
«No entramos ni en polémicas ni en estilos de cocina, pero la propuesta de informar sobre lo que se come nos parece razonable», insistió en el transcurso de una rueda de prensa, convocada en coincidencia con el Día Nacional de la Nutrición. No obstante, arguyó que «tampoco es tan fácil hacerlo bien», puesto que es una información «muy técnica», no exenta de dificultades para «expresarla bien y comunicarla» al consumidor, de modo que le ofrezca «confianza».
A su juicio, la sugerencia del chef «no sería una propuesta que la hostelería vería con malos ojos», y puso como ejemplo que muchos restaurantes ya informan de los aspectos nutricionales de sus menús, así como de sus contenidos calóricos. El presidente de la AESAN -dependiente del Ministerio de Sanidad y Consumo- hizo hincapié en que en este organismo no tienen constancia de que haya «nada ilegal» en los aditivos que se emplean en la restauración española.
«Podemos estar tranquilos de lo que se utiliza en general en nuestro país», apuntó Lobo, quien hizo suyas las palabras de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, en el sentido de que los productos usados en la cocina española son de «primerísima calidad» y todos los aditivos han sido evaluados y autorizados por los organismos internacionales pertinentes. Lobo informó de que en la Unión Europea se discute una iniciativa para mejorar la información de los productos alimenticios, un aspecto que defiende también la AESAN.
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La Agencia considera que «cuanta más información y más completa se ofrezca, mejor», porque eso contribuirá a la «transparencia» tanto a la hora de comprar como a la de consumir un determinado plato o acudir a un restaurante. La cocina al desnudo, del cocinero Santi Santamaría, que ganó la primera edición del Premio de Hoy de ensayo divulgativo, convocado por la editorial Temas de Hoy y dotado con 60.000 euros, ha tenido la culpa del lío montado. En su discurso de agradecimiento, Santamaría denunció el peligro que supone para la salud el uso de sustancias químicas en altas dosis, dentro de la denominada nueva cocina, criticando sus métodos e ingredientes, así como a los cocineros «pretenciosos» que «dan de comer a sus clientes platos que ni ellos mismos comerían».
El libro, subtitulado Una visión renovada del mundo de la gastronomía, denuncia el ocaso de la cocina doméstica y la proliferación de la cocina-espectáculo, que utiliza ingredientes y métodos industriales en detrimento de la calidad y la naturaleza de los productos. «Si se trata de tener experiencias imaginarias, esto ya lo logran las pastillas y las drogas», indicó Santamaría, que ha provocado una verdadera tormenta en las cocinas.







