«La vida imaginada es muy superior a la que es real»

La periodista y novelista Laura Fernández./Vicens Giménez
La periodista y novelista Laura Fernández. / Vicens Giménez
Laura Fernández | Escritora

En 'Connerland', la autora rinde un homenaje a los escritores de ciencia ficción con una alocada novela en la que Vonnegut se encuentra con 'Ghost'

MÓNICA BERGÓS

Los padres de James Whale, el director de 'El doctor Frankenstein', esperaban un caballo percherón pero les nació una jirafa. Eran hombres de campo, querían a un hijo fortachón, que les ayudara a trabajar la tierra, y en cambio nació un animal exótico, enfermo y debilucho, sensible al arte, que solo leía. No entendían nada. Porque... ¿para qué sirve una jirafa? De acuerdo, es elegante con ese cuello tan largo. Es bonita. Queda bien en una foto. Pero no sirve para nada. Probablemente solo sirve para aportar belleza al mundo.

Esta parábola que aparece en la película 'Dioses y monstruos', una joya de finales de los 90 dirigida por Bill Condon sobre la vida de James Whale, encaja como un guante en el relato que la autora barcelonesa de 35 años Laura Fernández, colaboradora de 'Territorios', hace de su infancia y adolescencia en un entorno obrero de la industrial Terrassa. En su casa no había ni un solo libro, pero su vida cambió el día que una mujer muy mayor llamó al timbre vendiendo los ejemplares del Círculo de Lectores.

«A ver si a la niña le va a gustar leer», dice que dijo su padre. Y aquel primer ejemplar que llegó a sus manos, 'El diablillo que vino en la lluvia', de Angela Sommer-Bodenburg, y las decenas que vinieron después, le abrieron las puertas a un nuevo mundo. «La lectura fue un bote salvavidas. Un lugar en el que podía ser yo, en el que encajaba», explica.

«Como lectora me siento muy agradecida a los autores que me han dado tantas cosas» «Las situaciones son de 'sitcom', de espacios cerrados donde los personajes conversan»

Empezó a escribir desde muy pequeña. Ganó múltiples concursos literarios infantiles y juveniles, pero descubrió su voz literaria años después, cuando conoció a los escritores de la ciencia ficción estadounidense que eran capaces de transportar al lector a universos exóticos y disparatados. Desde Gore Vidal a Kurt Vonnegut, Philip K. Dick o John Fante. Su nueva, alocada y ambiciosa novela 'Connerland' (Random House) es un homenaje al oficio de escribir, y en especial a todos esos escritores que «hicieron mi vida mejor».

«Como lectora me siento muy agradecida a los autores que me han dado tantas cosas. Me siento mucho más comprendida y mejor conmigo misma. El mundo me parece más apasionante», relata Fernández, y añade: «Esos autores nos hacen más felices, y sin embargo, un día se van. Tendría que existir un indulto para ellos. No deberían morir nunca».

Para la autora, escribir 'Connerland' ha sido su manera de devolver de la muerte a sus ídolos literarios y en especial a aquellos que no tuvieron en vida suficiente reconocimiento y pasaron desapercibidos para el gran público. «Quienes fueron famosos siguen de alguna manera vivos, pero la pena es mucho mayor con quienes no obtuvieron el éxito que merecían».

En la novela de Laura Fernández, 'Dios le bendiga, Mr Rosewater', de Kurt Vonnegut, se reúne con 'Ghost', y el resultado de la mezcla es explosivo. Avanzar por sus 446 páginas es algo así como subirse al Dragon Khan y lanzarse a un maravilloso abismo de fantasía hiperbólica en el que todo puede pasar. Por este extravagante escenario plagado de humor absurdo circulan dinosaurios oficinistas que sueñan con ser dinosaurios detectives, mesas que hablan y médiums que se comunican con el más allá.

El protagonista de la delirante historia es Voss Van Conner, «un escritor de ciencia ficción ridículamente muerto», que ha llegado a escribir 117 novelas, pero que no ha tenido apenas lectores. Tras morir electrocutado en la bañera con un secador de pelo, tendrá la oportunidad de volver a la tierra convertido en un fantasma, y comunicarse con el resto del mundo a través de Miranda, «una atractiva azafata aérea desesperadamente soltera». En su segunda vida gozará del éxito que no tuvo en la primera, e incluso sus fans construirán un parque de atracciones basándose en sus ficciones.

En 'Connerland', la prosa gamberra de Fernández avanza a partir de diálogos ágiles y un sobresaliente ejercicio de imaginación desbordante y desbordada en el que la autora lleva al máximo extremo su particular propuesta literaria, que ya había aparecido en sus anteriores libros: 'La chica zombie', 'Bienvenidos a Welcome' y 'Wendolin Kramer'.

Las referencias a la cultura popular son parte de ese universo. No en vano, la escritora define la novela como una «sitcom galáctica». «Las situaciones son de sitcom, de espacios cerrados donde los personajes conversan», comenta Fernández, quien también reivindica que «mi educación sentimental han sido las películas de los 80 y los 90. Títulos como 'Los Gremlins' o 'Los Cazafantasmas', que para la construcción de los personajes son muy nutritivas. Explican a los personajes con dos o tres detalles casi siempre ridículos. El padre de 'Los Gremlins' era un tío perdedor, aparece con el sombrero y los tirantes, la mujer está aburrida de oírle. Con dos o tres cosas te imaginas la vida de ese tipo».

Para Fernández, el oficio de escritor tiene un componente infantil, porque «consiste en jugar, hacer soñar a partir de cosas que no existen. Es lo que hacen los niños, juegan con su imaginación. Aunque seas escritor realista, imaginas situaciones. Los niños lo hacen de manera completamente libre. Me gusta la ciencia ficción en el sentido de que nada es imposible. Cualquier cosa puede pasar. Puede aparecer un unicornio caído del cielo y convertirse en presidente de la Tierra. Ese tipo de situaciones también las crean los niños».

La autora asimismo ve en la ficción una vía de mejorar una realidad que no siempre es tan perfecta como nos gustaría. «La vida imaginada es superior a la que es real; hasta que no entendamos eso no seremos más felices», asegura, y señala que los relatos ficticios que nos construimos nos ayudan a poner orden al caos al que están condenadas nuestras vidas. «Lo contrario a la ficción no es realidad, es caos».

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