Luisa Carnés, la autora olvidada por la Generación del 27

La escritora, en un retrato de madurez; a la izquierda, leyendo un libro con su hijo./Archivo
La escritora, en un retrato de madurez; a la izquierda, leyendo un libro con su hijo. / Archivo

La editorial Hoja de Lata recupera novelas y textos de la escritora, una autora hecha a sí misma que contó con madurez los difíciles años que le tocó vivir

BEGOÑA RODRÍGUEZ

Luisa Carnés no nació en una familia acomodada que la pusiera en contacto con el arte y la literatura desde temprana edad. Vino al mundo en un Madrid frío de principios de enero que desgranaba miseria y al que le quedaría mucha Guerra Civil por vivir en plena infancia de la escritora. Sí, a Luisa le tocó nacer en una familia muy pobre y desde bien pequeña tuvo que trabajar y enfrentarse a un día a día duro y lleno de dificultades.

Las calles mugrientas de la capital olían «a hambre atrasada y a ropa vieja», como bien narra Garrido-Couriel, a abusos y penurias y ese fue el ambiente que despertó en ella el fuerte ingrediente de conciencia social que más tarde vertería en sus novelas.

Ante la desolación de su entorno, Carnés encontró refugio en la literatura. Fue una autodidacta y se empeñó en proporcionarse la educación que la precaria situación económica de su familia no podía darle. Así, y en los escasos ratos libres que le dejaban sus continuos trabajos (fue sombrerera ya a los once años, camarera, telefonista, dependienta, trabajadora textil...), la autora se nutrió de influencias diversas: desde los folletines y las novelas de peseta, al reporterismo y narradores como Dostoievski, Tolstói, Gorki y clásicos de la literatura española. De aquellos trabajos y días, pasados por el filtro de los autores rusos, brotarían sus novelas-reportaje. «A los once años aprendí un oficio. Entonces, quizá, surgieron en mí las inquietudes, que aún no me han abandonado, las preguntas a las que todavía no he hallado contestación», aseguraba en una entrevista publicada en la revista 'Crónica' en marzo de 1930.

Becerra: «Su discurso era doblemente transgresor, subvertía desde la clase y desde el género»

Por eso, para David Becerra Mayor, profesor de Literatura en la Universidad de Lieja y artífice de que la editorial Hoja de Lata descubriera a Luisa Carnés (Hoja de Lata está recuperando y reeditando la obra de la madrileña) podría decirse que estamos ante un caso excepcional. Ella, a diferencia de la mayoría de la Generación del 27 -integrada por autores de clase social acomodada, que disfrutaron del acceso tanto a la universidad como a la cultura- no cuenta desde su posición privilegiada la vida de las clases bajas. «Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente a aquellas que no les preocupa la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes», escribía en 'Tea Rooms. Mujeres obreras'.

«Ella no es una cámara que se dedica a dar voz a los que no tienen voz, porque ella misma representa al sujeto subalterno que precisamente porque le han negado la posibilidad de expresarse, porque le han robado la palabra, ha decidido tomarla para contar su propia historia y la de su clase». Tal vez por eso, reflexiona Becerra, su olvido ha sido incluso mayor que el que sufrieron las otras mujeres de la (mal) llamada Generación del 27: «Su discurso era doblemente transgresor, subvertía desde la clase y desde el género». En efecto, Luisa Carnés ni siquiera fue recuperada en el proceso de sacar a la luz a las mujeres del 27. Ella no tuvo el 'privilegio' de ser una 'Sinsombrero': María Teresa León, Rosa Chacel, María Zambrano, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, Josefina de la Torre... Pero, ¿y Luisa Carnés? Pues Luisa Carnés ha sido triplemente olvidada: por comunista, por exiliada y por mujer, recuerda Becerra Mayor. 'Tea rooms' no se había vuelto a publicar desde 1934. «El canon literario español del siglo XX se construye -conviene no olvidar tampoco las relaciones entre canon e ideología- durante el franquismo, y el canon que hemos recibido ha dejado fuera toda una tradición literaria realista, social, comprometida». De hecho, y en la actualidad, apenas se conoce la obra de los novelistas sociales de los años treinta, como la misma Carnés, o Arconada o José Díaz Fernández; como también casi se ha olvidado ya a los novelistas sociales del medio siglo, como Armando López Salinas, Jesús López Pacheco o Antonio Ferres.

Volviendo a sus inicios, fue precisamente en uno de sus trabajos donde pudo también aprender algunos rudimentos de mecanografía que le permitieron acceder al puesto vacante en una empresa editorial, y contactar así con ciertas figuras relevantes del panorama literario español. Gracias a estos contactos, en 1928 entregó a la imprenta su primera narrativa, constituida por tres novelas cortas que, bajo el título colectivo de 'Peregrinos de calvario', causaron muy buena impresión entre los lectores y la crítica especializada de la época, tanto por la madurez y firmeza de estilo que mostraba el texto como por el asombro que se desprendía de la azarosa formación intelectual de la joven autora.

Fernández de Cano insiste en no olvidar que, además de tratarse de la opera prima de una escritora autodidacta, 'Peregrinos de calvario' suponía la irrupción en el mundo editorial de una autora de veintitrés años que, a pesar de su juventud, «hacía gala de una vigorosa capacidad de expresión lingüística y de unas excepcionales dotes de observación».

En 1930 ve la luz su segundo publicación narrativa, una novela ambientada en un taller textil en el que trabajó durante un tiempo y centrada en una interesante figura femenina que da nombre a la obra, 'Natacha', que fue catalogada por la crítica como «una obra madura». Le sigue la ya mencionada 'Tea-Rooms. Mujeres obreras', una novela-reportaje basada en las peripecias reales de las mujeres trabajadoras de la época.

En 1936, ya iniciada la guerra, se estrena en el Teatro Lara su obra 'Así empezó...', un drama de 'agit-prop' que, compuesto de un solo acto, se entregaba con un claro fin propagandístico en favor de la Segunda República y en contra de la sublevación militar. La crítica inmediatamente se encargó de subrayar la calidad literaria y la fuerza dramática de este trabajo pero la situación bélica y el exilio cortaron su carrera literaria.

Luisa Carnés moriría en México a los 59 años en un accidente de coche en el que sobrevivieron su marido y su hijo. Ellos han sido los que han proporcionado a Hoja de Lata el material literario de la escritora.

Y mientras se recupera, el Ayuntamiento de Madrid tiene previsto instalar una placa en el número 35 de la calle Fernández de la Hoz, en el barrio de Chamberí, en honor de Luisa Carnés, una voz que merece la pena ser escuchada.

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