
SU PERFIL
LAS FRASES
-En mayo de 1973 ya se habían celebrado elecciones sindicales y entramos en el Sindicato Vertical, Andrés Beteta y yo, como delegados sindicales. Estuve dos o tres meses nada más porque se nos vio el plumero y tuvimos que salir echando leches. En aquella época estaba en los movimientos cristianos de base, en todo lo que olía a contra sistema, porque entonces solamente se podía detectar en los movimientos cristianos, lo que se llamaban curas obreros.
-¿Existía ya organización aunque fuera en la clandestinidad?
-De vez en cuando nos juntábamos, pero sin tener ningún tipo de organización, sino de forma esporádica y se iba configurando lo que podríamos llamar el inicio de la oposición. Posteriormente nos fuimos organizando en lo que se llamó Grupo de Obreros Albacetenses (GOA), que nos reuníamos en un bajo comercial de una iglesia, igual que hubo un inicio de grupo político que se llamaba Asociación Democrática Albacetense (ADA), porque unos estábamos más en el tema sindical y otros en el político. Eran movimientos pequeños que había en aquella época relacionados con el movimiento cristiano de base.
-¿Qué supuso la llegada de La Verdad?
-La llegada de La Verdad y, sobre todo de Ramón Ferrando, supuso en el año 73 un cambio radical en cuanto a información. Entonces el único periódico que había era La Voz de Albacete, que estaba muy condicionado por la época y por las gentes que tenían ese medio de comunicación que eran del movimiento, de la oligarquía de Albacete y los grandes terratenientes. La Verdad vino con un proyecto sin vínculos de estas características, como un periódico, aunque dependiente de la Editorial Católica, sin las connotaciones pueblerinas que tenía en aquel momento La Voz. Fue sin duda el primer periódico que empezó a producir cambios en la opinión de la gente y, sobre todo, empezó a abrir puertas a manifestaciones que hasta ese momento eran imposibles. Las noticias empezaron ser noticias en Albacete cuando apareció La Verdad. Recuerdo un editorialista de aquella época, que era Luis Apostua, que parecía un rojo, pero, escribiendo en la Editorial Católica, no tenía nada de rojo y sin embargo hacía una editorial muy pequeñita que todas las mañanas íbamos a leer como si fuera la doctrina del día. A nivel local, sin duda, Ramón Ferrando tuvo una influencia importantísima en los grupos que estábamos entonces fuera del sistema, que no comulgábamos con el sistema o que estábamos enfrentados al sistema.
Difíciles, pero ilusionantes
-Pero, ¿eran tiempos difíciles para estar enfrentados al sistema?
-En esa época había tanta seguridad, por parte de los que controlaban el cotarro, que apenas daban importancia a cualquier actuación. Entonces yo tenía 22 años y cualquier acontecimiento que no fuera en la línea oficial nos unía. Sí que fueron tiempos muy difíciles, pero también ilusionantes.
-¿A qué atribuye ese éxito que tuvo el periódico?
-Ha habido suerte en este periódico porque se han ido sucediendo las direcciones con gente que ha conocido Albacete y que ha estado implicada con la ciudad. Recuerdo que por esa época por La Voz de Albacete pasó mucha gente, como Tico Medina o Andrés de las Heras, que no tenía vinculación con la ciudad. En La Verdad sin embargo, Ramón Ferrando, Sánchez de la Rosa, Faustino López o José Antonio Domingo, son personas de aquí y que han estado muy identificadas con la ciudad y, si han tenido algún sesgo, ha sido a favor de la independencia, de la crítica y también de la gente más progresista. No sé si era una cuestión de mercado, porque desde ese punto de vista convenía un contraste.
-Rafael López Cabezuelo era muy amigo de Ramón Ferrando, ¿cómo era como persona?
-De Ramón Ferrando conservo la imagen del hombre tranquilo, sabio en sus análisis y luego, impertinente contra la desigualdad. El mayor valor que siempre le he atribuido a Ferrando es que no soportaba la desigualdad ni el engaño. Era un hombre tremendamente honesto consigo mismo y con la gente que lo rodeaba y no disimulaba. Tuvo enfrentamientos fortísimos en aquella época con lo que era el movimiento nacional y los últimos rabotazos del Régimen por su honestidad y su sinceridad y es lo que más me cautivó de Ramón hasta los últimos días de su vida. El despacho de Ferrando era el confesionario de muchísima gente. Además, no solamente te tomaba confesión, sino que te perdonaba los pecados y te daba la solución, por lo que se convirtió en el director espiritual de mucha gente.
-Usted participó activamente en un colectivo denominado Sagato.
-Empezamos escribiendo en La Voz de Albacete, utilizando la táctica de presentar tres artículos para que colara el tercero, que era el que queríamos publicar. Después empezamos a escribir en La Verdad. La figura del censor, que entonces era Juan José García Carbonell, un hombre entrañable y muy buena persona, pero tenía el trabajo de ver y censurar lo que no debía publicarse. Tuvimos alguna conversación con él y el hombre, en plan paternalista, que era un papel que ejercía perfectamente, nos decía «muchachos no os metáis en estas cosas que sólo os van a traer complicaciones de vida». Había otros más osados, como un tal Aparicio, que nos decía que «esta tortilla está hecha con muchos huevos y hacen falta muchos huevos para darle la vuelta», era la frase lapidaria.
-¿Se empezaron a fraguar en esa época los primeros cambios?
-Fue en los primeros años de los setenta cuando empezaron a llegar los movimientos mediáticos. Estábamos en un grupo con gente de izquierdas, aunque muchos no sabíamos en ese momento donde íbamos a parar, gente que estaba en contra del sistema, que perseguía una serie de ideales que se identificaban mucho con el socialismo. Fueron las primeras semillas que hubo de los grupos que posteriormente se fueron constituyendo en los sindicatos y en los grupos políticos. Se fue creando el ambiente, liderado por gente como Ramón Ferrando, Ramón Rodenas, Pepe Molinero, Andrés Beteta, Paco Galindo o Juan José López.
-¿Cuándo comenzó a tener contactos con estos movimientos?
-Con doce o trece años empecé a tener contacto con esta gente, que fueron los que nos fueron educando y creando la personalidad que tenemos.
Trabajo sindical
-Luego comenzó a trabajar en el plano sindical.
--Empecé en la UGT en el año 76.
Fui secretario general de la Federación de Construcción, maderas, cerámica, vidrio y afines, que era la más grande a nivel local. Uno de los primeros convenios que se hizo a nivel nacional se hizo en Albacete y nos reuníamos en lo que era la productora A, el cine de abajo de sindicatos, que estaba abarrotado. En Almansa hacíamos asambleas en el campo de fútbol y se hablaba desde el centro del campo a los trabajadores. Ha habido un gran cambio en todas las materias.
-Tampoco los medios de comunicación de hoy son los de antes. ¿En qué han cambiado?
-Los periódicos han cambiado para bien. Aunque ahora dé la impresión de que son demasiados periódicos, demasiadas radios o demasiadas televisiones para tan poco público, eso ha favorecido que haya competencia entre los propios medios y que haya pluralidad. No soy un ingenuo, y sé que detrás de algunos medios hay intereses distintos a los de la información, pero aún siendo así, el cambio ha sido extraordinario y muy beneficioso para la gente.
-Y, ¿en la política?
-En el tema político, ha habido cambios extraordinarios porque ahora vivimos en una democracia y entonces vivíamos en una dictadura atroz, porque, por ejemplo, después de salir La Verdad aún se produjeron fusilamientos y garrote vil. Pero también hemos descubierto la parte negativa de la política, o el politiqueo. Ahora hay menos que transformar y, por tanto, se ve con una lejanía distinta y todos estamos menos metidos en la pelea de modificar las cosas y creo que se ha profesionalizado excesivamente la política. Antes lo único que podías ganar cuando hacías una declaración o te metías en cualquier cosa era que te metieran en la cárcel o te pegaran un tiro. En el terreno sindical aún existe mayor profesionalización. Posiblemente tenía que ser así, pero se ha perdido mucho idealismo y mucha capacidad de autocrítica y creo que eso no es bueno.
Menos idealismo
-El menor idealismo, ¿afecta también a la sociedad, ahora se es menos reivindicativo?
-Esa posiblemente sea la parte negativa de algunas formas de comunicación. Cuando tuvimos la oportunidad, estando en la oposición, de proponer a un pregonero de la Feria de Albacete, propusimos a Ramón Ferrando, y con ello se quiso significar la labor profesional que hizo. La Verdad hizo ese trabajo bajo la dirección de Ramón Ferrando, de crear estados de opinión que no se parecían en nada a los que había hasta ese momento. Esa función pedagógica que han realizado los medios de comunicación se ha ido perdiendo a lo largo del tiempo, sobre todo con las televisiones con la telebasura, que han lanzado mensajes que no han contribuido a crear esos valores, más bien a destruirlos, que entonces se creaban y se cultivaban.
-¿Cómo se vivieron los primeros años de la transición?
-A partir de la muerte de Franco los más fundamentalistas y los más beligerantes empezaron a blandear un poco y en la medida que fueron blandeando fuimos ganando protagonismo. En el PSOE los primeros carnés que tuvimos fueron en junio de 1976, [él tiene el número 7] aunque antes teníamos reuniones, aunque eso significa que unos años antes ya nos habíamos identificado. Antes de legalizarse los partidos, ya estaban conformado tanto el PSOE como la UGT.
-¿Tuvo algún tipo de incidente?
-Recuerdo una de las primeras reuniones que tuvimos con Alfonso Guerra. Cenamos en el restaurante Las Arenas donde la policía nos dijo que no nos podíamos poner todos juntos en la misma mesa, sino de cuatro en cuatro, y al acabar Alfonso Guerra se puso a hablar en voz alta para que todo el mundo le oyera, ya que entonces estaba prohibido reuniones de más de tres personas. Después decidimos juntarnos los que estábamos afiliados al partido en un edificio alto que hay en la calle Marzo en la planta octava o novena pero antes estuvimos intentando esquivar a la policía hasta las dos o las tres de la mañana, pero no había forma. Esa madrugada, Alfonso Guerra nos decía que no era una cosa de dos días, sino que teníamos que estar preparados para aguantar porque podían pasar hasta 30 o 40 años hasta conseguir ganar unas elecciones. Fue en el año 76, pero en las primeras elecciones democráticas vimos que sí que se podía ganar. En aquella época muy poca gente creía en ese momento que las cosas iban a evolucionar como evolucionaron. En las primeras elecciones del año 77 ni nosotros mismos nos creíamos los resultados que obtuvimos, porque era impensable.







