Un revolucionario profesional

Lenin./
Lenin.

Lenin.Era hijo de una familia de la nobleza, padeció destierro y fue periodista antes de llegar al poder

IRATXE BERNAL Y CÉSAR COCA

Cuando le preguntaron para un documento interno del partido por su actividad, respondió: «Revolucionario profesional». Una ocupación que parecía poco probable para uno de los seis hijos de un profesor de Física y Matemáticas y una descendiente de la alta burguesía alemana, que habían ingresado en la nobleza rusa en 1879. En aquel momento, Vladimir Ilich Uliánov, que pasaría a la Historia como Lenin, tenía nueve años. A los 17, cuando su hermano mayor fue ahorcado, acusado de participar en un intento de asesinato del zar, saltó la chispa que terminaría por encender la llama.

Lenin había superado el período escolar con las mejores calificaciones, pero ser hermano de alguien implicado en una conspiración de tal calibre le cerró las puertas de la universidad. Solo con una carta de recomendación del director del Liceo de Simbirsk, su ciudad natal -que, ironía del destino, era el padre de Kérenski- pudo cursar Derecho. Terminó la carrera con el mejor expediente de la promoción y empezó de mala gana una carrera profesional que no le dio satisfacciones: participó en unos pocos pleitos y los perdió todos.

Gobierno provisional
Tras conocerse la abdicación del zar, un grupo de diputados del Partido Democrático Constitucional (los 'kadete', burgueses liberales) y el social-revolucionario Kérenski (a título personal) forman un Gobierno en coalición con el recién formado Sóviet de Petrogrado. Los primeros son partidarios de continuar con la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial. El Sóviet, no. Las posiciones encontradas al respecto y la lentitud al afrontar reformas muy esperadas, como la agraria, causan una crisis y los primeros enfrentamientos armados de la revolución.

Ahí comenzó una trayectoria vinculada al periodismo y la revolución. Y a los viajes: tras un destierro de tres años en Siberia -por trabajar en una publicación clandestina- vivió en Ginebra, Zúrich, Londres, Leipzig, París, Cracovia... incluso en San Petersburgo durante una breve etapa. Con frecuencia, su esposa Nadia -un matrimonio en el que el amor nunca fue el ingrediente fundamental- y él cargaban con maletas repletas de tipos de letras cirílicas con los que componer los textos de las revistas y diarios en los que el futuro dirigente soviético lo hacía todo.

Dotado de una gran capacidad oratoria, con una pluma afilada y una capacidad para la maniobra y la organización fuera de lo común, Lenin parecía condenado a ser un intelectual que en sus ratos libres participaba en conspiraciones condenadas al fracaso. Para algunos de sus biógrafos era pedante, autoritario, agresivo y egocéntrico. Para otros, algunos de esos rasgos se debían a su gran superioridad intelectual frente a quienes lo rodeaban. Unos y otros coinciden en que nunca sintió el menor reparo ante el uso de la violencia -sin llegar a la dimensión que adquirió con Stalin- si con ella se construía o se defendía el Estado socialista.

Cuando llegó a Petrogrado en abril de 1917, para encabezar la Revolución, se vio sorprendido por la multitud que lo esperaba en la estación. Ni siquiera él era consciente de su prestigio entre la clase trabajadora rusa. Luego, la conquista del poder fue un ejercicio de estrategia: se trataba de aprovechar todas las facilidades que daba un régimen que se desmoronaba con estrépito. Por una vez -la revolución de 1905 lo cogió muy lejos de su país- estaba en el lugar exacto en el momento oportuno: por eso terminó bruscamente 'El Estado y la Revolución', de cuya redacción se ocupaba a finales de octubre de 1917, con una frase lapidaria: «Es más agradable y provechoso vivir la experiencia de la revolución que escribir sobre ella».

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