Son las chispas que desprende el último trozo que se separa de Serbia y de lo que fue la antigua Yugoslavia. «El día ha llegado y desde este momento Kosovo es soberano, independiente y libre», declaró el primer ministro y ex jefe guerrillero, Hashim Thaci, ante el Parlamento. «Éste es el día más importante de nuestra historia», proclamó.
Es cierto, porque Kosovo empezó a existir oficialmente sólo ayer, y no con todas las bendiciones. Desde 1999 era un territorio administrado por la ONU, después de medio siglo de provincia autónoma dentro de Yugoslavia, y después de siglos de pasar de mano en mano como región remota del imperio romano, el bizantino, la Gran Serbia medieval, Bulgaria, el imperio otomano, Albania y hasta la Italia fascista. La mayoría étnica albanesa, con aspiraciones nacionalistas desde hace décadas, ha logrado tener su propio estado.
Tutela internacional
Thaci siguió la agenda prevista y convocó a las tres de la tarde una sesión extraordinaria del Parlamento. En su discurso recordó a los que han dado su vida por Kosovo. Repitió su gratitud a la ONU, EE. UU. y UE, que Kosovo es «un caso único», para obviar las trabas legales, y que es «para todos sus habitantes», con especial respeto a las minorías. La referencia a la comunidad serbia fue constante, al igual que el deseo de tener «buenas relaciones» con Belgrado.
La petición más importante fue hacia el resto del mundo, para que reconozcan Kosovo. Hubo, por supuesto, pasajes emotivos: «Al igual que mis padres y mis abuelos me enseñaron lo que significa ser un kosovar, os pido que expliquéis a vuestros hijos y nietos el significado de este día».
A las 15.50 horas, quedaba aprobada entre aplausos, por los 109 votos posibles, la independencia bajo tutela internacional y siguiendo el plan que en el 2007 planteó el mediador de la ONU, Martti Ahtisaari. Fue un plan rechazado por los serbios y que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no llegó a aprobar por la amenaza de veto de Rusia. Tras un año de bloqueo y nueve desde la guerra, un tiempo que no ha hecho más que aplazar el problema, Kosovo ha dado el paso por su cuenta.
Es un paso muy meditado, muy trabajado a nivel diplomático, pero aún incierto. La enorme alegría de los albaneses de Kosovo y lo pequeño del territorio, más o menos como la provincia de Zamora, contrasta con la onda expansiva de preocupación que se extiende en todo el mundo. Kosovo nace apadrinada por la UE, y no toda, y EE. UU., pero en contra de Serbia, naturalmente, Rusia y la ley internacional. Este revuelo se debe a que la secesión más o menos autorizada de un estado democrático y soberano, miembro de la ONU, crea un extraño precedente. Son muchos los territorios nacionalistas o con minorías salpicados por distintos países que ahora levantan la mano para ser los próximos. Ayer lo hicieron las regiones de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia; el enclave armenio de Nagorno Karabaj en Azerbaiyán; la minoría húngara de Rumanía,... y hay más casos en Moldavia, Chipre, Irak o en la misma España. Y ayer sólo Costa Rica reconoció a Kosovo, poco para empezar. No se sabe cómo se moverá la ONU. Tras calentar el problema con retórica, se abre una nueva fase de pasos reales.
Incidentes en Serbia
Más de una veintena de personas, la mayoría de ellos policías, resultaron heridos ayer durante una protesta contra la independencia de Kosovo frente a la Embajada de Estados Unidos en Belgrado. Los manifestantes, unos centenares de jóvenes que gritaron lemas ultranacionalistas, lanzaron piedras y antorchas contra el edificio de la Embajada, y destruyeron semáforos, señales de tráfico, vehículos y contenedores de basura en la zona antes de ser dispersados.







