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JOSÉ HERRERO ARCAS EX SUBDELEGADO DEL GOBIERNO EN ALBACETE
«'La Verdad' y Ramón Ferrando trajeron unos aires distintos al periodismo»
Quien hace 35 años era delegado del Mutualismo Laboral recuerda el nacimiento de este diario y cómo lo recibió la sociedad albaceteña en un momento especialmente complicado
04.05.08 -

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«'La Verdad' y Ramón Ferrando trajeron unos aires distintos al periodismo»
RECORDANDO. Herrero Arcas repasa antiguos ejemplares. /PODIO
-¿Dónde estaba José Herreros en mayo de 1973?

-Era el delegado provincial del Mutualismo Laboral, lo que es ahora el Instituto y la Tesorería de la Seguridad Social. De hecho, en el número 1 de La Verdad, aparezco en una noticia firmada por Sánchez de la Rosa donde anuncia que la Universidad Laboral ya es una realidad. Por mi cargo, era el representante de la Universidad Laboral y quien la promociona es Pedro García Leaniz, un abogado del Estado que estuvo en Albacete y que entonces era director general de Previsión Social, máxima autoridad después de el ministro. También aparece Antonio Gómez Picazo, porque la Universidad Laboral fue posible porque la Diputación cedió los terrenos.

-¿Cómo recuerda el nacimiento de La Verdad?

-El periódico nació con un gran equipo de profesionales, gente de mucha calidad, como Sánchez de la Rosa y Paco Gutiérrez Alarcón en deportes y como director Ramón Ferrando, un gran maestro de periodistas que enseñó a hacer un periodismo distinto. Los profesionales que formaron la redacción, que eran gente que llevaba mucho tiempo ya haciendo periodismo en la ciudad, hicieron que el periódico fuese aceptable para la gente más franquista. Luego estaba Ramón, que para la gente más del movimiento era un rojo, pero que sin embargo lo había traído la Editorial Católica.

-Usted fue muy amigo de Ramón Ferrando, háblenos de él.

-Tenía una inteligencia especial, que la administraba a su aire. Entendió antes que nadie que lo que venía era un sistema democrático en serio y que defendió siempre la parte social de la política; teniendo en cuenta que trabajaba para la Editorial Católica le echaba mucho valor. Ferrando para el periódico no tenía horas, era gran amigo de sus amigos, tuvo la capacidad de ganarse de tal manera a la ciudad que difícilmente pasaba algo en Albacete sin que él lo supiese. En 1973 vive Franco todavía, pero después todos los políticos que fueron apareciendo era fácil verlos desfilar a diario por su despacho, para contarle cosas sobre el contrario o sobre los suyos propios. Otra de las obsesiones que tenía era promocionar a la buena gente, sobre todo del mundo de la cultura.

-Recuerda alguna anécdota.

-Ramón era capaz de luchar y dejarse la piel por lo que él creía, sin importarle que le pudieran llamar la atención. Una historia que define su personalidad es la del atraco al Banco Hispano Americano, pues él defendió una posición dificilísima, pero al final demostró que llevaba razón. La mujer de uno de los acusados, basándose en la fotografía que había tomado Jesús Moreno de la salida de los atracadores, le insistió a Ferrando que su marido no era el asaltante, si no que era su hermano. Ferrando se lo creyó a pies juntillas y empezó a defender que quien estaba en la cárcel no era el atracador, todo el mundo se le echa encima, pero al final se acabó deteniendo al verdadero culpable.

-¿Cómo recibió la sociedad albaceteña, y en un momento tan complicado como se vivía por aquel entonces, a La Verdad?

-Cuando llega La Verdad, en Albacete sólo había un periódico, La Voz de Albacete, que estaba relacionado con el movimiento nacional, como casi todos los periódicos que quedaron en España en el 39, por tanto sus profesionales hacían lo que podían hacer. Entonces, la Editorial Católica decide abrir una delegación en Albacete y hacer un periódico local, se empiezan a respirar unos aires distintos. La Editorial Católica y Ramón Ferrando traen esos aires distintos, porque en esos momentos la Iglesia está cambiando de opinión, Tarancón está vivo y Tarancón viene apretando.

_¿Cómo era la sociedad albaceteña que hace 35 años recibía a un nuevo periódico?

-Por aquel entonces ya había una permisividad que no había existido años atrás. Surgen distintos grupos antifranquistas. Unos eran muy, muy secretos, porque todavía había miedo, y otros eran algo más abiertos, como el que yo estaba, porque como no éramos comunistas, que era a quienes se atacaba por parte del régimen, pues podíamos actuar de manera más pública, pero siempre con mucho cuidado. Dos noticias que publica La Verdad en su primer número evidencian cómo era la situación en 1973 y demuestran un acto de valentía por parte del periódico, aunque vistas ahora 35 años después parece que no tenga importancia. Son dos noticias de nacional, en la página 16, se habla de una visita de Franco a Asturias y en la 17, página impar, se recoge un homenaje a Picasso en Aviñon, pintor exiliado por haber reflejado los horrores de la guerra. Esa noticia, por ejemplo, no se podía publicar en los periódicos del movimiento.

La transición

-Y la transición en Albacete, ¿cómo fue?

-Cuando se muere Franco, se abre una etapa donde surgen distintas posiciones. Por ejemplo, se publican por aquel entonces en La Voz de Albacete unos artículos titulados El movimiento coronado, donde se recogía la posición de la gente más cercana al movimiento que quería seguir adelante pero con don Juan Carlos; otra tendencia era más dura y quería seguir con el régimen; y luego estábamos otra gente que, sin ser comunistas, éramos antifranquistas. También el Partido Comunista tenía su fuerza, sobre todo en Villamalea, que es donde funciona Enrique Carrasco, con quien me entrevisté en varias ocasiones, pero también estaba Ariza, Luis Collado, Mata... Cuando aparece La Verdad, Ramón se da cuenta de la existencia de estos movimientos, también porque le resultaban cercanos.

-¿Podían imaginar que la transición iba a tener el resultado que tuvo?

-Era inimaginable, pues todo era muy complicado y difícil. A quien no se le ha pagado, ni se le pagará nunca la gran misión que tuvo, es a Adolfo Suárez. Creo que hay dos hechos importantes en la historia de España de aquella época, por un lado la capacidad de Suárez para ir alterando la norma sin salirse de la ley, y por otro lado la renuncia de Felipe González al marxismo y la entrada del PSOE en la socialdemocracia.

-Los políticos de la transición, ¿eran más idealistas que ahora?

-Al político entonces se le valoraba, sobre todo, por sus amistades en Madrid para poder hacer cosas en su pueblo. De esos era Antonio Gómez Picazo, un político de una inteligencia excepcional y formación fuera de lo común, muy bien relacionado. La gente del movimiento lo criticaba muy duramente, porque fue el primer presidente de la Diputación que tomó posesión con camisa blanca, los anteriores lo habían hecho todos con camisa azul. Eso, dicho ahora despierta una sonrisa, pero entonces era de un valor incalculable para aquellos que nos sentíamos antifranquistas. Aquel día, tras la toma de posesión que fue en el Hogar de la Falange, en un edificio donde ahora está Simago, los más franquistas cantaron el 'cara al sol' en represalia a su camisa blanca. Antonio Gómez Picazo coincidió con un alcalde, Gonzalo Botija, que a pesar de ser consejero nacional del movimiento, era un hombre que también descubrió por dónde venía la cosa.
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