
-No, hay de todo y siempre ha habido de todo. Siempre ha habido escritores dispuestos a prostituirse y escritores que a lo único que están dispuestos es a dar lo mejor de sí mismos. Yo soy de los que pienso que cuando el escritor empieza a preocuparse demasiado por si su literatura es comprensible o no lo es, si conecta o no conecta, es el momento en el que se ha muerto. El escritor lo que tiene que ser es leal a sus obsesiones, a sus preocupaciones y, a partir de ahí, intentar hacer lo que tiene que hacer con su peculiar forma de escribir, y nada más.
-¿Cómo acepta un escritor los pocos niveles de lectura que hay en España? A mí me sorprende que escritores de su talla se sienten día a día, mañana a mañana, frente al ordenador, sigan escribiendo artículos, novelas
-Eso que dicen algunos escritores que afirman que escriben para que los quieran y que lo hacen porque hay otra persona que los lee, todo eso es falso. El verdadero escritor escribe porque no puede hacer otra cosa, porque es su maldición, su condena Tiene que escribir porque no sirve para otra cosa, porque no puede entender la vida sin la escritura, porque es su forma de estar en la vida y, en ese sentido, si mañana se dejaran de editar libros yo seguiría escribiendo, pero no se van a dejar de editar porque, lo mismo que hay personas que sentimos la necesidad de contar historias, siempre habrá personas que sientan la necesidad de que se las cuenten, porque forma parte de la naturaleza humana, porque, a fin de cuentas, nuestro paso por la tierra consiste en que nos cuenten y en contar experiencias sobre este paso. Todo lo demás no dejan de ser elementos accesorios a la creación literaria o artística.







