
En este libro, Manuel Requena presenta una visión de Yeste a la altura de 1930 como un municipio eminentemente agrario, con escasos recursos, ya que una gran parte de sus tierras no eran de cultivo y su riqueza desigualmente repartida. En concreto una sociedad muy desigual y con un exceso de población ya que superaba los diez mil habitantes, generándose paro y hambre.
La minoría adinerada representaba el 1% que controlaba un tercio de la riqueza del pueblo, mientras que la gran mayoría (70%) eran jornaleros que parte del año no tenían suficiente para comer. Este pueblo estaba dominado por la familia de los Alfaro desde hace más de veinte años. Todo se resolvía por su mediación ya que así se asumía socialmente.
Fue durante los cinco años de la II República cuando se produjeron cambios relevantes en la sociedad yestana que ponen de manifiesto que hubo un proceso de modernización en esta zona rural, aunque tuviera menos intensidad. Se aprecia una movilidad política y social entre los ciudadanos que dio lugar a la creación de cuatro partidos políticos con militancia (Acción Popular, Partido Republicano Radical, Acción Republicana y el PSOE) y la formación de organizaciones laborales promovidas por los patronos como la de los propietarios agrarios, Unión Agraria y la creada por los trabajadores, el sindicato Unión General de Trabajadores y la Federación Española de Trabajadores de la Tierra. Los intereses políticos y sociales se resuelvian al margen de las relaciones caciquiles, defendiendo cada grupo o partido sus intereses.
Perdura la figura caciquil de los Alfaro, familia monárquica que se pasó al republicanismo tras el 14 de abril. Sin embargo, el caciquismo perdió poder, modificó su comportamiento y se integró en las fuerzas republicanas para frenar el proceso de cambio. Pero las relaciones de favor aún permanecieron como se aprecia en el apoyo electoral hacia su candidatura que ahora era republicana y gubernamental que alcanzó un porcentaje superior al 70% de los votantes en las diversas elecciones. Controló el Ayuntamiento desde el comienzo de la República hasta marzo de 1936 en que fue cesado por el Gobernador civil, para entregar el control a los socialistas.
Radicalismos
Tras la victoria del Frente Popular se formó un gobierno republicano de izquierdas. El gobernador de Albacete en vez de reponer el Ayuntamiento elegido en 1931 que estaba regido por los amigos del cacique Alfaro, nombró una Comisión Gestora dirigida por un socialista. Esta inició gestiones para solucionar la puesta en regadío de tierras de secano y resolver el gran paro existente. Los campesinos se habían radicalizado por la influencia de algunos líderes de la FETT y habían comenzado a ocupar tierras en muchas provincias. En Yeste invadieron tierras de los Alfaro reivindicando trabajo. La Guardia civil detuvo a varios campesinos en la Graya el 28 de mayo y los traslado al dia siguente hasta Yeste a pie, siendo rodeada la comitiva a lo largo del trayecto.
Cuando se estaba liberando a los presos se inició un intercambio de insultos, golpes y disparos entre la Guardia Civil y los campesinos que dio como resultado un balance inicial de muertos de uno de la Benemérita y seis campesinos. El resto fue responsabilidad de la Guardia Civil que los buscó y mató, ascendiendo a once más. En total se registraron 18 muertos y 30 heridos.
La Guardia Civil impuso el terror en la zona y se negó a abandonar Yeste. De momento el gobernador envió a guardias de asalto para que con su presencia moderase la actitud de la Benemérita. Esta mantenía una actitud amenazante que se reflejó hasta con los parlamentarios que se desplazaron a Yeste, según relato de José Prat en las Cortes. Esta además se negó a ser sustituida por guardias de asalto a finales de mayo, tal vez por que estaban ya comprometidos con la sublevación militar que se produciría el 19 de julio en Albacete capital.
Situación comprometida
La matanza de 17 campesinos y un guardia civil en Yeste ponía al Gobierno de Frente Popular en una situación muy comprometida. Este venía sufriendo ataques continuados desde la derecha antirrepublicana y desde la izquierda obrera. A ello se añadía la postura radical mantenida por Largo Caballero, las Juventudes Socialistas y el Partido Comunista. Largo Caballero no apoyó la realización de una interpelación en las Cortes al gobierno que hubiese provocado dimisiones y era lo que deseaba la derecha para poner en funcionamiento la insurrección militar que estaba en marcha.
Estos graves sucesos estuvieron a punto de provocar una crisis en el Gobierno del Frente Popular durante el debate en las Cortes. Ello no sucedió porque se impuso la táctica de moderación entre el sector más izquierdista de los grupos políticos, pactando un acuerdo con los republicanos de izquierdas.







