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Margarita y Modesta, dos consuegras centenarias que viven juntas en Toledo

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Margarita y Modesta, dos consuegras centenarias que viven juntas en Toledo

Toledo, 28 oct (EFE).- A los hijos de Valle Cervantes, de 5 y 8 años, les gusta decir que tienen dos bisabuelas con tres números en su edad. Porque Margarita y Modesta, las bisabuelas, son dos mujeres con carácter, que viven juntas y que tienen 101 y 103 años: en realidad, Modesta cumplirá 104, el día 4 de noviembre.
Modesta Moreno y Margarita Gómez son dos mujeres de temperamento, que no han sido amigas, aunque siempre se han "respetado"; que se conocen desde hace medio siglo, cuando César -el único hijo de Margarita- y Paula -uno de los cuatro hijos de Modesta- se hicieron novios, y que ahora, ya centenarias, viven en la misma residencia.
Modesta nació el 4 de noviembre de 1908 en El Carpio de Tajo (Toledo) y Margarita el 9 de junio de 1911 en Villafranca de los Caballeros (Toledo), pero las dos han vivido la mayor parte de sus vidas en Toledo, ciudad en la que nacieron Paula y César.
Las dos bisabuelas centenarias viven en la misma residencia desde que cumplieron 99 años y allí acuden cada día, sin que falte uno, César y Paula, que en una de sus visitas han estado acompañados por EFE.
La relación entre estas consuegras centenarias la resume con una sonrisa César: "Han sido como dos trenes grandes que van a gran velocidad y que están a punto de chocar..., pero siempre se han respetado", explica.
El fuerte carácter de Modesta aún se refleja en su rostro, aunque la sordera le impide comunicarse de forma más activa con el exterior.
"Su madre, o sea mi abuela, también era una mujer muy recta. Y ella es igual que su madre, nos sigue mandando y ordenando a todos aún hoy", explica su hija.
Paula Vadillo, la hija de Modesta y la nuera de Margarita, nunca pierde la sonrisa y de otros tiempos de su madre recuerda la alegría que tenía, lo que le gustaba cantar y bailar y su coquetería.
La gran afición de Modesta, que enviudó de Leandro hace cuarenta años, fue la costura y ya tenía 60 años cuando aprendió corte y confección para hacer ropa a la familia.
Cuando Paula habló a su madre de César por primera vez, hace 45 años, ella le dijo que ese chico le gustaba "por el trato" que daba a sus padres.
Y es precisamente este trato, cariñoso, el que marca la relación de César Cervantes con su madre Margarita, una mujer que "se ha roto el pecho por la familia porque para ella la familia es lo más sagrado", destaca el hijo, y que ahora, después de sufrir una trombosis cerebral, solo mantiene comunicación con su hijo.