Geografía de la infamia

Un recorrido por fechorías y bondad extremas a lo largo de la Historia

J. ERNESTO AYALA-DIP

Este libro no tiene nada de religioso. Pero habla de dos temas que forman parte de la nomenclatura religiosa oficial. Me refiero al bien y al mal. Por eso se titula 'Atlas del bien y el mal', de un autor anónimo que se esconde tras el seudónimo de Tsevan Rabtan. Un nombre hecho en las redes sociales, desde las cuales nos informa, entre otras cuestiones, de cómo anda la memoria histórica respecto a las fechorías humanas de todos los tiempos y todas las latitudes, aunque también de los excepcionales ejemplos de bondad humana.

Este curioso atlas de la infamia humana, que diría Borges, está dividido entre los cinco continentes terrestres: África, América, Asia, Europa y Oceanía. Para cada uno de ellos, Rabtan encuentra ejemplos demoledores en todos los enclaves del planeta y en todos los tiempos idos, sobre cómo se gestionaba el poder mediante la ambición desmedida y la crueldad más inimaginable. Lo que más destaca en este libro es la cantidad de gente anónima, la tropa, para entendernos, que muere; la cantidad de gente que muere sólo por estar donde no debía estar, las víctimas colaterales de todas las guerras de la historia. En cada continente y en cada siglo, no faltaron nunca guerras devastadoras, guerras donde murieron cientos de miles. El hombre contemporáneo tiene la equivocada idea de que los genocidios solo se cometieron en el s. XX. Las guerras del pasado, sin contar las de los tiempos homéricos, ocasionaron millones de víctimas. Los genocidios se dieron en las Guerras Púnicas, pero también en las guerras de conquista, en las de ocupación de territorios, en la de colonización, en las invasiones, etc. Difícilmente se pueda decir que en este libro haya buenos y malos. Ambos son destructivos, cuando se trata de defender sus posiciones ideológicas o territoriales. No hay buenos y malos, hay mal y bien.

En medio de tantas salvajadas, como las que cometieron los alemanes en sus posesiones en África, o los descendientes de Mahoma en nombre de una u otra interpretación del Corán, o las de los colonos ingleses y españoles y holandeses y otomanos, en medio de todo ello, Tsevan Rabtan nos proporciona alguna muestra de bondad y empatía humana. La del soldado mexicano Guy Gabaldón, por ejemplo, que en la campaña americana en el Pacífico se dedicó, en lugar de matar japoneses, a salvarlos. O la de los funcionarios y diplomáticos, que tantas vidas de judíos, entre ellos varios españoles, salvaron del exterminio nazi. Vale la pena este libro, aunque sea un espejo algo incómodo de nuestra condición no sé hasta qué punto humana.

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