
Así, Jesús Ortega entregó las encuestas a 400 alumnos con edades comprendidas entre los 8 y los 11 años. No hubo confesiones preocupantes, pero sí se vio que el tramo de edad más conflictivo era el de 10 y 11 años. En estas edades era más frecuente la agresión física -puntual- de niños que actúan en solitario. Eso sí, la escena no iba más allá de una patada o un empujón y ni se repetía contra el mismo chico ni llegaba a más.
De 400 niños, sólo diez confesaron haber sufrido alguna agresión puntual en el escenario de una pelea o enfado en el patio. No obstante, Ortega explicó que el patio es la única zona del centro educativo donde el control de los maestros puede ser menor. Un empujón en el aula, por ejemplo, no escaparía ni a la vista ni a la llamada de atención del docente. De todas formas, un dato que se ha confirmado en estas encuestas es que las niñas no agreden ni física ni verbalmente. Los episodios siempre los protagonizan los niños.
Dentro de estos alumnos de Primaria, los mayores son más tendentes a la agresión verbal y los menores, por falta de habilidades y de madurez, recurren al empujón o a la agresión física. Por este orden, los alumnos confesaron que la agresión más frecuente era la verbal, seguida de la física y, muy por debajo, la exclusión y las burlas, capítulo este último en el que el niño busca la diferencia para agredir al más débil.
También hay que tener en cuenta que cuanto más pequeño es el niño más facilidad tiene para dirigirse a su tutor y contarle qué le pasa o quién le molesta. Para Jesús Ortega, el problema está en el instituto, en la adolescencia.
En opinión del director del Colegio Público Ana Soto que se diera un caso de acoso escolar en su colegio sería muy difícil, pero «pienso que se detectaría muy rápido porque siempre estamos alerta». A su juicio, «el nivel de conflictividad es muy bajo».
Como curiosidad cabe señalar que los niños han dicho en esta encuesta que lo que más les molesta en la agresión verbal es que se metan con su familia.
Medidas
Cabe recordar que la provincia de Albacete ha puesto en marcha todos los mecanismos para prevenir el acoso escolar. La prohibición de móviles en la mayoría de los institutos, para evitar grabaciones, o los planes de convivencia, para aprender a resolver los conflictos, son sólo un ejemplo de las numerosas iniciativas que ya están en marcha. Sin embargo, aún se desconoce dónde y en qué grado comienza el acoso escolar. Se habla de poca o nula violencia en Infantil y Primaria y de casos puntuales en Secundaria.
Precisamente, estas encuestas, de las que ahora se están conociendo los resultados, nacen de un proyecto avalado por el Centro de Profesores y Recursos y por la Comisión Coordinadora de Directores.
Esta iniciativa, enmarcada dentro del proyecto de innovación educativa Escuelas para la paz, pretende diagnosticar el grado de acoso escolar que sufren los alumnos de Primaria y prevenirlo, de ahí que se haya ideado esta encuesta, para que puedan contestar en el anonimato más de 14.000 alumnos de entre 8 y 11 años. Los niños han podido confesar así cuántas veces se han sentido maltratados por otros compañeros y si la agresión ha sido física, como una colleja o una patada, o psicológica, ya sea con pintadas, insultos, motes o burlas.
Aunque la iniciativa nazca en el ámbito escolar, se enmarca dentro del proyecto de modificación de tiempos escolares Albacete, ciudad educadora. Por tanto, el objetivo no es sólo diagnosticar el grado de violencia que hay en las aulas, también evitar que ésta pase del colegio al instituto. De momento, faltan 38 resultados de 40.







