
LAS FRASES EL PERFIL
-Fue uno de los impulsores de la reorganización del PSOE en Albacete, ¿cómo fue el proceso?
-Cuando llego a Albacete desde Barcelona, en marzo o abril del 76, empiezo a buscar personas con Antonio Peinado y Carlos Sempere, y con un montón más de gente que estaban trabajando en la idea de refundar el PSOE y UGT. El proceso fue muy sencillo porque ya en Barcelona me había afiliado al PSOE. Carmen García Bloise (destacada dirigente socialista de la época en Madrid) me quería mandar a Albacete a que organizase el Partido Socialista en la provincia y en otras provincias limítrofes. Pero yo prefería no venirme hasta que no tuviese un trabajo estable, que conseguí en una entidad financiera.
-¿Cómo reaccionaron los albaceteños ante la refundación?
-Aquí en Albacete había mucho interés por la cuestión política. Era el momento en el que se estaba reorganizando todo el ámbito político y había gente que estaba dudando si afiliarse al Partido Socialista o al PCE. Muchos optaron por el PSOE como el grupo Sagato, etc... Las agrupaciones del partido se hicieron muy pronto fundamentalmente porque muchos veteranos que se habían quedado en los pueblos y a familiares suyos. Y los que estaban dudosos entre si se afiliaban al Partido Socialista o al PCE después del 15 de junio (primeras elecciones democráticas tras la Dictadura) se fueron todos al PSOE.
-¿Fue un proceso difícil?
-Fue más fácil por la memoria histórica. Albacete fue una provincia muy republicana y muy de izquierdas. Mataron mucha gente entre los años 39 y 50 pero había memoria histórica, había hijos, familiares... Y todos ellos fueron los que nos introdujeron en el ámbito de las agrupaciones locales. En junio del 77 (el 15 se celebraron las elecciones) ya teníamos 50 agrupaciones locales. Y a la vez que hacíamos las del PSOE se hacían las de UGT.
-¿Cómo fue la refundación de UGT?
-Muy parecida. La gente tenía mucho interés por participar políticamente. La gente tenía muchas ganas de que se produjese ese cambio. En el ámbito sindical, entonces se debatía sobre la unidad sindical y la libertad sindical. UGT quería libertad sindical antes que unidad sindical, y CC OO quería que hubiese un único sindicato como ocurrió en Portugal. Aquí finalmente conseguimos, no sé si fuese acertado o no, que hubiera sindicatos para que cada uno se afiliase al que quisiese.
-¿Contaron con el respaldo de la gente en ese proceso?
-En principio éramos cinco personas, luego diez y veinte... y en septiembre del 76, en la Feria, ya éramos cerca de 200. En esa primera Feria, aunque aún eran clandestino el PSOE y UGT, hicimos propaganda y ya al año siguiente, que se conmemoraba el 11 septiembre el cuarto aniversario de la muerte de Salvador Allende, pusimos el PSOE y UGT una caseta en el círculo interior que dedicamos a su memoria.
-¿Quiénes se afiliaban fundamentalmente?
-Familiares de viejos socialistas, cristianos de base, sindicalistas que habían participado como enlaces sindicales en el Sindicato Vertical pero intentando derrumbarlo. En La Verdad tuvimos en Ramón Ferrando, el delegado del periódico entonces, un interlocutor magnífico. Recuerdo que hacíamos unas tertulias muy animadas en su despachillo. De lo que él nos comentaba le hacíamos mucho caso en algunas cuestiones, en otras no. Le hacíamos mucho caso porque La Verdad era en aquel momento el periódico que más publicaba cuestiones relacionadas con la política. Mucho más desde luego que La Voz de Albacete, que era un periódico más conservador. Ramón Ferrando, a través de La Verdad, era una ventana al exterior del PSOE y UGT y de otras organizaciones.
-¿Se convirtió en una especie de guía para ustedes Ferrando?
-Le hacíamos bastante caso aunque discutíamos también. Pero en general le hacíamos caso porque era una persona que todos conocían, y a la que todo el mundo iba a contarle cosas porque todos querían salir en el periódico.
-Su relación por tanto no era estrictamente personal.
-Teníamos una relación de cierta amistad, una relación afectiva... Al menos en mi caso. Recuerdo que en esa época estaban en la redacción también Pepe Sánchez de la Rosa y Faustino López. Pero sobre todo yo al principio tenía relación con Ramón. En este periódico nunca tuvimos las puertas cerradas, nunca se cerraron puertas para nada. En mi caso en todas mis actividades políticas y sociales en La Verdad ciertamente siempre he tenido y hemos tenido las puertas abiertas. Ha sido una ventana al exterior. No sólo aportó un aire nuevo sino que decía lo que pasaba en los entresijos de la política albaceteña. En La Voz de Albacete costaba más publicar cosas. El cronista político de la época fue fundamentalmente La Verdad.
La prensa
-¿Los medios de comunicación influían mucho en la calle?
-Y en la provincia a la hora de volver a introducir UGT y PSOE, ¿encontraron reticencias?
-Sí. En la zona de la Mancha, en municipios como Villarrobledo, y Ossa de Montiel que habían sufrido mucho. La represión franquista fue durísima en Villarrobledo, La Roda y en toda la zona de La Mancha. Allí fue donde más costó introducir la socialdemocracia, el PSOE y la UGT. En Hellín también costó un poquito. Donde menos costó fue en la capital, en la zona de Almansa, y en La Manchuela sobre todo que era una zona de izquierdas.
-En el sindicato en aquellos años, ¿qué sectores eran más fuertes?
-En UGT lo más fuerte que yo recuerdo, durante los dos o tres primeros años, fue el sector financiero, el sector de la tierra, el sector sanitario y luego en la zona de Almansa la construcción y el textil. eran muy fuertes.
-¿Qué problemas problemas preocupaban a los trabajadores?
-En ese momento estábamos en la época de generar una legislación favorable a los trabajadores. ESe estaba trabajando sobre el Estatuto de los Trabajadores, sobre la Ley de Libertad Sindical... En Albacete los problemas que nos transmitía y lo que yo creo que lo que más se demandaba eran buenos convenios y también libertad sindical, poder afiliarse a un sindicato. Movidas en ese momento, en algunos casos en forma de huelgas, había en la construcción y en el sector financiero.
-¿Cómo se decidió qué formase parte de la lista al Congreso de los Diputados en elecciones del 77?
-Entré de una forma muy curiosa. El PCE estaba barajando la posibilidad de que el número 1 en las listas fuese Venancio Cuenca, un sindicalista muy conocido en Albacete, y mis compañeros del PSOE decidieron que fuese yo de número 2, porque se me conocía en el mundo sindical, y de número 1 Antonio Peinado. Se trataba de contrapesar la lista del Partido Comunista. Al final salí, pero no entraba en nuestros cálculos porque esperábamos sacar un solo diputado. Para mí la etapa en el Congreso fue una de las más agradables de la vida, independientemente de cómo se hicieran las cosas. No estoy muy de acuerdo de cómo se hicieron algunas cosas, no estoy muy de acuerdo sobre cómo se hizo la Transición política. Sí estuve muy satisfecho al principio, pero luego al final no tanto. Pero sí fue muy bonito vivir los primeros meses en un Parlamento al que asistía gente históricamente muy relevante como era por ejemplo la Pasionaria y otros muchos. Mereció la pena el estar año y nueve meses en el Congreso.
-¿Con qué se queda de esa etapa?
-Con un sabor agridulce porque en los debates que se producían dentro del grupo socialista había una tendencia a que se produjese una Transición tranquila aceptando que el pasado no contase para nada... Yo era el segundo diputado más joven del Parlamento y, en especial, los más jóvenes teníamos otra ilusión de hacer una especie de Cortes Constituyentes en las que se pudiese opinar de cosas importantes como la forma de gobierno, por ejemplo. En las sesiones que hacíamos dentro del grupo parlamentario estábamos unos cuantos diputados que casi siempre perdíamos las votaciones internas, entre otros Antonio Peinado y yo.
-¿Cómo fue su paso por el Senado?
-Pasé al Senado por una petición que se me hizo desde el PSOE a nivel estatal. Yo llevaba en el partido las responsabilidades del Educación, Cultura y Deportes y la de Emigración en UGT a nivel estatal, y yo necesitaba tiempo para poder dedicarle a esas áreas. Entonces querían que José Bono fuese en las listas por Albacete al Congreso de los Diputados y yo pasé al Senado. Fueron cuatro años que recuerdo que trabajé mucho en las leyes de segunda lectura, estaba en áreas muy interesantes como Trabajo, Sanidad, y era vicepresidente de Emigración. Viajé mucho por Europa visitando a los emigrantes que había por Europa y también por América Latina visitando Casas de España. La época del Senado fue mucho más apasionante que la del Congreso.
-¿Cómo se introdujo en el mundo de las asociaciones de padres?
-Tras mi paso por el Senado como en el PSOE me encontraba un poco incómodo desde el punto de vista organizativo e ideológico, aunque seguí militando me incorporé a movimientos sociales de defensa de los derechos de la infancia y de la educación. Me incorporé al mundo de las Asociaciones de Padres de Alumnos en mi tiempo libre combinándolo con la actividad sindical. Fuimos creando la Fapa. Los años de las Apas han sido más gratificantes que los de la política.







