras o manifestaciones religiosas esquizoides como El Rocío, pero quien haya leído algo de nuestra historia sabe que abundan los momentos de insubordinación ante el poder. La rebeldía estalla cuando el pueblo se siente políticamente minusvalorado y, a la vez, padece una situación de carestía económica. Según Zapatero no hay crisis, y todo va guay del Paraguay, pero nosotros, humildemente, le recomendamos que tome nota y, por si las moscas, no trate a la gente como si fuera gilipollas. Es peligroso.
* El Colectivo Puente
Madera está formado
por Enrique Cerro, Elías Rovira y Javier Sánchez







