Aníbal de la Beldad
Los Pozuelos (Ciudad Real), 12 feb (EFE).- El Martinete, una espectacular fundición de hierro de grandes dimensiones construida en el siglo XIX, que después se convirtió en central hidroeléctrica, es una de las grandes y escasas joyas del patrimonio industrial español sobre la que recae la amenaza del paso del tiempo y el olvido.
Situado a la orilla del río Guadiana a su paso por la provincia de Ciudad Real, este complejo fabril, por su monumentalidad arquitectónica, es único y un claro ejemplo del proceso de industrialización que vivió España a lo largo del siglo XIX.
María del Carmen Arcos Domínguez y Manuel Molina Cañadas, arqueólogos de la empresa CLM Arqueología, han dedicado mucho tiempo a profundizar en el conocimiento de este olvidado gran conjunto industrial, que se localiza en el término municipal de Los Pozuelos de Calatrava.
Su proyecto de investigación no sólo ha aportado datos sobre esta ferrería-fundición, sino que, ha servido para poner en valor la importancia que para el patrimonio etnológico e industrial de Castilla-La Mancha tiene El Martinete.
Sus últimas investigaciones han permitido determinar que el origen constructivo del complejo se debió al interés por invertir en negocios del senador Francisco Pérez Crespo (San Andrés de Rasines, Santander, 1810), un hombre que formó parte de la burguesía madrileña y que se dedicó a invertir en propiedades surgidas de las desamortizaciones.
Su conocimiento del ámbito industrial, un sector muy desarrollado en el norte peninsular, de donde era natural, le llevó a construir entre 1840-1842 esta ferretería.
Su posterior desaparición como ferrería, dio paso a la instalación de una central hidroeléctrica, que fue explotada en torno a 1920 y que mantuvo su actividad hasta 1963, momento en el que se abandonaron las instalaciones y la vegetación empezó a apoderarse del lugar.
El Martinete, explican Manuel Molina y Carmen Arcos, "es un complejo fabril de carácter monumental que se concibe como una verdadera colonia industrial, donde el empresario comienza a pensar en la fábrica no sólo como un lugar de trabajo, sino como un lugar de vida".
Por ello, se pueden identificar varias áreas constructivas que incluyen desde el edificio principal con zonas de vivienda, jardines, patios y almacenes, a otras donde se encontraba el área industrial propiamente dicha, formada por carboneras, forjas y hornos.
En el complejo se observan grandes obras de ingeniería arquitectónica como una presa de retención del agua y un canal de distribución; además de otras instalaciones externas al edificio como almacenes, caballerizas, viviendas para obreros, tejera u hornos para la elaboración de carbón vegetal, además de la central hidroeléctrica.
La ferrería también cuenta con "un gran horno alto", hecho que supone la utilización del método indirecto en la producción del hierro, y que, hoy en día, aún es una de las grandes joyas del complejo fabril.
A pesar del empeño empresarial, esta iniciativa, como factoría acabó teniendo escasa actividad, como revela que a finales del siglo XIX (1880- 90) fuera desmantelada y retirada toda su maquinaria.
Según Molina y Arcos se desconocen las causas reales de su desmantelación, aunque, estos opinan que pudo deberse a una crisis del sector metalúrgico, unos elevados costes de transporte de los materiales empleados en la producción o, simplemente, que la fábrica no dio los resultados esperados.
La segunda década del siglo XX, permitió volver a ocupar estas instalaciones y reutilizar la fábrica como central hidroeléctrica hasta 1963, momento en que se cerró definitivamente.
El complejo ha pasado desde sus orígenes por distintas manos privadas -aún hoy está en manos privadas-, y aunque ha habido tímidos intentos de recuperar y consolidar el inmueble, sigue sin contar con ninguna figura de protección.