El doctor Notario aclaró que, si bien «suena a enfermedad pasada de moda», todos los años se ven casos en las consultas de los pediatras. Aunque la rumorología popular le eche la culpa a la inmigración, se trata de una enfermedad infecciosa, benigna y propia de la infancia, que es autóctona, no importada. El origen suele estar en una bacteria que se instala en la garganta. De hecho, los síntomas van desde anginas a granitos en la piel y el tratamiento es tan sencillo como reposo y penicilina. Y es que en un pequeño porcentaje de los casos la escarlatina puede causar complicaciones renales.
La forma de contagio es la misma que unas anginas, por actos propios de una relación estrecha, como compartir un vaso. No obstante, el doctor Notario insistió en que, en principio, manchas en la piel y fiebre deben ser síntomas más que suficientes para que unos padres corran a Urgencias. «Más vale pasarse que no llegar». Una vez en el centro sanitario, una muestra de la garganta, que se toma con un pequeño algodón, es suficiente para que en media hora se puedan confirmar o desterrar las sospechas. El niño dejará de ser contagioso 24 horas después del tratamiento y difícilmente transmitirá la bacteria a los adultos.
El pediatra reiteró que, aunque la leyenda de la escarlatina supere a la realidad, esta enfermedad estaría al nivel del sarampión en cuanto a importancia, solo que la escarlatina no tiene vacuna y la causa una bacteria y el sarampión sí que tiene vacuna porque se trata de un virus.
No se declara
Al no tratarse de una enfermedad de declaración obligatoria, no hay fórmula para confirmar si el número de casos de escarlatina disminuye o va en aumento. El caso es que no es ajena al vocabulario de las madres que llevan a los niños a las guarderías o que empiezan el colegio, de la misma manera que es ya un término recuperado por los pediatras.
Como anécdota, hay que informar de que el año pasado se declaró un caso de tosferina. Esta enfermedad, según aseguró el doctor Notario, sí que resulta rara en el siglo XXI porque todos los niños se vacunan a los dos, cuatro, seis y dieciocho meses de vida.







