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Cultura

FERNANDO SAVATER FILÓSOFO
Creencias, costumbres y orden público «Hay muchísimas personas dispuestas a crucificarme»
«Los libros son como una especie de jardín privado donde me voy a descansar », dice el pensador, que hoy participa en Cajamurcia en el ciclo 'La nueva Torre de Babel'
09.10.07 -
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Creencias, costumbres y orden público «Hay muchísimas personas dispuestas a crucificarme»
LECTOR VORAZ Y FILÓSOFO METIDO EN POLÍTICA. Fernando Savater hablará hoy en Murcia de una de sus grandes pasiones: los libros. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
-¿Tenemos algún derecho a prohibirle a una mujer musulmana que vaya por nuestras calles con un burka en toda regla?

-Si es necesario por razones de orden público y de respeto a los derechos humanos, sí. Igual que en nuestra sociedad nos encontramos con la lamentable tradición del macho que le pega una paliza a la mujer cuando le levanta la voz, y a nadie se le ocurre darle un valor cultural que merece ser conservado, sino todo lo contrario y para eso la combatimos mediante leyes y educación, está claro que tenemos que hacer lo mismo con la dimensión bárbara de otras religiones o culturas.

-¿Dónde poner el límite a la tolerancia?

-La medida son los límites constitucionales y del Estado de Derecho. Las leyes laicas siempre tienen que estar por encima de las religiosas, y si se ve que hay alguna violación de derechos fundamentales o se pone en peligro la seguridad ciudadana, pues naturalmente que no hay precepto que valga.

-¿Tiene alguna fórmula para combatir el fanatismo?

-No, ni yo ni nadie. Tenemos que estar siempre prevenidos. El filósofo y escritor Fernando Savater acaba de entrar en la aventura política con la creación del nuevo partido Unión, Progreso y Democracia (UPD). En esta entrevista habla de su nueva ocupación, de libros y de convivencia.

-¿Qué culpa le echamos a los libros de que sea usted como es?

-Se les puede echar casi toda. Mis mayores experiencias, mis mayores emociones y mi aprendizaje vienen, fundamentalmente, de los libros. Es cierto que los libros también te limitan, porque te impiden otro tipo de vida, pero ese es el camino que he elegido.

-¿Qué encontró en ellos que le fascinó tanto?

-Lo que yo he llamado la multiplicación del alma. Todos vivimos una vida forzosamente limitada, estrecha, y en cambio los libros nos abren un mundo de posibilidades diferentes: vidas virtuales, sentimientos, ideas... La capacidad que tienen de multiplicar el alma es fascinante.

-¿Lo han salvado de muchas cosas?

-Para empezar, del aburrimiento, que es uno de los grandes peligros.

-¿Y le han complicado a veces la existencia?

-Ya al propio Don Quijote los libros le complicaron bastante la vida. Supongo que el conocer más cosas nos pone más en el vértigo de querer vivir otras experiencias y nos introduce, también, una cierta insatisfacción.

-¿Mejor la insatisfacción que la ignorancia?

-Yo pienso que sí, desde luego.

-¿Se refugia en ellos cuando quiere huir?

-Bueno, cuando estoy preocupado o angustiado, me meto dentro de un libro y durante un rato me oxigeno. Los libros son como una especie de jardín privado donde me voy a descansar y a estar un rato relajado fuera del mundo y de sus batallas.

-¿La realidad a secas es demasiado pobre?

-La realidad es muy rica, pero nosotros, lamentablemente, sólo tenemos acceso a una pequeña parte de esa realidad. La vida es muy corta.

Cambiar las cosas

-¿Por qué se complica usted cada vez más la vida? Ahora, por si tenía pocos frente abiertos, se mete en la aventura política.

-La gente vive unas vidas, voluntariamente elegidas así, extraordinariamente aburridas y pobres. Había una descripción muy bonita del burgués que decía: el burgués es la persona que está satisfecha con lo que es y nunca está satisfecha con lo que tiene. Creo que la mayoría de las personas que nos rodean viven con una constante insatisfacción con lo que tienen, y en cambio muy satisfechos con lo que son. Yo, en cambio, siempre he vivido muy contento con lo que tengo y muy insatisfecho con lo que soy; me gustaría hacer muchas más cosas.

-El caso es que podría llevar una vida menos complicada.

-Un poquito más tranquila, sí. Puede que se me haya ido un poquito la mano.

-Usted parece molestar a todo el mundo: si defiende la asignatura de Educación para la Ciudadanía, unos dicen es un rojo encubierto; si habla de España y su bandera, otros señalan que se está usted volviendo un conservador peligroso...

-La gente se pasa la vida clasificando a las personas pero no discutiendo las ideas. Mire, yo seré un ciempiés o un demonio colorado, pero estoy diciendo cosas para que usted argumente. Toda la vida he encontrado muchas personas dispuestas a crucificarme y muy pocas a dar argumentos en contra de lo que estoy diciendo.

-¿Cuál sería la idea fundamental que defiende su nuevo partido: Unión, Progreso y Democracia (UPD)?

-La más básica y elemental: la idea de igualdad. Nosotros creemos que la democracia surge de esa idea básica de la igualdad entre todos los ciudadanos, y esa igualdad no puede estar mediatizada por en qué parte de España uno ha nacido o a qué comunidad pertenece, o cuál es tu religión o tu falta de religión...; todo lo que suponga una desigualdad aceptada lo combatimos.

-Hay mucha gente que está muy molesta con el nacimiento de este nuevo partido.

-Yo no sé por qué la gente se enfada con nosotros. ¿No van a sacar ningún voto, no van a sacar ningún voto!, dicen. Bueno, pero, oiga, no nos regañen. Compadézcame, pero no me regañe.

-¿Confía en que obtendrán un buen resultado electoral?

-Rosa (Rosa Díez) cree que vamos a sacar mayoría absoluta (risas). Pero, vamos, yo me conformo con que haya ya un montón de gente de los otros partidos que están repitiendo cosas que nosotros decimos.

-No hace mucho tiempo que está en las librerías La vida eterna, ¿para qué escribió usted este libro?

-Para reflexionar. Creo que la reflexión siempre es un buen arma contra las intransigencias y las intolerancias, hoy tan extendidas entre nosotros.

-¿Cómo define los dogmas?

-Como muros, como barreras contra los que te partes la cabeza sin más remedio. Un dogma no tiene resquicios y eso para alguien que, como a mí, le gusta navegar es bastante frustrante.

Crédulos

-¿Se puede tener fe sin caer en la ceguera?

-No, la fe es ciega porque si no, no es fe.

-¿Hay fe con matices?

-Yo distingo en La vida eterna entre fe y credulidad. La fe tiene muchas contraindicaciones, porque implica desconfianza en la razón y quiere ir más allá de lo que la razón nos permite. Pero peor aún que la fe es la credulidad, porque la credulidad es cambiar las razones por lo que nos agrada, lo que nos interesa, lo que nos halaga. Creo que nuestro mundo es un mundo mucho más de credulidad que de fe, y la credulidad es un mal mayor que la fe.

-¿Qué es lo que más le inquieta o sorprende del fenómeno religioso?

-Hace cincuenta años pensábamos que la religión era una cuestión que ya había pasado al ámbito privado, que interesaba o que no interesaba, pero a nivel individual. Hoy volvemos a ver que la religión se convierte en un motor social que, incluso, a veces lleva a cometer actos terroristas o practicar formas de intransigencia y de enfrentamiento. En el mundo de hoy hay un montón de conflictos que de una u otra manera tienen un referente religioso.

-¿Qué piensa cuando ve que el amor al prójimo deriva en la aniquilación del prójimo?

-La religión siempre ha tenido esas dos vertientes. Por un lado, es capaz de suscitar las mayores muestras de sacrificio, de devoción y de entrega; y, por otra parte, fomenta la intransigencia y la persecución. La religión es capaz de lo mejor y de lo peor. Ese es el problema de la religión: es una droga y antes de tomarla no sabemos si nos vamos a convertir en Jekyll o Hyde.

-¿Dónde cree que debería enseñarse la religión?

-En las parroquias, en las mezquitas, en las sinagogas. Nunca en una escuela dentro de la enseñanza pública.

-¿Usted cree que en países occidentales como España realmente es posible la convivencia pacífica y el entendimiento con el Islam?

-Por supuesto que sí. Todas las religiones, si se convierten en un derecho de cada cual y no en un deber de todos, pueden convivir perfectamente. El problema es cuando una religión cree que puede dictar normas a toda la sociedad, creyentes o no; con ese tipo de religión no se puede convivir democráticamente. Otra cosa es que las religiones asuman que hablan sólo para sus fieles y que no pueden pretender convertir en crímenes lo que ellas consideran pecado.


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