Santiago de Chile, 9 feb (EFE).- El presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, nombró hoy a un equipo económico que garantiza la continuidad del modelo económico de mercado vigente en el país desde hace dos décadas, con el que se propone optimizar el crecimiento y el empleo y mantener las políticas sociales.
El equipo, encabezado por Felipe Larraín en el Ministerio de Hacienda, está compuesto por independientes que colaboraron con el mandatario electo en la elaboración de sus programas desde centros de estudio vinculados a la derecha y destacan como expertos en sus respectivas áreas.
Piñera, que al frente de una coalición de derecha ganó la Presidencia de Chile el pasado 17 de enero, cuando se impuso en segunda ronda al oficialista Eduardo Frei, prometió durante su campaña elevar el crecimiento económico hasta el 6% y crear un millón de empleos.
También abogó por la flexibilización del mercado laboral con "buenos empleos y sueldos dignos" y la simplificación de los trámites para la creación de nuevas empresas.
El perfil de Larraín, un independiente de 51 años, es asombrosamente similar al del actual ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Como él, es doctorado en Economía por la Universidad de Harvard, de la que también ambos han sido profesores.
Para José Jara, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), en el Gobierno de Piñera, que arrancará el 11 de marzo próximo, "va a continuar el modelo de mercado; el carácter diferenciador del futuro Gobierno estará en el énfasis que haga en determinadas políticas sociales".
En el Ministerio de Economía estará Juan Andrés Fontaine, también independiente aunque cercano a la Unión Demócrata Independiente (UDI), un economista de 55 años, máster de la Universidad de Chicago, que fue gerente de Estudios del Banco Central en los años 80 y ha sido analista y director de empresas.
Según la prensa especializada, Sebastián Piñera se propone fortalecer el papel del Ministerio de Economía, cuya función radica principalmente en la elaboración de políticas sectoriales, área en la que Piñera quieren implementar la mayoría de las reformas microeconómicas y reguladoras como, por ejemplo, agilizar la creación de nuevas empresas.
En el Ministerio de Obras Públicas estará otro independiente: Hernán de Solminilihac, actual decano de Ingeniería de la Universidad Católica, con un doctorado de la Universidad de Texas, Austin.
También ocupará el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones otro economista de perfil independiente, Felipe Morandé, actual decano de Economía y Negocios de la Universidad de Chile y ex funcionario del Banco Central, quien tiene un máster en la Universidad Católica y un doctorado en la Universidad de Minnesota.
Al frente de la cartera de Energía estará Ricardo Raineri, también sin militancia política, profesor de Ingeniería Industrial y Sistemas de la misma universidad, donde también cursó una maestría, y que es graduado por la Universidad de Minnesota.
Por último, el Ministerio de Minería lo dirigirá Laurence Golborne, un independiente de 48 años, ingeniero civil industrial, que ha desarrollado su carrera en la generadora de electricidad AES Gener y en el consorcio empresarial chileno Cencosud.
Sebastián Piñera ha prometido también mantener los programas sociales impulsados por la socialista Michelle Bachelet, que en el ámbito financiero dejará a su sucesor 20.000 millones de dólares en fondos soberanos y activos financieros.
La economía chilena se contrajo, según datos preliminares, un 1,7% en 2009, a causa de la crisis, de la que está saliendo, como lo demuestra el crecimiento interanual del 3,9% que anotó la actividad el pasado diciembre.
La proyección oficial para este año es de un crecimiento de entre 4,5 y 5,5%, mientras en materia de empleo, se situó en un 8,6% en el trimestre octubre-diciembre, lo que redundó en una tasa promedio del 9,7% en 2009.
Con un gasto público del 4,3%, un déficit fiscal del 1,1 por ciento del PIB y 7.800 millones de dólares de endeudamiento previsto, el futuro presidente, según los analistas, tendrá además recursos para cumplir con sus promesas más atrayentes: la reactivación económica y la creación de empleo.
Tendrá, eso sí, un duro desafío en la distribución del ingreso, que es una de las peores de la región y que los gobiernos de la Concertación no lograron mejorar.
Según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en Chile el 10% más rico de la población se lleva el 47% de los ingresos, mientras que al 10% más pobre sólo le corresponde el 1,2%.
Ello, a pesar de que desde 1990 la pobreza se redujo de forma drástica, desde un 38% a un 13,5%, mientras el PIB se cuadruplicó, a 172.000 millones de dólares en 2008 y el ingreso por habitante, medido por paridad de compra, supera los 14.500 dólares. EFE