
-El título de su libro sorprende ¿Qué relación guardan los hijos con los pimientos de padrón?
-Pues, como los pimientos, hay hijos que pican y otros que no. Se pueden tener cuatro hijos y que sólo te pique uno. También te encuentras con padres a los que les pica un suspenso o con padres a los que les pica una mentira.
-¿Qué reacción pretende entonces provocar en quien lo lea?
-En O ´Belén hemos visto ya más de 5.000 casos de chicos con problemas de comportamiento. Con el libro, pretendo prevenir e intervenir en los casos necesarios. Quiero que el padre sea el terapeuta.
-¿Qué lleva a un niño a ser problemático; a pegar incluso a sus padres?
-El libro lo divido en 25 capítulos dedicados a los hijos, 25 a los padres y 10 a «los otros».Y es que en los niños también influye mucho la informática, la televisión, el grupo de amigos Hay factores que escapan de las manos de los padres. No sabemos cuánto hay de genética y cuánto de ambiente social en los problemas de comportamiento. Eso sí, para educar necesitamos a toda la tribu. Educamos todos: los padres, la vecina, los ayuntamientos El problema está en que no queremos que los niños sufran y no dejamos que aprendan a superar las frustraciones. Si se le muere el perro y ponemos otro en su lugar de inmediato, no le dará tiempo a valorar la despedida.
-¿Ha visto factores que se repitan en esos cinco mil casos tratados?
-Ni el divorcio de los padres, ni la clase social... la incomunicación, las faltas de respeto No, no hay un factor único y común. El libro habla de la paga, del síndrome del mayordomo, es decir, de ese padre que está al servicio del hijo.
-¿En este libro está la solución para los padres desesperados?
-No hay un niño igual, pero les digo que es bueno dialogar. Los padres deben supervisar y poner límites a sus hijos, que no vean la tele o naveguen por Internet solos. El libro tiene que ser el vino para el pimiento, para el hijo que pique. La sociedad no te comprende; hace que te avergüences cuando tu hijo te pega o te falta al respeto. Hay que saber decir no; tener de todo no va a hacer feliz a tu hijo.
-¿Cuándo empezaría a poner los límites al niño?
-Desde el principio. Por ejemplo, si tenemos gemelos, cuando bañamos o le damos de comer primero al que más llora, para que se calme, ya estamos sentando un mal precedente, porque no estamos premiando al que calla. El niño no puede coger el poder. Las depresiones infantiles se producen porque se lo damos todo.
-¿Dónde se puede conseguir el libro? ¿Es su primera experiencia?
-El libro está en cualquier librería y, aunque es mi primera experiencia para todos los públicos, ya había escrito otros por encargo.









