Una cabaña en el futuro

Retrato de Thoreau y, debajo, su cabaña.
Retrato de Thoreau y, debajo, su cabaña.

El 12 de julio hará 200 años que nació Henry David Thoreau, precursor del ecologismo, el anticonsumismo y la desobediencia civil

MARÍA BENGOA

Al leer hoy a Thoureau, parece como si aquella cabaña que construyó para experimentar una forma de vivir, en la que permaneció dos años consumiendo solo de lo que producía con sus manos, tuviera algún anclaje -además de en el bosque que rodeaba la laguna de Walden- también en el futuro.

Con motivo de su bicentenario, la editorial Errata Naturae ha traducido 'Thoureau. Biografía de un pensador salvaje', obra de referencia publicada en 1987 en Estados Unidos, en la que Robert Richardson analiza la personalidad irreductible del autor de 'Walden'. Desde su juventud en el entorno de los filósofos trascendentalistas de Concord, hasta la gestación de cada una de sus obras. Errata Naturae está recuperando la obra de Thoureau y ofrece una edición especial de su título más emblemático, con prólogo de Michel Onfray. Reedita la recopilación de pensamientos 'Todo lo bueno es libre y salvaje' y las 'Cartas a un buscador de sí mismo'. Capital Swing ha publicado sus 'Diarios'; Ariel, 'El triunfo de los principios, cómo vivir con Thoureau' de Toni Montesinos; y Pepitas de Calabaza, 'Una casa en Walden. Sobre Thoureau y cultura contemporánea' de Antonio Casado da Rocha. Una pequeña invasión de vida libre y salvaje recuerda en las librerías a un autor que rejuvenece con cada edición.

Thoureau es sobre todo conocido por un experimento de autosuficiencia y soledad que emprendió cuando tenía 28 años, en 1845. Decidió irse a vivir a los bosques y subsistir solo con sus medios. Su amigo y maestro, el filósofo Ralph Waldo Emerson, compró una tierra de pastoreo y un pinar junto a la laguna de Walden y le cedió el terreno. Allí construyó una cabaña de 4,5 por 3 metros cuadrados. Practicaba una austeridad extrema: recolectaba, pescaba, plantó un huerto de judías, vestía casi como un indigente. Leía, caminaba, escribía. Vivió así dos años y dos meses y allí escribió el primer borrador de 'Walden o la vida en los bosques', ensayo en marcha del que redactó siete versiones, la última en 1854. Un manual libertario sobre economía, soledad, lectura, leyes... Una filosofía de la vida sencilla contada mientras avanzaba en dirección hacia sus sueños. «Ir en la dirección de los sueños, ser fiel a las promesas que nos hemos hecho en la adolescencia».

«Lee los buenos libros primero. Lo más seguro es que no alcances a leerlos todos»

Propuestas actuales

Revisitar hoy el pensamiento de Thoureau permite valorar la actualidad de sus propuestas. Contiene el germen del anticonsumismo: rechazar la vida mezquina orientada hacia valores falsos: codiciar, comprar, poseer, consumir, sustituir...; el embrión del ecologismo: percibió antes que nadie la interdependencia entre el Medio Ambiente y las formas de vida, la necesidad de proteger el planeta; la pasión por el naturalismo: «Las hojas de los árboles nos enseñan a morir» escribió atento a labrarse una vida inspirada en «la industria de la naturaleza que no genera ni enredos ni desechos».

Su conciencia de hacer frente solo a lo esencial de la vida sigue cautivando. «Los hombres se han convertido en las herramientas de sus herramientas». «La mayoría llevan vidas de callada desesperación», decía al ver trabajar a sus vecinos seis días a la semana. «Simplificad, simplificad. La simplicidad es la ley de la Naturaleza tanto para los hombres como para las flores». Con su rebeldía antisistema, sostiene que el mundo es más maravilloso que útil y, por lo tanto, está para ser disfrutado, no utilizado: «El orden social de las cosas debería invertirse en cierto modo: el séptimo día debería ser el día de labor, los otros seis su descanso dominical para el alma y los sentidos». Así se dirigió a sus compañeros y profesores en su acto de graduación en Harvard en 1837. En la época en la que se aisló en Walden y rompió con el mundo exterior para reflexionar sobre sí mismo, no era del todo comprendido. Sus contemporáneos no sabían si valorar su gesto de independencia como el de un sabio o un excéntrico.

El don del laconismo

'Cartas a un buscador de sí mismo' recoge la correspondencia reveladora que mantuvo con Harrison Blake a lo largo de trece años. Blake lanzaba a Thoreau cuestiones que obligaban a este a reflexionar antes de perfilar sus respuestas. Con su tono de predicador laico panteísta le escribe: «Si busca persuadir a alguien de que hace mal, actúe bien. Que no le importe si no le convence. Los hombres creen en lo que ven. Consigamos que vean». Tenía el don del laconismo, un estilo epigramático logrado a base de frases pulidas. «Lo mejor que sepas escribir será lo mejor que seas», señala en su diario. «Lee los buenos libros primero, lo más seguro es que no alcances a leerlos todos». Escribir, leer, pasear. Él fue un lector entregado. Su pensamiento de fuerte raigambre ética aspiraba a encontrar la respuesta no a ¿qué debo saber?, sino a ¿cómo debo vivir?

Cuando volvió a Concord, pensando que la vida feliz en los bosques no era suficiente, se erigió en defensor de los derechos civiles, en contra de la esclavitud. De su pensamiento deriva en línea recta la resistencia pasiva frente a la autoridad que inspiraron a Ghandhi y Luther King (el primero lo leyó en la cárcel, el segundo en la universidad). En 'Desobediencia civil' invita a no delegar nuestra conciencia ni siquiera en el legislador, a cultivar más el respeto por la justicia que por la ley. De la posición que el individuo debía tener ante las injusticias nació su doctrina de la resistencia pasiva. Manifestó su disidencia negándose a pagar el impuesto con el que se sufragaba un Estado que agredía a México para apropiarse de sus tierras y protegía la esclavitud. Pasó una noche en la cárcel. Alguien pagó la fianza contra de su voluntad. Murió a los 44 años de tuberculosis.

La singularidad de su propósito y resolución revisten la obra honesta de Thoureau de vigor. En 'Walden' habla de un artista comprometido con su trabajo -hacer un bastón perfecto en todos los sentidos, dispuesto a lograrlo aunque no haga otra cosa en la vida- Y con su bella prosa escribe: «El tiempo se apartó de su camino y suspiraba a distancia porque no podía con él». Algo así parece haber sucedido con su obra.

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