EL PERFIL
-En mayo del 73 nace La Verdad, ¿estaba ya vinculado Juan Antonio Mata al mundo sindical y político?
-Yo entonces era funcionario del Ministerio de Justicia, trabajaba en el Juzgado de Instrucción número 1 de Albacete. Estaba en la sección de Lo Penal. A la par estaba estudiando haciendo probablemente COU en régimen nocturno. Y en ese año estaba ya de alguna forma en los núcleos incipientes de lo que iba ser el movimiento sindical en Albacete. Ya tenía contactos fundamentalmente con el Partido Comunista de España. En el año 73 ya empieza a haber los primeros en Albacete, los primeros escarceos. En la Navidad del 72 o del 73 ya se tiraban octavillas... En Albacete ya había bullicio y empieza el movimiento y yo estoy en todo el núcleo inicial de contactos.
-¿En ese momento de cambios históricos para el país que papel jugó La Verdad?
-La Verdad nace en Albacete en un momento en el que se está empezando a organizar todo lo que va a ser, muy poco tiempo después, el movimiento democrático frente a la Dictadura. Había grupos, más o menos reducidos, con anterioridad, pero justo en ese año 1973 se produce ese doble nacimiento: el del periódico y el del núcleo que conformará el cambio en Albacete. No recuerdo cómo eran los primeros números pero sí tengo claro que desde el principio su línea editorial dejaba muy claro que La Verdad era un periódico que iba a apostar por la libertad y la democracia. Y ahí, su delegado Ramón Ferrando jugó un papel decisivo. Poco tiempo después el periódico comenzó a ser la voz de mucha gente, de muchos hechos, y muchas ideas que iban en una sola dirección; el camino hacia la libertad. La Verdad en los años del inicio del final de la Dictadura, y a su vez en el periodo de inicio del camino hacia la libertad, jugó un papel decisivo. No sólo siendo relator o notario de los acontecimientos, sino que era la voz, una voz plural de lo que era el movimiento democrático de Albacete. Fue un diario comprometido y un refugio para quienes arriesgaban la libertad. No hay nada más que ver no sólo la información que aparece en el periódico en esos años sino los artículos, y las columnas que a lo largo de muchos años va escribiendo Ramón Ferrando. De esa etapa sólo tengo buenos recuerdos.
-¿Cómo eran las relaciones con los profesionales del diario?
-¿Con quién empecé a tener contactos de La Verdad? Fundamentalmente con Ramón Ferrando, con Pepe Sánchez de la Rosa Pepe era entonces el periodista que hacía las entrevistas cuando venía alguien importante a Albacete. Pero el primero que me hizo a mí una entrevista fue Faustino López y la primera vez que aparecí en La Verdad, creo que en el 74 o el 75, aunque no por motivos sindicales sino siendo yo delegado de la UNED.En el diario hubo un grupo muy importante de profesionales como Pepe, que sigue dándonos información diariamente,. Faustino o la llegada, poco después de Ángel Cuevas y de José Antonio Domingo. Todos ellos han sido clave, han conformado toda una escuela de periodistas en una línea concreta: la de la apuesta por la libertad. En La Verdad yo hice grandes amigos, de los cuales algunos ya están jubilados, otros siguen en activo y otros, como Ramón y Ángel, por desgracia nos dejaron.
-¿Ha cambiado mucho la sociedad en estos años?
-Si miramos para atrás, y hay que recordárselo a los jóvenes, esta sociedad de la que hoy disfrutamos nada tiene que ver con la sociedad de los años 70. Vivíamos entonces en una sociedad en la que no había sindicatos para defender a los trabajadores y al que osaba reclamar le podían suceder dos cosas: o bien perdía su puesto de trabajo, o la propia libertad, o ambas cosas. Por ejemplo un convenio como el del metal durante muchos años si se firmaba el 1 de abril, el 1 de mayo ya era superado por el Salario Mínimo Interprofesional. En el año 73 éste era de unas 30 ó 35 pesetas diarias. Eran convenios sin derechos. Era una época en la que había muy poca gente que estudiase y en la que la inmensa mayoría de los jóvenes comenzábamos a trabajar a los 14 años. No había sistema de pensiones, y era una sociedad que no daba trabajo por lo cual las cabezas más inquietas tenían que emigrar. La sociedad de hoy nada tiene que ver con eso. Y recuerdo que hubo colectivos y gente que se involucraron en la defensa de la libertad, y que hubo otros que estuvieron enfrente y que lucharon para que la libertad no llegase a este país. Afortunadamente triunfaron las ideas de los que apostamos por la libertad. Una libertad que llegó y que estamos disfrutando todos sin exclusión, aunque todos no quisiesen defender lo mismo.
-¿Cómo recuerda esa época de la Transición?
-Aquí hay una generación que yo llamo de la Transición, yo soy uno de ellos, y que fue privilegiada porque participó en el final de un régimen que había atrasado históricamente el país como fue la Dictadura. Tuvimos que construir sin manual una sociedad nueva y unas organizaciones e instituciones nuevas. Posiblemente lo hicimos con muchos errores, pero el resultado está ahí así que no lo haríamos tan mal. Yo creo que este 35 aniversario del nacimiento de La Verdad debe servir también de reconocimiento formal a esa generación, a esos hombres y mujeres que a fuerza en muchas ocasiones de perder su propia libertad y su propio trabajo, se la jugó por el futuro de todos. Ha sido una generación excepcional.
Los orígenes
-¿Cómo fueron los inicios de las Comisiones Obreras en Albacete?
-Yo lo recuerdo como uno de esos momentos que a cualquier ciudadano le hubiese vivir porque estás participando en terminar con algo que creíamos que era pernicioso para la sociedad y estábamos intentando que naciese algo nuevo. El nacimiento de Comisiones Obreras en Albacete fue algo hecho con mucho esfuerzo, con mucha pasión y mucha inteligencia por parte de un grupo de personas que nos pusimos al frente. El Partido Comunista de España (PCE) jugó un papel decisivo a la hora de que CC OO naciese en Albacete. Es el núcleo central pero había una necesidad por parte de los trabajadores de esta provincia y de este país de romper con el Sindicato Vertical, porque era un instrumento inútil para la defensa de sus intereses. La gente necesitaba una voz que le trasladase seguridad a la hora de enfrentarse al empresario, al sistema imperante, y de mejorar sus condiciones de trabajo. Y desde luego logramos conectar en los años 75,76 y 77 con esas inquietudes de los trabajadores un grupo de hombres y mujeres que estábamos vinculados al PCE. De ahí empiezan a aparecer lo que son los núcleos industriales importantes, que eran pocos, los primeros movimientos. En Albacete en el sector textil y también en el metal. También empieza a organizarse y a movilizarse el sector de la construcción. Y se empieza a dar la batalla en los convenios en los años 75 y 76. También está el sector de la madera, o de la cuchillería. Y fuera de Albacete, empieza a haber movimientos en Almansa, o en el sector del campo en Villarrobledo. Pero también en Villamalea y Madrigueras.
-¿Qué momentos destacaría de ese proceso?
-¿Qué fechas hay importantes? Pues el día de Santiago (25 de julio) de 1976 con la Asamblea de la Marmota, de la que La Verdad dio buena cuenta. Con anterioridad, la apertura de la Librería Popular es otra de las fechas importantes, como también la venida a Albacete de destacados líderes sindicales como Arcadio o Macario, del sector de la construcción donde se empiezan a hacer asambleas muy importantes. También el que un pequeño empresario de la construcción, Francisco Villena, nos cediese lo que era bar El Ruedo, que era un edificio ya hundido en el que se iba a construir un nuevo inmueble, para poder desarrollar para reuniones para empezar a montar el sindicato. Aquello era un hervidero de trabajadores, y de reuniones de todas clases. Y todo eso el periódico fue dando cuenta. Pero lo esencia para mí de todo aquello es que fueron momentos apasionantes, que la generación que se comprometió en aquella lucha ha sido excepcional y que debe merecer un reconocimiento que un periódico como La Verdad nace en Albacete en un momento en el que empieza de verdad a bullir la libertad y a organizarse la sociedad. La Verdad estuvo al lado siempre de los que luchamos por ello, fue uno más, y uno muy importante, de ese entramado social que se creó. La sociedad de ese momento, que nadie lo dude, no la queremos nadie porque no sólo aniquiló inquietudes, sino que impidió el desarrollo de este país, tanto económico, como cultural, como del sistema de protección social, y del bienestar social. Hoy todo eso lo hemos logrado. Y entre todas las instituciones que jugaron un papel importante no quiero dejar de decir nunca que los trabajadores y sus organizaciones fueron esenciales para el cambio y para la transformación, para la creación de la nueva sociedad.
-Huelgas, paros, negociaciones... todo ello está muy presente a finales de los 70, ¿se reivindicaba más?.
-Quizá se resaltaba más entonces porque era lo único que había y porque era tal la falta de derechos en el interior de las empresas, y las condiciones de trabajo, que los trabajadores después de tantos años de opresión necesitaban salir, necesitaban cambiar radicalmente. Y sin aquella conflictividad social el país no hubiese avanzado en la línea que lo ha hecho. Se hizo lo que se debía hacer con peleas importantes, pero los convenios colectivos empezaron a recoger derechos y los trabajadores estaban inquietos. Tú mantenías una asamblea en la construcción negociando el convenio en el año 77 y estabas hasta las tres de la madrugada con mil trabajadores esperando a que se cerrase el acuerdo porque al día siguiente estaba convocada la huelga. Todo eso fue imprescindible, pero no sólo porque hubiese más concienciación.
Evolución
-¿Ha cambiado mucho la situación?
-No creo que hoy no haya conciencia, lo que ocurre es que están encauzados buena parte de los derechos y los asuntos por los que había que pelearse entonces. Sigue habiendo, eso sí, otros muchos temas pendientes y problemas, y muy graves también, pero era necesario aquella eclosión tan importante que se produjo además en todos los sectores. Los trabajadores se afiliaron al movimiento sindical de una forma muy importante. Recuerdo que el 15 de julio del 77, creo, vino a la Plaza de los Toros Marcelino Camacho y se afiliaron a CC OO 4.000 trabajadores en un solo día. Luego lo que ocurre es que muchas veces no supimos como hacerlo, como gobernarlo, y como afianzarlo, ¿Qué ha cambiado? El movimiento sindical era tan necesario entonces como ahora, pero hoy la sociedad no es la misma ni las relaciones económicas son las mismas. El papel es diferente pero lo esencial se mantiene.
-Este año se han cumplido 30 del primer Primero de Mayo en democracia, ¿cómo se vivían entonces?
-El primer Primero de Mayo que se convoca formalmente en Albacete es el del 77 y es prohibido y reprimido brutalmente por la policía y hay detenciones, entre ellas a mí. El Primero de Mayo del 77 los trabajadores no pudieron manifestarse en libertad y ya estaban legalizados los partidos políticos y ya estaban anunciadas las elecciones generales y dos días se habían legalizado los sindicatos. Pero la manifestación se prohibió. La primera manifestación en libertad, ya la del 78, fue algo tremendo. Se organizaron actos en los Jardinillos de la Feria. Y en el 79, que probablemente sea la manifestación más importante del Primero de Mayo, terminó en el paseo del Parque y puedo decir que fue algo impresionante. Yo sigo creyendo que el Primero de Mayo debe continuar ahí como día reivindicativo del movimiento sindical.







