El origen del capitalismo

El protestantismo promovió una clase de industriales y comerciantes entregados al éxito de sus negocios

BORJA VIVANCO

No es casual que el origen del 'capitalismo moderno' se haya ubicado en territorios en donde el protestantismo, y en especial su versión más radical conocida como calvinismo, alcanzaron mayor grado de adhesión en los siglos XVII y XVIII. El protestantismo promovió una nueva clase de campesinos, artesanos, comerciantes y pequeños industriales honestos y entregados enteramente al éxito de sus negocios, que sentó las bases para la germinación de un rápido crecimiento económico, sobre todo en el centro y norte de Alemania, Países Bajos, Escocia o la costa oriental de Norteamérica.

A diferencia de la tradición católica, el protestantismo no interpreta la práctica de los sacramentos como un recurso para la salvación. Los seguidores de Martín Lutero y sobre todo de Juan Calvino descubrieron el camino hacia la redención en su responsabilidad en el mundo de los negocios, en el cultivo del emprendimiento, en la vocación artística o en la creatividad.

El fin último del empresario protestante no es enriquecerse. No es la avaricia lo que mueve a los discípulos de la Reforma, sino generar riqueza a través del esfuerzo, la vida austera y, naturalmente, un escrupuloso comportamiento ético. El radicalismo de algunos grupos protestantes forzó su exilio y su establecimiento en las colonias británicas de Norteamérica. Provocó el traslado, desde Europa, de un colectivo social, laborioso y sujeto a estrictos códigos morales, que lideraría la germinación y la consolidación de los Estados Unidos sobre los pilares de un nuevo modelo económico.

No es la avaricia lo que mueve a los discípulos de la Reforma, sino el afán de generar riqueza a través del esfuerzo

Sin embargo, de manera equivocada, se ha interpretado con frecuencia el origen y el primer desarrollo del capitalismo moderno desde una perspectiva puramente materialista. Persiste todavía hoy una imagen estereotipada tanto respecto a los 'hombres de negocios' que protagonizaron los albores del capitalismo como sobre los intelectuales que reflexionaron en torno a ello. Por ejemplo Adam Smith (1723-1790), que ha pasado a la historia como el padre del capitalismo, no fue un 'economista sin alma' como algunos siguen creyendo. Muy al contrario, Smith fue un filósofo moral y sobre todo un devoto calvinista escocés que supo establecer e interpretar con gran genialidad las nuevas relaciones comerciales.

La secularización de las sociedades industriales ha aminorado pero no ha hecho desaparecer los rasgos más sustantivos de la cultura económica y del trabajo que, de manera indirecta, la Reforma inspiró. El alemán Max Weber publicó en 1904 su obra 'La ética protestante y el espíritu del capitalismo', todo un clásico en el pensamiento sociológico y económico, además de ser la obra de referencia para estudiar la influencia de la Reforma sobre la economía contemporánea.

Es bueno recordar también que los valores religiosos desempeñaron, aunque fuera de manera implícita, un lugar fundamental en el origen de la Comunidad Económica Europea (CEE), hace ahora 70 años. No fue el economicismo el que inspiró a los 'padres fundadores' de Europa, tres de los cuales eran cristianos piadosos, esta vez católicos: Konrad Adenauer, Robert Schuman y Alcide de Gasperi. Y este es un elemento de gran importancia a tener en cuenta, en unos momentos en los que la incertidumbre no cesa de adueñarse del horizonte de Europa.

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