¿Quiénes fueron los primeros murcianos?

Excavación de uno de los hogares encontrados en el yacimiento de La Boja (Mula)./Joao Zilhao
Excavación de uno de los hogares encontrados en el yacimiento de La Boja (Mula). / Joao Zilhao

Los hallazgos realizados en distintos yacimientos de Mula arrojan datos relevantes a nivel mundial sobre el periodo Paleolítico completo, su clima, sus habitantes y sus costumbres

MARÍA JOSÉ MORENO

La Región ha sido lugar de paso y asentamiento de numerosas poblaciones a lo largo de la historia. El yacimiento de la Bastida (Totana), perteneciente a la cultura argárica, es uno de los poblados más extensos (4,5 hectáreas como estimación mínima) de los inicios de la Edad de Bronce en Europa continental y está considerado como uno de los asentamientos más importantes de la Prehistoria reciente europea. No es por tanto de extrañar que mucho antes de esa época, otros hubiesen ocupado la zona.

Era el año 2005 cuando el investigador portugués João Zilhão, del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), comenzaba a excavar en el yacimiento de Cueva Antón (Mula). Allí, ubicado en el embalse de La Cierva y tras varias campañas, se descubriría uno de los hábitats de época neandertal más relevantes de la Región. Este proyecto le sirvió para dar el salto a dos abrigos situados en Rambla Perea: Finca de Doña Martina y La Boja. Algo que, según el arqueólogo y profesor del Área de Prehistoria de la Universidad de Murcia, Ignacio Martín Lerma, sucedió «gracias a su gran intuición y a una enorme experiencia en excavaciones paleolíticas».

Señala que «Zilhão es, sin duda, uno de los grandes investigadores de la Prehistoria del momento. La investigación del Paleolítico en Murcia es un referente gracias a sus estudios en la zona de Mula. Su visión innovadora y su indiscutible trayectoria en este campo está arrojando mucha luz a todas esas incógnitas que rodean a los grupos que habitaron nuestra Región en el Pleistoceno».

Hace más de diez años, pues, que se está trabajando en ese enclave, siempre con la colaboración de la Universidad de Valencia -donde se encuentra el catedrático de Prehistoria Valentín Villaverde- y con la financiación de varios proyectos del Ministerio de Economía y Competitividad Español, de la Fundación Séneca y la Universidad de Murcia, así como con el respaldo del Ayuntamiento de Mula y el Museo El Cigarralejo. En el equipo, formado por especialistas de índole internacional, también se encuentran Josefa Zapata e Ignacio Martín, ambos de la UMU.

Estos yacimientos arrojan luz sobre un intervalo de tiempo durante el cual se dieron, de modo global, importantes transformaciones a nivel climático, geológico, biogeográfico y evolutivo que sentaron las bases del mundo actual. A lo largo de sus secuencias estratigráficas, se observa cómo las sociedades de cazadores-recolectores de tiempos no solo muy antiguos sino también muy diferentes se buscaban la vida: inicialmente, hasta hace unos 75.000 años, en el marco de climas y paisajes semejantes a los actuales (pero sin los cambios introducidos por la agricultura, la industria y la urbanización); después, en el contexto de los climas más fríos y secos y los paisajes consecuentemente más agrestes que caracterizaron la última época glacial, terminada hace unos 11.500 años.

Precisamente, Ignacio Martín Lerma destaca que «lo más importante de estos yacimientos es que si analizamos, en conjunto, las estratigrafías de Cueva Antón y de los yacimientos de Rambla Perea, tenemos ante nuestros ojos una secuencia temporal completa del Paleolítico Medio al Paleolítico Superior, y esto es algo único y excepcional. Por primera vez, de una manera tan detallada y en un mismo sitio, se obtienen datos de todo este gran periodo que abarca tantos miles de años».

Hacia las dos terceras partes de este recorrido, hace no más de 40.000 años y no menos de 35.000, se produjo un cambio en torno a la cultura material en relación con un evento de gran importancia como fue la desaparición de las poblaciones de neandertales. Teniendo en cuenta lo larga que había sido su trayectoria evolutiva -sus orígenes se remontan a los fósiles de hace medio millón de años encontrados en la Sima de los Huesos de Atapuerca- esa desaparición se muestra como un proceso repentino, algo misterioso, cuya explicación es desde hace más de un siglo objeto de interés persistente e inagotable.

Un interés más que justificado si se tiene en cuenta que las poblaciones que aparecen a continuación son aquellas que los científicos, por su parecido con la Humanidad actual en términos de morfología esquelética y fisonomía, han acordado designar como 'modernas', por ser las primeras que intuitivamente se reconocen como ancestros 'iguales a nosotros'. A ese respecto, «los yacimientos de la cuenca de Mula aportan un gran conocimiento sobre ambas poblaciones, la de los neandertales y la de los modernos», en palabras de Josefina Zapata, profesora de Antropología de la UMU.

Como explica Martín Lerma, «la excelente conservación de los vestigios arqueológicos se debe a dos circunstancias. Por una parte, el hecho de que los restos abandonados quedaban rápidamente enterrados bajo las arenas traídas por las crecidas (mecanismo que es fácil de entender recordando que las condiciones climáticas de la época eran parecidas a las actuales). Basta imaginar a la gente acampando en el lugar a principios de septiembre y, como suele pasar a día de hoy, una gota fría cayendo sobre la cuenca de Mula a finales de mes, trayendo consigo la inundación del abrigo y sepultando los restos dejados en el campamento abandonado días atrás».

«Por otra parte, está el hecho de que estos campamentos eran cosa de poca duración y poca gente, con lo que los vestigios no sufrían los efectos redistribuidores y homogeneizadores que, en un espacio restringido, son la inevitable consecuencia de la circulación de personas».

De los habitantes de esta zona de la Región se conoce que los grupos contaban con entre diez y quince miembros que buscaban lugares en los que resguardarse durante breves periodos de tiempo para posteriormente volver a moverse.

Por supuesto, el hecho de que ocuparan dichos lugares no era casualidad, sino que son vías de paso naturales ubicadas en lugares estratégicos, por su proximidad a fuentes de agua, acceso a fuentes de materias primas -sobre todo de sílex- o eran zonas de altura que ofrecían mucha visibilidad. El clima del momento era algo más cálido (dentro de los fríos paleolíticos) por lo que el Sureste, siempre se ha dicho, pudo ser el último refugio de los neandertales.

También cuenta Ignacio Martín que «las hogueras encontradas están aportando gran cantidad de información, ya que en otros yacimientos están alteradas y erosionadas, mientras que aquí se encuentran en muy buen estado de conservación. Datando los carbones que se encuentran en el interior de estas estructuras de combustión sabemos en qué momento cronológico nos encontramos y, por ejemplo, en el abrigo de la Boja hay más de 40 fechas radiocarbónicas».

En este momento también existe una gran expectativa en torno a otro yacimiento, emplazado en el Cañón de Almadenes, en la Cueva del Arco (Cieza), del que Ignacio Martín es codirector junto a Didac Román, de la Universidad de Barcelona. «Se trata de un lugar muy especial porque, tras un par de pequeñas campañas iniciales, podemos confirmar que se trata de un yacimiento único, ya que además de contener también una importante secuencia desde el Neolítico al Paleolítico Medio, en las paredes de la cavidad hay pintado arte paleolítico del Magdaleniense y del Solutrense. Aunque todavía no se sabe con exactitud lo que pueda aparecer en la próxima campaña (planificada para el próximo mes de septiembre), las expectativas son muy altas, ya que queda una gran potencia de sedimentos por excavar e, incluso, tenemos una cavidad completamente sellada que puede albergar más pinturas», apunta el profesor de la Universidad de Murcia.

A eso hay que añadirle el hecho de que ya se conoce que en este lugar existieron ocupaciones anteriores a la época de la que datan las pinturas, como por ejemplo del Gravetiense -con un hogar fechado que tiene 30.500 años- o piezas líticas que se asocian ya directamente a tecnología musteriense, propia de los Neandertales.

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