Ana Blandiana: «Europa no cree en sí misma y los europeos no creen en nada»

La poeta Ana Blandiana, fotografiada en Cartagena. /José María Rodríguez / AGM
La poeta Ana Blandiana, fotografiada en Cartagena. / José María Rodríguez / AGM

«Tengo esperanza en que un día despierte, se respete nuevamente a sí misma y defienda sus valores fundacionales»

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Un día observó a unos jóvenes patinando, y escribió el poema 'Sobre patines'. Si el lector se sube a sus versos recorrerá, sin edulcorantes, la realidad de nuestros días. He aquí la verdad: «Ellos pasan patinando / con sus auriculares retumbando en sus oídos, / y los ojos clavados en las pantallas. / Sin advertir que las hojas caen, / que los pájaros se van. / Ellos pasan patinando, / mientras que por encima de ellos giran las estaciones, / las vidas, / los años y los siglos, / sin entender qué es lo que pasa». El poema es de Ana Blandiana (Timisoara, 1942), un nombre seudónimo que adoptó con 17 años y toda una vida por delante, allá en 1957, en su Rumanía natal, donde conoció el comunismo de Ceaușescu y el sabor extraño que conlleva anhelar ser libre.

Hija de un sacerdote ortodoxo, preso político tras ser acusado de conspirar contra el 'sagrado' Estado dictatorial, la poeta convivió, intentando salir lo menos herida posible, con la vigilancia, la prohibición y la censura. Y encontró en la poesía su salvación y su razón de ser. Su traductora al español, la profesora Viorica Patea, su gran amiga y primera admiradora de su obra, defiende que «su escritura es una forma de resistencia ante el sinsentido del mundo que la rodea y ante aquellas fuerzas que aniquilan sistemáticamente al individuo». Autora de poemarios como 'Octubre, noviembre, diciembre' (Valencia; Pre-Textos, 2017), 'El sol del más allá & El reflujo de los sentidos (Valencia; Pre-Textos, 2016) y 'Mi patria A4' (Valencia; Pre-Textos, 2014), Ana Blandiana ha sido la invitada de lujo del II festival poético Deslinde de Cartagena, que arrancó el pasado 27 de octubre. Con motivo de su participación en este evento literario, que organiza el Ayuntamiento de esa ciudad, 'Ababol' entrevistó a la escritora y este sábado publica, junto a sus palabras, tres poemas suyos hasta ahora no traducidos al español. La traducción ha corrido a cargo, expresamente para este suplemento cultural, de Viorica Patea y de la también profesora y poeta Natalia Carbajosa.

De Ana Blandiana es el poema 'Oración', un rotundo clamor que deja atrás como un suspiro las más altas nubes. Estos son los versos que lo construyen: «Dios de las libélulas, de las mariposas nocturnas, / Dios de las alondras y de las lechuzas, / Dios de las lombrices, de los escorpiones, / de las cucarachas de la cocina, / Dios que a cada uno has enseñado algo distinto, / y que sabes de antemano todo lo que pasará a cada uno. / Me gustaría saber qué has sentido / cuando has establecido las proporciones, / de los venenos, colores y perfumes; / cuando en un pico pusiste el canto / y en otro el cacareo, / en un alma el crimen y en otra el éxtasis. / Daría cualquier cosa por saber / si tuviste remordimientos / porque a unos los hiciste víctimas y a otros verdugos. / Igual de culpable ante todos / porque a todos los has puesto ante hechos consumados. / Dios de la culpa por haber decidido a solas / la proporción entre el bien y el mal, / la balanza mantenida en equilibrio con dificultad / sobre el cuerpo ensangrentado / de tu hijo que no se parece a ti». Entre los galardones que han arropado su trayectoria, se incluyen el 'The Griffin Poetry Award' (Toronto 2017) y el 'Poeta Europeo de la Libertad' (Gdansk, Polonia, 2016). Además, ha sido condecorada con la 'Légion d'Honneur' de la República Francesa (2009) y el 'Romanian Women of Courage Award' (2014) que otorga el Departamento de Estado de EE UU.

«La pregunta no es qué podemos hacer para que se lea más, sino qué hacemos con nuestra libertad. ¿La empleamos para saber de religión, literatura, filosofía..., o la empleamos en otras cosas, desde el consumo de drogas a la adicción al juego?»

«Empecé a componer poemas antes de saber escribir», recuerda la poeta, que añade: «No he formado parte de aquellos niños a los que los adultos les preguntan qué quieren ser de mayores. Todo el mundo daba por seguro lo que yo iba a ser: poeta». Poeta que debe a la poesía la felicidad y la luz, la resistencia y el consuelo, la sonrisa y la fortaleza, el trato exquisito y la mirada dispuesta a derribar muros y prejuicios. Un alma recostada sobre una hoguera, una mujer que va escribiendo su futuro con palabras y tejiendo un mapa de versos que tienen el don de la resurrección.

Limbi diferite

Singurătatea lui ne-a născut,

Singurătatea lui a creat lumea,

Pentru a ne putea aduce pe lume

Alături de el,

Să aibă cu cine vorbi.

Știam că am fost inventati

Și existăm

Ca să-i putem răspunde,

Dar nu știam

- Și nici El atotștiitorul

Nu prevăzuse -

Că vorbim limbi diferite.

Distintas lenguas

Su soledad nos dio a luz

Su soledad ha creado el mundo

Para poder traernos al mundo

Cerca de él,

Para que Él tenga con quién hablar.

Yo sabía que nos inventó

Y existimos

Para poder contestarle,

Pero no sabía

-Y tampoco Él, que todo lo sabe,

Presintió -

Que hablaríamos distintas lenguas.

-¿Cuál es la satisfacción más grande que le proporciona ser poeta?

-No tengo satisfacción más grande que aquella de leer por primera vez lo que he escrito. El hecho de escribir es mi satisfacción mayor, y cuando leo mis propios versos por primera vez no tengo la sensación de que han salido de mi cabeza; de lo que tengo la sensación, más bien, es de que se ha producido un milagro.

-¿Puede decirse que respira a través de la poesía?

-Sí, así es, y prueba de ello es que la poesía se entromete en mi vida incluso cuando yo no quiero que lo haga. Mi sueño es escribir prosa; sin embargo, siempre que la gente habla de mis libros de prosa acaban haciéndolo de la poesía contenida en ellos.

Asemănare

La început

Mi se părea insultă

Ideea însăși a asemănării,

Apoi

Încet-încet

Mi s-a făcut urât

Și orgoliul s-a topit

Ca o ceară

În așteptarea sigiliului.

Acum

Aș vrea să seamăn cu cineva

Sau să-mi semene,

Dar și înainte,

Și după

Cifra Unu

E noapte.

Parecido

Al principio

Me parecía un insulto

La idea misma del parecido

Luego

Poco a poco

Me fui desanimando

Y el orgullo se derritió

Como la cera

A la espera del sello.

Ahora

Me gustaría parecerme a alguien

O que se asemeje a mí,

Pero antes

Y después

De la cifra Uno

Es noche.

-¿Prefiere emocionar o despertar conciencias?

-Lo prefiero todo. Lo que es extraordinario de una obra de arte es que nace a mitad de camino entre quien la crea y quien la recibe. Hay tantas visiones de Hamlet como intérpretes, lectores y espectadores de Hamlet existan. Esa necesidad de colaboración por parte del lector que tiene la poesía, sin duda, forma parte de la explicación al hecho de que haya podido sobrevivir, y escapar a la censura, en las dictaduras: esa maravillosa cooperación necesaria entre el poeta y el lector, que completa el significado de los versos que el primero le entrega, que los recrea y los mantiene vivos.

-¿Usted se siente cómoda en este mundo?

-De ninguna manera. Yo he vivido en varios mundos, en varias realidades políticas y sociales, y no me he sentido en casa en ninguno de ellos. Pero reconozco que es extraordinario poder experimentar en una sola vida tantos cambios, que no cesan ni siquiera ahora, aunque tengo que decir que estos cambios van un poco de mal en peor; no obstante, sigue siendo fascinante ser testigo de ellos.

-¿Qué le perturba más?

-Como persona que viene de los países del Este, lo más grave ha sido el descubrimiento de que es más difícil vivir en libertad que vivir en una dictadura. Soy poeta, y fue extremadamente difícil de aceptar, después de una vida luchando contra la censura, que la libertad disminuye la importancia de la poesía en la sociedad. Cuando existía censura todo el mundo la escuchaba, estaban deseosos de escucharla, de interpretarla, porque la poesía llegó a ser una de las últimas reservas de libertad de la que todo el mundo bebía como de una fuente; en condiciones de libertad, sin embargo, la indiferencia de la sociedad de consumo para con la palabra poética prácticamente la aniquila. Se aniquila la poesía y crece el individualismo atroz.

Într-o rană

Trăim într-o rană

Fără să știm

Al cui este trupul rănit,

Nici de ce.

Singura certitudine este durerea

Care ne înconjoară,

Durerea

Pe care prezența noastră

O infectează

Când încearcă s-o vindece...

En una herida

Vivimos en una herida

Sin saber

De quién es el cuerpo herido,

Ni la razón.

La única certeza es el dolor

Que nos rodea,

El dolor

Que nuestra presencia

Contagia

Cuando intenta curarlo…

-¿Poesía para quiénes?

-Entre otros, para aquellos que sienten que no pueden aguantar más la supremacía absoluta de las cosas materiales, la importancia extrema que se les da. El hecho de que exista este festival de poesía en Cartagena, y tantos otros en Europa, en torno a los cuales se juntan poetas y lectores, es un símbolo de que la gente vuelve a una espiritualidad que necesita para no desaparecer. Durante la época comunista, la poesía era muy importante porque la gente realmente respiraba a través de ella; pero, hoy en día, en los países del Este la poesía es menos importante que en Occidente, donde ocurre este fenómeno de regreso a la espiritualidad. En los países del Este, tras pasar por un largo periodo de mucha penuria y pobreza, la gente se ha olvidado de que antes vivía de la poesía. Ese proceso de regreso a la espiritualidad no se ha iniciado todavía en estos países.

-¿Cómo ve Europa y qué espera de ella en el futuro?

-Es mejor que no le cuente cómo veo yo Europa si queremos mantenernos alegres [risas]. Puedo hablarle de esperanza, de esperanza en que un día Europa despierte, se respete nuevamente a sí misma y defienda sus valores fundacionales. Europa está en proceso de ser vencida, y no porque no tenga recursos, sino porque no tiene fe, y no me refiero solo a una fe religiosa -si bien la fe religiosa es también un componente importante-. Europa no tiene fe y no respeta sus raíces. Hoy en día, Europa no cree en sí misma y los europeos no creen en nada. Por eso, los europeos pueden ser vencidos por cualquiera que crea en algo.

-Creen en el dinero.

-En la economía y en el dinero creen todos, pero ni siquiera en eso Europa está en primer lugar; por ejemplo, los chinos creen con mucho más ardor en la economía. Recuerdo una ocasión en la que estando en Padua, con mi marido [el escritor e historiador Romulus Rusan, su inseparable compañero desde 1960 y hasta el día en que murió], un monje rumano nos invitó a cenar con su comunidad. Había como veinte monjes, todos jóvenes, y ninguno era italiano. Todos eran de los países del Este. '¿Cómo es que no hay ningún italiano?', preguntamos. Nos dijeron que los italianos ya no quieren ser monjes. Sin duda, la fe resiste mejor cuando hay persecuciones en su contra que en una sociedad de consumo.

Divisiones

-¿Qué enseñanza le gustaría compartir?

-Después de la revolución de 1989, reconozco que yo, durante diez años, he perdido el tiempo pensando que podía transformar el mundo e intentando cambiarlo. Y no, el mundo no se puede transformar. He aprendido que la gente no se divide en buenos y malos; no, no todo es bueno o malo en cada persona. Lo más acertado es elegir aquella parte buena de cada uno e intentar colaborar con ella, potenciarla al máximo.

Icoană verde

Ca o icoană verde

Decupată din pajiște

De rama ferestrei,

Iarba îmi crește deasupra biroului

Printre creioanele

Pe care încearcă să le convingă

Să înmugurească,

Printre tastele ordinatorului

Mândre să-i fie ogor.

Firele ei fac umbre-stafii

Peste pagini,

Bălării,

Înlănțuite ca niște litere

Ale unui text rău prevestitor,

Ca niște imagini

Ale unor viitoare paragini

De care mi-e dor.

Icono verde

Como un icono verde

Recortado del prado

Por el marco de la ventana,

La hierba crece sobre mi mesa

Por entre los lápices

A los que intenta convencer

De que broten

Por entre el teclado del ordenador

Orgullosos de ser su arado.

Sobre las páginas,

Sus briznas forman sombras fantasma,

Malas hierbas,

Encadenadas como las letras

De un texto de mal augurio

Como unas imágenes

De futuros abismos

Que yo anhelo.

-¿Ha vencido usted muchos miedos?

-Durante el periodo comunista tuve muchos problemas, y lo normal hubiera sido tener también miedo; pero descubrí algo: que todos tenían miedo y que yo podía defenderme manipulando ese miedo de los demás. Le pongo un ejemplo: el mes de enero en mi país era un mes de locura, porque se celebraba tanto el cumpleaños de CeauÈ&tradeescu como el de su mujer. Los periodistas tenían que recoger declaraciones de personas célebres acerca de ellos dos. Yo descubrí que fue suficiente con decir una sola vez 'no' para que ya me dejasen en paz. La gente estaba tan aterrorizada que tenía miedo de transmitirle a sus superiores que alguien les había dicho 'no'. También tengo que decirle que yo no viví la época estalinista, desde 1947 hasta 1964, y que es una falsa idea pensar que de las dictaduras comunistas, la de CeauÈ&tradeescu fue la más dura. Yo formo parte de una generación más aventajada.

-¿Qué le sigue resultando inaceptable?

-Las nuevas formas de censura. Eso que se llama 'corrección política' [tan vinculada con el recalcitrante puritanismo estadounidense] es una forma de censura imposible de aceptar para alguien como yo que ha pasado una gran parte de su vida soportando la censura. Leyendo acerca de los comienzos de esta 'corrección política' en estados Unidos, descubrí que tres profesores universitarios hicieron un listado de palabras que no se debían utilizar: las palabras prohibidas. Ni siquiera a Stalin se le ocurrió hacer un listado así. Me parece increíble que, en condiciones de libertad, una sociedad en la que en algunos aspectos hay una libertad que incluso podría considerarse excesiva, se haya inventado y tolerado esta censura, este nuevo modo de terror; no vas a la cárcel, pero te marginan, te señalan.

No ser apocalípticos

-¿Es optimista con el futuro de la lectura?

-Bueno, creo que no tenemos que ser apocalípticos. La gente siempre ha leído y no importa tanto el soporte: papiros, tablillas, papel, soportes tecnológicos...; pero es cierto que los que realmente han leído siempre han sido una ínfima parte de la población. Fíjese, insisto en que la situación es hoy más dramática en los países del Este porque hubo un tiempo en el que, en ellos, leer lo era todo; y de ahí se ha pasado a que la lectura sea algo irrelevante. Una vez, mi marido y yo llamamos a un albañil para que nos hiciese una obra en casa. A la hora de pagarle, nos dijo que no quería dinero, que quería que le entregásemos dos ejemplares de cada uno de nuestros libros. '¿Por qué dos ejemplares?', le pregunte. «Porque tengo dos hijos», me respondió. Quería que tuviesen cada uno su biblioteca, le daba una enorme importancia a que sus hijos leyesen. Sí, durante el comunismo todo el mundo leía mucho, sobre todo poesía porque a través de su lenguaje metafórico, indirecto, se podían tratar temas que estaban censurados. A través de la poesía te acercabas también a la religión, a la filosofía... Hoy en día, la pregunta no es qué podemos hacer para que se lea más, sino qué hacemos con nuestra libertad. ¿La empleamos para saber de religión, literatura, filosofía..., o la empleamos en otras cosas, desde el consumo de drogas a la adicción al juego?

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