Tumba para dos

L. I.

En otoño de 324 aC, Alejandro Magno se acuartela en Ecbatana para pasar el invierno. Tras la campaña de India, necesita un descanso. Durante los juegos que celebra en la Corte, su amigo Hefestión Amíntoros enferma: náuseas, fiebre alta, hinchazón en el estómago. Muere. El monarca no lo soporta. Según Arriano de Nicomedia, cancela los festejos, se rapa la cabeza y corta las crines a los caballos del ejército. Culpa de negligencia al galeno que le atiende, lo crucifica. Reta a las divinidades. Destruye el templo del dios de la medicina Asclepio, apaga el fuego eterno de Mazda. Seis semanas después, parte con el cuerpo de su amigo a Babilonia; le dedicará un funeral y un mausoleo inigualables. Para enterrarlo como héroe, el oráculo de Amón, en Siwa (Egipto), le exige sacrificar 10.000 animales. Lo hace. Reparte la carne y entrega regalos al pueblo. Lo que haga falta.

Lujo funerario

Quiere un entierro regio. Construye una pira funeraria nunca vista hasta entonces, de oro, marfil y maderas preciosas. Le cuesta 12.000 talentos. Corta la empalizada de la ciudad para instalarla. Es piramidal, grandiosa. La describe Diodoro Sículo. «En la base había proas doradas de quinquerremes, una nave tras otra, hasta 240 en total, con esculturas de guerreros con sus estandartes». En el segundo piso, «gigantescas antorchas con águilas de alas abiertas y serpientes». El tercer nivel es de escenas de caza y el cuarto tiene «una centauromaquia de oro». Leones y toros de oro brillan en la quinta altura, sobre la que se amontonan armas macedonias, «símbolo de las victorias», y bárbaras «como reliquias de las derrotas». Y arriba del todo, «unas sirenas huecas» desde cuyo interior unas personas lanzan lamentos fúnebres en honor al muerto. «La altura de la construcción superaba los 130 codos» (59.436 metros).

No escatima gastos, asegura Nicholas J. Saunders, profesor de antropología del University College de Londres y autor de 'Alejandro Magno. El destino final de un héroe'. «Dinero, artesanos, mano de obra y tributos afluían a Babilonia desde todo el imperio para el que tal vez haya sido el funeral más costoso de la historia». El túmulo es tan descomunal como el dolor que el emperador, dicen, ahoga en vino por las noches; aunque, según Plutarco y Diodoro Sículo, era moderado con el alcohol. El 29 de mayo de 323 aC, en casa de Medio 'el Tesalio', Alejandro bebe como si no hubiera un mañana. Once días después, no lo hay.

Fotos

Vídeos