«El pasado es ficción»

El escritor guatemalteco Eduardo Halfon, durante una visita a España./EFE
El escritor guatemalteco Eduardo Halfon, durante una visita a España. / EFE

«La identidad me parece un concepto demasiado intangible», dice el autor guatemalteco

TXANI RODRÍGUEZ

Duelo' es el título de la nueva novela de Eduardo Halfon (Guatemala, 1971). Publicada por Libros del Asteroide, esta historia, que está protagonizada -como en ocasiones anteriores- por un trasunto del propio autor, gira en torno a la búsqueda y a la identidad, y tiene como punto de partida la muerte misteriosa de un niño. 'Duelo' es también un doble viaje: uno interno, en el que afloran conflictos fraternales del pasado; y otro físico, al lugar de su infancia. De hecho, el tránsito está muy presente en la obra de Halfon, criado en Estados Unidos, nieto de judíos polacos y árabes. Su proyecto literario es, sin duda, uno de los más relevantes del panorama literario actual, y se soporta tanto sobre el oficio como sobre una intuición extraordinaria para saber qué contar y cómo contarlo.

- Su novela parte de una búsqueda. El narrador desea saber cómo murió Salomón, uno de sus tíos, del que apenas sabe nada.

- Al narrador del libro le sucedió algo similar a lo que me sucedió a mí cuando empecé a escribirlo, hace dos años. Su búsqueda, cuyo punto de partida es la muerte misteriosa de un niño, resultó ser mucho más grande que la muerte de ese niño. En otras palabras, una búsqueda detectivesca no nos interesaba, ni a mí ni a él. O no nos interesaba una búsqueda únicamente detectivesca, de cómo un niño había muerto, de por qué una familia luego decidió callar esa muerte. Una búsqueda en la literatura es más que eso, o aspira a ser más que eso.

«Cuando volví a mi país, tras doce años en EE UU, hablaba muy mal en español»

«En mi obra recurro al erotismo y al humor como una especie de válvula de escape»

- Subyace, sin duda, la búsqueda de la identidad, el tema capital de su obra.

- Eso me dicen los lectores y críticos, aunque todavía no termino de entender qué quiere decir buscar una identidad. Me parece un concepto demasiado intangible, casi anodino, que poco tiene que ver con la calidez de la narrativa. Yo más bien lo veo así: hay un hombre desnudo en el espejo ante mí cuyo cuerpo está lleno de agujeros. En el vientre, en el pecho, en la cabeza, en las manos y piernas. Al escribir, yo me acerco al hombre e intento meter el dedo en esos agujeros. Quizás para ver qué tiene adentro, qué esconde, de qué está hecho. Pero mi dedo se sigue topando con la frialdad de un espejo.

- La identidad es un concepto intangible que, sin embargo, genera conflictos tangibles.

- Sí, conflictos tangibles y también nefastos. Esa es la historia del ser humano, ¿no? Unos hombres se juntan y deciden que el otro es la causa de todos sus males. Escriben leyes que discriminan al otro, poemas que lo desprecian. Construyen un muro para eliminarlo y así quedarse ellos solos y al final paran alzando una bandera que curiosamente se parece a todas las demás. Una historia tan ancestral como contemporánea.

Sueño y memoria

- De alguna manera, en su libro está presente también la evocación mágica del pasado, cuando lo soñado, lo intuido, se confunde con lo que realmente pasó.

- Es que el sueño y la realidad se mezclan en una memoria, ¿no? El pasado es ficción. Inventamos o falseamos las narrativas del pasado, de nuestras memorias. O más bien las vamos moldeando y ajustando para que nos hagan sentido, para que no nos duelan tanto, para poder seguir adelante. Cuando escribo, una memoria es siempre mi punto de arranque. Para mí, el inicio de una historia, su detonante, digamos, siempre está íntimamente relacionado a un recuerdo específico. El número tatuado en el antebrazo de mi abuelo polaco, por ejemplo. O un rezo secreto pronunciado con mi hermano en un viejo muelle de madera, antes de lanzarnos al agua. Pero esas memorias, por supuesto, no son reales. No existen. Lo único que existe es la narrativa que yo me invento de ellas. Mi abuelo no sabía ya nada de ese número en su antebrazo. Mi hermano ni siquiera recordaba aquel rezo secreto en el muelle. Al escribir una memoria, yo la devuelvo a la vida.

- Para investigar en ese pasado, el narrador viaja. ¿Qué supone el viaje en sus historias?

- El que viaja y hurga en mis libros no soy yo, sino es ese otro Eduardo Halfon, que es el protagonista de mis historias y que tanto se parece a mí. Pero él es más intrépido, fuma mucho (yo no fumo) y se sirve de los viajes para ir buscando algo. Yo no sé qué busca. Creo que él mismo no sabe qué busca. Pero sabe que no está aquí y que tiene que salir a buscarlo a otra parte.

- Por sus peripecias vitales, los personajes de 'Duelo' pasan del castellano al inglés, del inglés al hebreo, del árabe al francés... Tiene lógica que el narrador del libro, su álter ego, afirme: «Apenas tenía diez años, pero acaso entendía ya que una lengua es también una escafandra». ¿Qué significan para usted las lenguas?

- Me gusta la idea de una lengua como escafandra: necesaria para respirar y sobrevivir en un ambiente ajeno. Eso me pasó al llegar a Estados Unidos. Yo tenía apenas diez años pero entendía ya que era urgente e imperativo adoptar el inglés, pero no como lo haría un turista o un visitante, sino como un estadounidense, como si mi propia vida dependiese de hablarlo perfectamente, al igual que la vida de un buceador depende de su escafandra. Y lo mismo me pasó al volver a Guatemala doce años después, tras terminar la universidad en Estados Unidos, ya casi sin español. Lo entendía, claro, pues mis padres siempre me siguieron hablando en español, pero ya lo hablaba muy mal, con mucho acento y poquísimo vocabulario. Y una vez más se volvió urgente e imperativo, si quería sobrevivir en una Guatemala que ya me era ajena y hostil, recuperar mi español. Y eso hice, ahora a través de los libros y la escritura. La lengua como mecanismo de oxígeno y salvación.

- Hijo de judíos, nieto de polacos y árabes, nacido en Guatemala, criado en Estados Unidos, ¿se siente usted de alguna parte?

- De ninguna. O quizás de cualquiera. Me es muy fácil adaptarme al lugar donde estoy, ya sea que esté ahí visitando unos días o viviendo unos años. Aunque, en el fondo, sé que es una adaptación ilusoria, temporal, de apariencia. Ya me iré. Siempre me voy.

- En 'Duelo', y en varios de sus anteriores trabajos, cierto erotismo se entremezcla con revelaciones trascendentes, con momentos importantes alejados, en principio, de esas pulsiones. Parece que nos está diciendo que la vida se impone por encima de todo.

- Ciertamente, el erotismo en mi obra parece llegar en los momentos más solemnes y trascendentales. Lo mismo con el humor. Quizás recurro a ambos como una especie de válvula de escape, para recordarme a mí mismo y recordarle al lector que nada en la vida es tan solemne ni trascendental. Hay que reír. Hay que desnudarse y jugar.

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